domingo, 5 de junio de 2011

Lo que buscamos

Ayer conocí a un chico majísimo: agradable, atento, guapo, con inquietudes… pero ¿realmente es mi tipo? ¿Cómo sé que somos compatibles?, es más, ¿en qué me fijo para considerar que me atrae? Sí, las mujeres somos un mundo y puede que sea complicado entendernos, bueno, según ellos es imposible pero a nosotras tampoco nos lo ponen nada fácil. Lo que sí está claro es que nuestros gustos van cambiando con el tiempo y también lo que buscamos en un hombre.

En la pubertad nos fijamos única y exclusivamente en el físico. Si tiene el pelo largo o corto, como le queda mejor, el color y forma de sus ojos, la altura y su estructura corporal, si tiene buen culo y con qué vaqueros le queda mejor, si tiene el pie grande y las zapatillas que lleva… Observamos hasta el más mínimo detalle, de hecho, les hacemos una radiografía tan completa que podríamos ser capaces de decir los lunares que tiene en su brazo derecho, vamos, que ni su madre lo adivinaría ni con la ayuda del 50 por ciento del “Quieres ser Millonario”.

Con los 18, se vive un periodo de tres o cuatro años de “Living la vida loca”. No es que todo valga pero, dentro de unos límites marcados por las preferencias de cada una, queremos investigar. El alemán que ha venido de Erasmus a tu facultad te está volviendo loca, el amigo de tu amigo, ese que es alto y moreno, te parece una ricura o no puedes evitar fijarte en el hijo del vecino de enfrente cada vez que bajáis en el ascensor. A esta edad comienzan los primeros amores que siempre se consideran “el amor de mi vida”. Seguimos fijándonos en el físico pero empezamos a tener en cuenta ciertos rasgos de su personalidad, principalmente que sea divertido, que te haga reír o que tenga muchos amigos y sea extrovertido.

Es con los 25 años cuando ya buscamos otras cosas. La personalidad pasa a un primer plano y queremos un hombre que sepa escuchar, que sea cariñoso y atento, que se preocupe por ti y te llame a menudo, aunque sólo sea para decirte buenos días, o esa llamada de buenas noches que te hace ir a la cama con una sonrisa de oreja a oreja. A ver, el físico nos sigue gustando y nos llama la atención el modelo de Calvin Klein o el nuevo fichaje de un equipo de futbol, porque, seamos sinceras, los tíos macizorros nos motivan… y mucho. Ves esos bíceps duros, esos muslos prietos, ese vientre plano con abdominales marcados… y te imaginas lo que harías con un hombre así en una situación muy intima. Sin embargo, también somos realistas y en el día a día, y a los que sí podemos acceder, nos llama la atención otro tipo de rasgos físicos como puede ser la cara o los brazos, pero, principalmente queremos sentirnos a gusto con la otra persona, coincidir en gustos y aficiones… vamos, notar que hay química.

Rondando o pasando la treintena un cuerpo bonito ya no es suficiente. Necesitamos más, necesitamos que piense por sí mismo, que sea independiente, que tenga inquietudes... en definitiva, queremos un HOMBRE, en mayúsculas. Esto no quiere decir que los guapos y atractivos no tengan esas cualidades, pero son difíciles de encontrar, bueno, yo diría que casi imposible. ¿Y cómo hacemos para saber todas estas cosas sobre ellos? La respuesta es sencilla, observándoles.

La primera vez que conoces a un chico, le haces una primera radiografía visual, sobre todo, para determinar si sois del mismo estilo. Si eres de las que te gusta llevar rastas, probablemente no te llame la atención un hombre con pantalones de pinzas, y si eres de las que no se baja de los zapatos de tacón de aguja ni para ir al gimnasio, será muy difícil que te gusten los que llevan cadenas o un collar de pinchos en el cuello. Que todo puede ser ¿eh? Pero solemos fijarnos en personas con nuestro mismo tipo de vida.

Poco a poco vais tratando distintos temas, primero más banales y luego algo más personales pero sin entrar en asuntos complicados. Es en este momento cuando te fijas en qué dice y cómo lo dice para evaluarle más íntimamente y considerar si te convence o no. Te interesa saber a qué se dedica y lo qué hace cuando tiene tiempo libre. Lo que intentas sopesar es su responsabilidad y el tipo de vida que lleva.

Si te dice que entre semana está saturado de trabajo, que va todos los días al gimnasio para desestresarse, que el viernes tiene natación, los sábados hace senderismo y los domingos sale de ruta motera con un grupo de amigos, está claro que no va a tener tiempo para dedicarte. Sí, al principio quedareis e intentará hacer todo lo posible por compaginarlo con sus actividades pero no tardará en recuperar su rutina y te verás más sola que la una. En el caso de que te diga que siempre está de fiesta, que le gusta desfasar y junta el día con la noche y la noche con el día siguiente, ya sabes que él aún quiere disfrutar de su vida loca. Pero tampoco te convence aquel que los fines de semana sólo ve películas descatalogadas, juega durante cinco horas seguidas a la Wii o se queda pegado al ordenador.

Alguien me podrá decir que eso es ser demasiado exigente, pero no, lo que quiero es un hombre que: 1- Demuestre que le intereso. 2- Si queda conmigo no piense en lo que ha dejado de hacer por quedar conmigo. Yo no le estoy obligando y mi tiempo es igual de valioso que el suyo, yo también he dejado de hacer cosas por estar con él pero me interesaba verle. 3- Siga haciendo sus actividades de forma independiente, igual que haré yo, pero que me dedique tiempo de forma totalmente voluntaria y no porque haya que insistirle. 4- Entienda que me gusta quedarme en casa de relax viendo una película en el sofá a su lado, pero no todos los días porque también me gusta salir a cenar fuera, dar un paseo por el Retiro, ir al cine, al teatro o ir a bailar. Y 5- Ante todo, que no se agobie, que es posible compaginar una relación de pareja con su trabajo, familia y amigos. Que se dé cuenta de que no soy una extraterrestre que pretenda abducirle durante las 24 horas al día.

Después de un rato de estar con él, te planteas cuestiones más serias. ¿Gustará a mis padres? ¿Y a mis amigos? Necesitas estar convencida de que será bien acepado en tu entorno porque si no es así resultará incómodo y creará conflictos innecesarios. ¿Vive solo? ¿Le gusta cocinar? ¿Sabe planchar? Quieres saber si una posible convivencia será llevadera o si acabareis como el rosario a la aurora. ¿Es organizado o tira la ropa por el suelo? No quieres ir detrás de él como, muy seguramente, hacía su madre cuando vivía con su familia. ¿Es educado, caballeroso y respetuoso o ligón, pícaro y zalamero? Intentas sopesar si los elogios y piropos que te dice son sinceros o si detrás hay un objetivo oculto. ¿Es familiar o despegado? No es plan de estarle recordando siempre que llame a su madre o que sean las cinco de la mañana, tú en casa con los niños con fiebre y él aún sin llegar de fiesta.

Estas y otras tastas cuestiones surgen de forma espontánea en nuestras cabezas e incluso ni siquiera nosotras mismas nos damos cuenta de que pensamos en ello. Y no lo hacemos de forma prepotente porque realmente lo que buscamos es a ese hombre que se preocupe por nosotras, nos quiera, nos respete y, sobre todo, que nos cuide. ¿Tan difícil es encontrarlo? De momento parece que sí.

martes, 24 de mayo de 2011

Los Ojos de Shabila (y Parte III)

Había trascurrido un mes. Las primeras noches supusieron para Shabila no sólo un reto, sino un suplicio. Puso en práctica el consejo de la esclava y funcionaba. Desde que dejó de llorar ante las intensas agresiones, Khaldûn no solicitaba su presencia, de hecho, ahora la odiaba. Su actitud sumisa y complaciente hizo mella en él, tanto que era incapaz de yacer con cualquier mujer. En la residencia del emir ya se hacían chistes y comentarios que llegaron a sus oídos, algo que, para él, era más humillante que le hiriesen en combate.

Khaldûn recordó las palabras de aquel viejo que llegó por sorpresa no hacía mucho. Hoy había visto la señal: si al despertar encontraba un cuervo a los pies de su cama con el pico manchado de sangre, debería
llevar a la joven al desierto atada de pies y manos a lomos de su mejor caballo. También llevaría un cofre de madera cargado de monedas de oro. Así recuperaría su virilidad. Lo que él no sabía es que ese viejo era un yinn disfrazado que ayudaba a Malîk en el rescate de la joven.

El desierto estaba muy tranquilo, demasiado pensó Khaldûn, pero así era el desierto. Bajó del caballo y se sentó a esperar. De repente, escuchó un ruido tras de sí, se giró pero ya era tarde para detener el golpe. Aturdido, sacó su daga y buscó a su adversario. Mâlik era más ágil y diestro con la espada pero su oponente poseía más sabiduría y, en dos movimientos, no sólo consiguió desarmarle sino que le hirió en un brazo. El soldado busco un pequeño puñal que escondía entre sus ropas y siguió luchando. Por sorpresa, recibió un codazo que le hizo perder su arma. En el instante que Khaldûn iba a matarle, se inició una fuerte tormenta de arena que se acercaba a ellos vertiginosamente.

El torbellino cubrió por completo al hijo del emir y miles de serpientes, arrastradas por el vendaval, rodearon su cuerpo. Sus gritos eran perfectamente audibles. En pocos segundos, el desierto recuperó su calma. Mâlik corrió hacia
los caballos, desató a Shabila y la sostuvo entre sus brazos. Ella no pudo contener la emoción y se deshizo en lágrimas. De pronto, escucharon un fuerte estruendo. El suelo temblaba y cerca del cuerpo agonizante de Khaldûn las arenas comenzaron a abrirse y de ellas emergió un gigantesco yinn con cabeza de reptil y cola de escorpión. Desde las profundidades de la tierra una voz grave les dijo: “El mal vuelve al mal. Llévate los caballos y el cofre, son tuyos. Disfruta de lo que te ha regalado la vida y lucha siempre por lo que más quieres”. Desde entonces, no se volvió a saber nada de Shabila y Mâlik a quienes llamaron “Los amantes del
desierto”.

Así, la abuela Amira ponía el punto y final a una gran historia llena de pasión, odio, dolor y esperanza. Los ojos de los oyentes se llenaron de un inmenso brillo, fiel reflejo de las aguas del baño. ¡Qué sabia es mi querida abuela Ami!

FIN

martes, 3 de mayo de 2011

Los Ojos de Shabila (Parte II)

Amira tenía a todo el público entregado, no hablaban ni se movían sólo atendían a sus
palabras. Todas nos sentíamos parte de la historia y queríamos saber más. Además, el
ambiente también ayudaba a imaginarnos otros mundos: los aromas de jazmín y rosas,
esencias de los aceites de masajes, nos trasportaban a amplios y bellos jardines en los que esconderse con algún apuesto muchacho. La abuela prosiguió su relato:

Sí, la mirada de Shabila, dulce y pícara, se apoderó de su alma y cada noche soñaba con ella. Shabila era bailarina de la danza del vientre. Era de origen humilde y su increíble belleza provenía de la mezcla de culturas. De su madre, nacida en tierras musulmanas, había heredado un cabello liso y negro como una noche sin luna ni estrellas. Su progenitor, llegado de Occidente, le brindó el mayor de sus regalos, unos ojos azules que eran la envidia de muchas mujeres. Por la mañana, ayudaba a su familia en el zoco. Por la noche, ataviada con hermosas telas de lentejuelas, mostraba su sensualidad sobre el escenario. Los serpenteantes movimientos de sus caderas, junto a las vibraciones y los fugaces golpes de pecho, embrujaban a todos los asistentes. Su danza era como un hechizo: siempre bailaba con un pañuelo de seda en el rostro, sólo dejaba al descubierto sus almendrados ojos de mar.

Cuando el joven soldado observaba sus marcadas curvas una oleada de calor recorría todo su cuerpo. El corazón le latía fuertemente y la respiración se entrecortaba. Sentía impulsos que nunca antes había tenido, era algo… incomprensible. Pasaron semanas antes de que conversase con la mujer de sus sueños. Una mañana Mâlik se dirigió al zoco. Estaba muy concurrido, se oía el griterío de los vendedores unido al regateo de los posibles clientes. Se acercó a un puesto de artesanía y, para su sorpresa, allí estaba Shabila vestida como una ciudadana cualquiera y con el rostro descubierto. Sus miradas se cruzaron y se reconocieron.

Ella sabía quién era, no era un admirador cualquiera… no, él era especial. Ya la primera noche se fijó en su cuidada barba, que le daba un aspecto maduro y sereno, el de alguien seguro de sí mismo. Había algo en él que le hacía distinto a los demás. Agachó la cabeza sumisa y le atendió lo mejor que pudo. El rubor de sus mejillas la delataba y Mâlik supo que no era el momento para confesiones. Poco a poco, entre ellos iba brotando la llama del amor, incluso él la acompañaba a hacer algunos recados y los padres, al ver que era un buen muchacho, dieron el visto bueno a una posible relación. Una tarde, cuando ya se ponía el sol en el horizonte, Mâlik la besó. Primero tímidamente, después, ambos se dejaron llevar por la pasión que recorría como un rayo cada parte de sus cuerpos. Sin embargo, el destino puso a
prueba su amor.

Khaldûn, el hijo del emir de aquella comarca, recién llegado de lejanas tierras, había oído hablar de Shabila y quiso ver su espectáculo. Al verla, la lujuria subió a sus ojos y quiso poseerla. Como el dueño del local no le vendía a la bailarina, mando a sus guardias que se la llevasen por la fuerza. Mâlik, que había presenciado todo, fue tras ellos. A uno le dio muerte, a otro le hirió en un costado pero no pudo evitar que se llevasen a Shabila. Huyó al desierto, único lugar donde encontraría paz para pensar. Descendió del caballo, anduvo unos metros triste y cabizbajo hasta que cayó de rodillas sobre la arena y lloró amargamente. Su dolor era
tan profundo y sincero que sus lamentos despertaron la compasión de los genios del desierto, los yinn, que al conocer los detalles de la historia elaboraron un plan para ayudarle.

Ya en el palacio, Khaldûn pidió que trajesen a Shabila a su alcoba. La joven temblaba de miedo, su agresividad era bien conocida. Intentó bailar, quería complacerle y salir de allí pero sus brazos ahora no eran delicados ni sus movimientos tan armoniosos. El temible hombre se abalanzó sobre ella y, sujetándola fuertemente del pelo hacia atrás, le arrancó el pañuelo que aún tapaba su cara, quería ver el terror en sus ojos. Durante dos intensas horas Shabila creía haber caído en el infierno. Un torrente de lágrimas surcaba sus mejillas por el intenso dolor de su alma y su cuerpo. Una esclava curaba sus heridas en el hammam del palacio. No era la primera vez que le encomendaban esa tarea, su señor era cruel con todas las mujeres y con ella fue especialmente sádico. Por ese motivo, le susurró al oído: “querida niña, la violencia de Khaldûn es grande y no tiene fin. Disfruta con tu dolor y su placer es mayor si le temes. Volverá a llamarte y repetirá lo que hoy has vivido. Cuando ocurra, no llores, no grites ni muestres miedo en tus ojos. Es la única manera para que no suceda esto.”

Era increíble que un cuento provocase sensaciones tan intensas: ojos humedecidos, labios apretados de ira, suspiros o sollozos. Algunas mujeres padecían ese tormento de las manos de sus maridos y las inocentes niñas no entendían el motivo de esta violencia. Ami permaneció en silencio unos instantes y continuó con la última parte de la historia...

sábado, 9 de abril de 2011

Los Ojos de Shabila (Parte I)

Ya oigo a la abuela trasteando en el salón. Seguro que cuando salga aún sin vestir me
reprenderá, como hace siempre, insistiendo en que hay que ser puntual. Todos los días mi padre se va al taller antes de despuntar el día y mi madre tiene que cuidar de mis dos hermanos. Por eso yo me encargo de acompañar a Ami y ayudarla en lo que necesite. Realmente se llama Amira pero desde pequeña la he llamado Ami y a ella le gusta.
Ya estamos listas para irnos. No hay que andar demasiado pero Ami quiere ser de las
primeras en entrar. Le encanta disfrutar del silencio y la tranquilidad cuando el hammam aún está vacío. Dejar que todos los sentidos se empapen en la magia del agua, percibir los diferentes aromas y notar como la humedad se adueña poco a poco de nuestra piel.

De todas las estancias del hamman la abuela tiene preferencia por dos de ellas. Una es la entrada. Una fuente da la bienvenida al visitante, verdes, dorados y rosas son los colores predominantes que se mezclaban entre los elaborados dibujos geométricos. El agua cristalina es el hogar de unos cuantos nenúfares y vistosos peces de colores.
Pero Amira adora estar en las estancias centrales de los baños. La zona templada es el sitio idóneo para que las mujeres compartan alegrías, penas y, como no, chismes de vecindario. Muchas madres van para buscar la esposa perfecta a sus hijos, no es de extrañar que las jóvenes se esmeren en parecer idóneas a los ojos de las más adultas. A mí también me gusta aquella estancia, mi abuela hace que sea especial. Nos cuenta anécdotas, momentos de su pasado o pequeñas fábulas que consiguen llamar la atención de todas las asistentes. Incluso las masajistas paran sus manos y se quedan ensimismadas con la dulce voz de Ami. La llaman cariñosamente Amira Afsâna, la Narradora. Con voz clara y serena empezó una bella historia.

Mâlik era un apuesto soldado que trabajaba como guardia personal para un importante visir de la provincia. Su carácter, afable y discreto, le habían granjeado la amistad de su protector siendo no sólo su confidente, sino su mano derecha.
Desde pequeño no podía ocultar su pasión por las armas. Con ocho años empezó como
ayudante en una herrería. Se quedaba embelesado viendo como el metal adquiría su forma en el ardiente yunque. Rashîd, un antiguo combatiente, era el dueño de la escuela de guerra con mayor reputación de toda la ciudad. Muchos jóvenes deseaban entrar en ella pero muy pocos lo conseguían, pues él mismo seleccionaba a los alumnos. A su juicio, un hombre de guerra, además de fortaleza, necesita valor y cuando conoció a Mâlik descubrió en sus ojos lo que buscaba. Rashîd le acogió como a un ahijado y a los doce años comenzó su formación como soldado.

La inocencia del niño fue dejando paso a la impulsividad del joven y su cuerpo fue
adquiriendo forma de adulto. Su espalda se hizo más ancha, sus músculos se fortalecieron y su torso, liso y duro, era el más deseado entre las jovencitas del barrio. Su piel tostada brillaba intensamente delante de la fragua y, al final del día, buscaba el cobijo de los baños de la escuela. Una ducha fría y veinte minutos de vapor eran suficientes para relajarse. Mâlik fue uno de los mejores y, al término de su adiestramiento, pasó por distintos trabajos hasta formar parte del equipo de su actual señor.

Es cierto que la suerte le sonreía pero en el amor… fue más desdichado. Sólo se enamoró una vez, la hija de un rico mercader fue su perdición aunque se dio cuenta demasiado tarde. Era una joven preciosa pero caprichosa y derrochadora. Sentía debilidad por las piedras preciosas, los perfumes y las alfombras persas y coleccionaba todo tipo de cristalería que mostraba orgullosa a los invitados de su padre. Mâlik no podía permitirse tantos lujos, sus bolsillos siempre tenían fondo. Por eso ella le rechazó y se casó con un tratante de caballos que la colmaba de regalos. Fue un duro golpe para Mâlik. Un soldado preparado para la guerra y una mujer le había clavado el puñal en lo más hondo de su ser. Y es que, las heridas del corazón siempre son más dolorosas que las de la piel, dañan el tesoro más apreciado de un hombre, su orgullo. Desde entonces, se prometió así mismo no fiarse de mujer alguna, centrándose en su carrera profesional. Sin embargo, el amor le buscaba como el árbol busca el agua para vivir. En aquella ciudad a la que se trasladó con su señor, en el sitio más inesperado… se enamoró de unos ojos.

miércoles, 23 de marzo de 2011

REAPARICIONES ESPONTÁNEAS

Ya es definitivo, lo dejo. Sí, tiro la toalla… porque ya no puedo más. Es que es superior a mis fuerzas y por más que intente comprenderlo, no puedo. Además, lo único que consigo es pensar en ello todo el tiempo, agobiarme y crearme quebraderos de cabeza innecesarios. ¿Alguien puede explicarme las apariciones espontáneas? A ver, si te has esfumado de mi vida sin decir ni siquiera adiós ni explicarme el por qué de tu huida… ¡para qué vuelves!

Yo llamo Hombres Houddini a aquellos que primero te han conquistado con su galantería y su buen trato, hombres con los que te sientes tan a gusto que no quisieras que el tiempo se pasase y con los que parece que les conoces de toda la vida. Sin embargo, tienen la habilidad de desaparecer cuando menos te lo esperas y sin darte ningún motivo. Esto te genera una gran confusión, además de desilusionarte y hacerte sentir la mujer más tonta por haberte creído toda su palabrería. Pero un día, sin más, ¡vuelven a aparecer!

Podemos distinguir dos tipos de reapariciones: el estilo Guadiana y el estilo Espontáneo. El Estilo Guadiana, igual que el río, es intermitente, unas veces se ve y otras no se ve. Un ejemplo claro es el del hombre que de buenas a primeras deja de dar señales durante tres meses y vuelve a interesarse por ti, un interés que dura unas dos o tres semanas, o incluso un mes, para después volver a esconderse y quedarse oculto otros meses más. Los periodos de interés y no interés se van intercalando sucesivamente y su duración no es fija. Hace unos días, me llama un chico del que no sabía nada desde hace ocho meses. No es la primera vez que lo hace, en una ocasión dejó de hablarme durante dos meses y a la siguiente aumentó a cinco para luego pasar a uno. Me dice que a ver si quedamos, que quiere invitarme a cenar, que se acuerda de la vez que fuimos al cine… Le dejo que hable y que se explaye pero ¿piensa que le va a funcionar? Sí, él lo cree, pero si ve que no funciona o quedamos una vez, ya ha tenido suficiente y se marcha igual que ha venido. Yo me pregunto… ¿Cuánto durará esta vez?

El Estilo Espontáneo es la reaparición en toda regla ya que resulta más sorprendente y, sobre todo, inesperada. Puede pasar mucho tiempo sin que sepas nada del muchacho y que de repente se acuerde de tu existencia. Es un hombre más bien seguro de sí mismo porque se piensa que vas a estar dispuesta a la propuesta que te haga. A diferencia del intermitente, no hay periodos, incluso puede que sólo aparezca una vez desapareciendo después de forma definitiva. Lo que tienen en común ambos estilos es que te tratan como si no hubiese pasado nada, el tiempo que ha trascurrido no ha pasado y hablan de cosas pasadas como si fuesen de ayer.

Otro posible caso: Hombre Huddini que se fue sin dejar rastro hace un año. Lunes, ocho de la tarde y recién salida de la ducha, ves que el móvil parpadea porque tienes una llamada pérdida de un número desconocido. “¿Quien será? Ya llamará”. Pasado un rato vuelve a sonar el teléfono y es el mismo número. Miras la pantalla del móvil con cara de extrañeza pensando que quien te va a llamar a estas horas y si lo coges o no, pero finalmente aceptas la llamada. Desde la otra línea una voz masculina familiar que dice: “¡Hola! Soy Ernesto, ¿Me recuerdas?”. Aunque pareces dudar realmente piensas: ¿Qué si te recuerdo? ¡Pues claro! Me invitaste a cenar, al teatro y pasé unas veladas muy intensas en tu casa pero el señorito tuvo miedo y te marchaste a la primera de cambio. Sin embargo, te haces la interesante… “ummm, pues… la verdad… no caigo”. Él se encarga de ponerte en antecedentes y comenzáis una conversación muy banal. Lo gracioso de todo es que se interesa por tu vida y por lo que has hecho en todo este tiempo hasta que vuelve al ataque: “oye, había pensado que si te apetece tomar un café y así nos vemos un rato…” Te sospechabas que algo quería y ahí lo tienes. Puedes decirle que sí al instante pero realmente eso es lo que quiere, así que mejor… “Sí, estaría bien pero esta semana imposible”. Probablemente intentará convencerte para quedar el fin de semana a lo que, por supuesto, dirás que tampoco puedes, que tienes un compromiso. De hecho, tienes el cumpleaños de una amiga. Sí, el cumpleaños de esa amiga que siempre dices que tienes cuando quieres poner una excusa para no ir a algún sitio, vamos, que la pobre tendría ya 60 años de tantos cumpleaños seguidos. ¡Vaya!, casi está en la edad de jubilarse, bueno aunque, tal y como están las cosas a lo mejor le toca esperar. Finalmente acordáis que te llame el domingo para confirmar. Y te llama, por lo tanto, tiene interés pero ¿hasta cuando le va a durar? Lo malo de quedar con los chicos del Estilo Guadiana es que ya estás con la mosca detrás de la oreja y no te fías, aunque, como buen hombre encantador, a las dos horas de estar con él, tus barreras han ido cayendo y vuelves a sentirte en una nube. Sin embargo, lo más probable es que vuelva a irse tan rápido y tan inesperadamente como había vuelto para no aparecer más o para hacerlo en un tiempo más largo, ¿dos años quizás? Y en dos años.. ¡la de cosas que pueden pasar!

Sean como sean, las reapariciones espontáneas siempre nos trastocan, nos descolocan tanto que no sabemos qué pensar. No quieres volver a hacerte ilusiones, ya comprobaste que no te conviene, pero entonces ¿para qué llama?, ¿quiere volver a utilizarme?, ¿realmente le interesa verme? A estas preguntas sólo podrás dar respuesta cuando pase lo que tenga que pasar porque las cosas suceden por algo y quién sabe, puede que el destino sí exista. ¿Le damos una oportunidad?

lunes, 21 de febrero de 2011

Ahí estabas tú.

Ayer soñé que podría ser un gran día. Soñé que el mundo gira y yo voy con él, sin pensar, sin miedos, sólo disfrutar del momento. En mi sueño la lluvia mojaba las calles y escondida tras mi paraguas iba en busca de la felicidad. En mi camino me encontraba con miles de transeúntes, unos tristes, otros huraños y todos ellos con las cabezas hacia abajo. ¿Qué pasa en el suelo? ¿Acaso han perdido algo? Sólo unos pocos miraban al frente, hacia los lados y hacia el cielo nublado. Sus cabezas bien altas, con paso firme y una sonrisa en sus labios. Parece que el paseo les da vida, ¡qué más da que llueva! Y ahí estabas tú, tan alegre y tan locuaz que era difícil que no llamases la atención.

No sé como ocurrió y desconozco las horas que pasaron pero de repente vi que estábamos tras una mesa sentados, conversando como si nos conociéramos desde hace muchos años. ¿Así es el tiempo en la mente? No sabía que en la fantasía todo fuese tan rápido. Nosotros los humanos vamos siempre corriendo pero para todo necesitamos tiempo: tiempo para el trabajo, tiempo para nosotros, tiempo para la familia, tiempo para aprender, tiempo para amar. Vivimos obsesionados con nuestros relojes biológicos, sentimos que según pasan los años se nos marchita el cuerpo y la vida se nos va de las manos.

Pero ahí estabas tú contándome tu día a día, las cosas buenas que te han ocurrido y algunos obstáculos que tuviste que saltar. Y aquí estás, como si nada, no sólo con alegría sino con optimismo y ganas de sentir que cada momento es único. Buscas lo dulce en aquello en lo que te fijas como si fuese un bizcocho de chocolate fundiéndose con una bola de helado de vainilla. Te deleitas en lo suave de aquello que te gusta como si te arropases con sábanas de seda.

Otro salto. Vamos paseando con la noche fría de fondo, a veces agarrada a tu brazo, a veces cogidos de la cadera. No lo entiendo, ¿cuándo nos hemos enamorado? No puede ser, si no me acuerdo de nada, ni siquiera ¡que nos hubiéramos besado! Espera, no, parece que hay algo distinto, es justo en el momento que te sientes atraído por otra persona. Puede ser por su carácter o tal vez por su físico, pero hay algo que te llena y que te motiva a querer conocerla. La mirada es mi punto fuerte, el tuyo la ocurrencia. Puede que yo parezca inocente y tu un aventurero con espíritu de zorro justiciero y alma de trovador elocuente.

Veo que detenemos nuestros pasos, nos miramos y nos fundimos en un abrazo. Nos separamos tan lentamente que aún puedo oler el perfume de tu cuello y sentir que tus manos me sujetan de la cintura. Una ligera llovizna empieza a envolvernos pero el tiempo parece haberse detenido. De mi mejilla va deslizándose una pequeña gota de lluvia, me sostienes la barbilla y me la quitas con un beso. Mi pelo ya está mojado, lo retiras suavemente y unas cuantas gotas caen sobre mi frente. Tus besos hacen su mismo recorrido, de la sien bajas a los párpados, subes hacía la nariz y te desvías hacía un lado, sólo queda una en la comisura de mis labios. Ese beso casi parece más largo porque, poco a poco, vas apoderándote de mi boca y haces que yo te siga. Siento una mano entre mi pelo y otra acariciándome el cuello mientras me resguardo entre tu pecho.

Pero todo ha sido un sueño. No hay cenas, charlas ni paseos. No hay lluvia, ni abrazos ni besos. Sólo queda el recuerdo de una bonita velada que empezó por la tarde y concluyó de madrugada, que fue alegre y mereció la pena por la grata compañía. Pero sólo ha sido un sueño, mañana no estarás en donde te he encontrado, puede que por trabajo o, simplemente, que me hayas olvidado. Era demasiado bonito para ser cierto, era casi como un cuento representado por dos actores en un escenario. Pero ahí estabas tú, revoloteando en mi mente, ahí estabas tú en el sueño que ayer he soñado.

viernes, 31 de diciembre de 2010

Se nos va otro año

Se va, nos abandona como todos los demás y nos deja libres ante nuestro destino incierto. Se pasaron los buenos momentos de risas y alegrías, de ratos con amigos y de cenas con velas. ¿Recuerdas aquellas horas que no querías que pasaran? Cuando mirabas el reloj deseando que no se moviesen las manecillas. Esos cinco minutos más en la cama, esos desayunos con mantequilla y mermelada. Miles de momentos mágicos que quedan en nuestro recuerdo, diluidos en nuestra mente como los colores en una paleta. Tonalidades rojas, verdes y azules para la ilusión, grises, marrones y negros para el desconsuelo, pero todos ellos formando el cuadro de nuestra vida.

También se van los días de tristezas, llantos y problemas. Esos ratos de insomnio, de agobios en la cabeza o que no salgan las cuentas. Hemos buscado soluciones para cada uno de nuestros dilemas, a veces con atajos y otras haciéndoles frente ¡qué remedio! Miramos atrás y hemos superado los obstáculos que parecían insalvables porque, a pesar de todo, contamos con la fuerza de querer salir adelante. Adiós a las penurias, adiós a las calamidades que ahora empezamos a andar como niños, primero gateando y luego con más seguridad, a paso ágil y firme.

Decimos adiós a quienes en el camino nos dejaron. Cansados de luchar y agotados por el peso de los achaques, decidieron embarcarse hacia otros lugares lejanos. ¿Qué será de ellos? ¿Estarán bien acomodados? Nosotros cogemos el relevo y vamos siguiendo sus pasos hasta que un día los encontremos y serán ellos los jóvenes que nos sujetaran del brazo.

Algunos quisieron irse de nuestro lado en busca de nuevas aventuras y tesoros porque el premio que desean no se compra con caricias ni besos. La libertad es su brújula y la palabrería su velero. Corre, corre pero a ti también se te acaba el tiempo. Ya encontrarás nubes negras en el trayecto y la tormenta inundará de tristeza tu mirada, pues todos somos piratas y todos somos marineros y el día que destruyan tu barco recordarás con anhelo aquella vez que subiste a una hermosa fragata. También ha habido amigos que mucho nos adulaban y que por las circunstancias de la vida se quitaron sus máscaras. A esos que no nos quisieron y que no supieron estar a nuestro lado, que se los lleve lejos el mar, la arena y el viento. A cambio, ha habido gente que ha entrado en nuestra vida que nos ha traído aires de esperanza y optimismo. Para ellos, gracias por compartir agradables veladas, gracias por escuchar, sonreír, abrazar, simplemente gracias por estar ahí.

Despidamos el año con felicidad porque un nuevo camino se abre ante nosotros. Crucemos el umbral de este inmenso palacio y pensemos que aún nos quedan 365 días para descubrir todas sus estancias y todos sus secretos.

FELIZ AÑO 2011