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miércoles, 6 de noviembre de 2013

¿De qué se quejan los hombres?

Sin lugar a dudas, mucho podemos quejarnos de los hombres, de hecho, da para escribir libros y libros e incluso llevarlos al cine como ha sucedido con “Juego de Tronos”, un exitazo en toda regla que parece que no se acaba nunca. Y la verdad es que las mujeres nos quejamos de los hombres con razón, porque estoy convencida, (convencidísima) de que alguna vez habréis dicho a vuestra pareja “¡eres como un niño!” o “¡no me escuchas!”. Pensad y se os ocurrirán cientos, miles de quejas pero y ellos ¿tienen de qué quejarse? Pues sí y, por lo visto, más de lo que creemos.

No soy “El mentalista”: Chicas, la serie protagonizada por el actor Simon Baker es ficción, los hombres ¡no leen la mente! Y justo es eso de lo que se quejan los hombres, que queremos que sepan exactamente cómo pensamos o qué queremos sin decirles absolutamente nada. ¿Quieres que tu novio haga algo? ¡Pues díselo! Él por sí sólo no lo va a descubrir, necesita que le guíes el camino y le digas eso que quieres o que te apetece. Eso sí, si te lo pregunta, contéstale de verdad y no con evasivas. Te quejas de que no hacéis nada que te guste a ti y que siempre se hace lo que él quiere, momento en el que te pregunta y tu respuesta es “lo que quieras”. A ver, bonita, así no, con esa respuesta eres tonta por no proponer eso que tantas ganas tienes de hacer con él y lo peor de todo es que luego nos arrepentimos. Entonces, ¿por qué actuamos así? Fácil, porque si esa persona nos conoce bien no es necesario decir nada y, sobre todo, queremos que haga las cosas porque él quiere hacerlas no porque haya que decírselo. Es decir, queremos que nos digan “cariño, vamos a pasar un fin de semana romántico” y no tenerles que decir “cielo, ¿cuándo vamos a pasar un fin de semana romántico?”.

Lo siento, no soy una mujer: Según ellos, queremos que piensen cómo nosotras o, al menos, de la misma manera que lo haría una mujer y, sinceramente, es imposible. Si estás esperando que tu pareja entienda por qué te encantan los bolsos o qué te impulsa a cabrearte cuando se queda embobado en el sofá viendo la televisión sin hacer nada, lo llevas claro, puedes esperar sentada por los siglos de los siglos. A ver, que quede claro para todas (y me voy a incluir que a veces se me olvida), ellos son hombres y piensan como hombres, no hay más. Cuando le gritas enfurecida “¡es que no me entiendes!”, efectivamente, no te entiende porque no puede entenderte. Nosotras damos importancia a cosas que para ellos son menudencias como por ejemplo la ropa. La mujer dedica mucho tiempo en encontrar el modelito adecuado que le quede bien, que no haga gorda y que haga juego con los zapatos. El hombre abre el armario y coge unos pantalones cualquiera y cualquier camisa limpia que haya, sin importarle el color. Ellos no tienen la regla, así que, deja de quejarte porque no sabrán nunca lo que duele, lo incómodo que es y el susto que te llevas si no te llega en su momento. Eso sí, no les quedará más remedio que aguantar estoicamente el chaparrón de los cambios de humor durante los días que te toque, y eso ¡mes a mes! Desde aquí, un aplauso por esos hombres valientes.

Analizadoras natas: Otra gran queja es ese don por analizar todo hasta el extremo y elaborar teorías como si fuera una conspiración mundial.  Nuestra mente va a miles de revoluciones por minuto y de la nada formamos un todo: “¿Por qué me habrá dicho eso? Puede que él quiera hacer otra cosa y claro, para no decírmelo directamente, prefiere decirme que ya veremos y luego me dice que no puede, así no me hago ilusiones y pienso que vamos a ir y luego no vamos y…” Y todo ese tiempo que dedicamos a pensar  acaba siendo en vano porque nada de lo que pensamos suele ser lo que verdaderamente es pero, como nosotras nos lo creemos, rumiamos esa idea tanto que nos obsesionamos e incluso nos cabreamos con ellos por pensamientos creados ¡por nosotras mismas!   

Generalizaciones, no, por favor: Los hombres están hartos de que generalicemos con ellos. El que hayas tenido un ex novio celoso no implica que el siguiente lo vaya a ser y no tienes que volcar en el futuro novio aspectos negativos que conociste en el pasado. El que venga será otra persona distinta, con sus virtudes y defectos que tendrás que descubrir. Y si realmente descubres que es como tus antiguas parejas, plantéate que el problema es buscas al mismo tipo de hombre ¡una y otra vez! Aún así, y a pesar de que las generalizaciones no son buenas, son inevitables y ellos también pecan en eso.

¡Estáis todas locas!: Una gran generalización por parte de los hombres que tiene un por qué. Ellos no entienden que digamos o pensemos una cosa y luego hagamos justo lo contrario. He escuchado a muchas mujeres decir “él a mi no me controla”, “no voy a hablar con él nunca más”, “voy a dejarle porque veo que no me quiere”… y sin embargo, demostraban que las controlaban, que volvían a hablar con él y que, por supuesto, no le dejaban. El amor nos ciega y nos convierte en seres irracionales, aunque hay que decir que los hombres también tienen estos momentos de “locura” y aunque sepan que tienen que olvidar ese “amor” que no les conviene… ¡no lo hacen!

¿Cuándo te toca a ti?: Desde siempre se considera que es el hombre quien tiene que tomar la iniciativa para todo o casi todo.  Es cierto que en las últimas generaciones esto ha cambiado y son incluso ellas las que más toman la iniciativa pero, a pesar de esto, ellos quieren que actuemos, que seamos nosotras las que decidamos y que no esperemos a que nos “roben” un beso, sino que se lo demos o que si queremos ganas de sexo, lo busquemos. Pero esto no es nada sencillo porque los roles sociales, la cultura y la educación recibida ejercen una gran influencia en nosotras y la actitud ante el hombre.

No soy el malo: Cuando no encuentras las lleves de casa ¿a quién echas la culpa? A tu pareja. Seguro que piensas que él te las ha cambiado de sitio y por eso ahora no las encuentras aunque la verdad es que eres un poco despistada y no tienes ni idea de dónde las has puesto. Lo que sí es cierto es que le culpabilizamos de todo en la mayoría de los casos, muchas veces con razón y otras les culpabilizamos simplemente porque sí (principalmente porque hemos elaborado una teoría conspiratoria en nuestra contra por su parte).

Tanto ellos como nosotras tenemos motivos para quejarnos del otro pero también deberíamos resaltar las cosas buenas, esos pequeños detalles que demuestran mucho. Por eso, voy a disfrutar del desayuno que me ha traído a la cama: zumo de naranja, café y una tostada... ¿no es adorable?

lunes, 15 de octubre de 2012

Qué parte del "NO" no entiendes

Sí, parece que al final es cierto eso de que nos falta comunicación, o eso o somos cortos de entendederas porque hay personas que les digas lo que les digas no te hacen caso, ¿será por qué tienen poca capacidad de atención o es que la tienen mermada? Pues con algunos hombres esto se eleva a la máxima potencia, no sé si es que no entienden lo que les dices o no quieren entenderlo pero hay algo que falla y ya no sé si la causa son ellos o yo.

El problema comienza cuando se toma como cierto el que la mujer cuando dice “No” realmente quiere decir “Si”. Vamos a ver, a mí en el colegio me enseñaron a distinguir entre las frases afirmativas de las negativas, las activas de las pasivas y las interrogativas de las exclamativas, entonces ¿qué parte no queda clara? De hecho en cualquier idioma sucede lo mismo entonces, por qué en el lenguaje del amor está norma nos la saltamos a la torera. No es lo mismo decir “No quiero verte” que “Quiero verte”, sin embargo, el “No quiero verte” los hombres lo interpretan de la siguiente manera: en realidad quiere verme pero me dice que no para hacerse de rogar y que insista un poco más porque acabará cediendo. Pues no, si te digo “No” es que “No”, por más que insistas y por más que me intentes convencer. Es más, también te puedes llegar a encontrar a los generosos, que insisten en acompañarte a casa de una forma casi desesperada o que te quieren invitar a un viaje y por más que intentas decirles que no puedes ellos se empeñan en hacerte cambiar de opinión. A ver, cielo, que no, que no me vas a acompañar a mi casa porque NO quiero, punto, y NO, no voy a ir de viaje contigo porque tengo que trabajar. Pues nada, que siguen con la cantinela y te ponen la cabeza como un bombo.

Esa constancia con la que insisten es lo que realmente más me saca de mis casillas, vamos, que al final cedes simplemente por pesados y para que te dejen tranquila. Pongo como ejemplo el caso de una amiga, su admirador no sólo la llama a todas horas sino que quiere verla a diario para hacer lo que él decida. La pobre muchacha no puede estar a su disposición todo lo que él desea y por más que le explica las cosas, él chico no cesa en su empeño, está “pico-pala”, “pico-pala”. ¿Qué hacer en estos casos? A veces estamos tan hartas que somos bordes, nos da pena pero el agobio es tal que sacamos lo peor de nosotras... aunque luego tenemos remordimientos de conciencia, no estamos seguras de haber actuado bien y nos arrepentimos tanto que intentamos solucionar las cosas, algo que a veces es peor porque en lugar de arreglarlo se estropea más y volvemos a estar como antes: agobiadas.


Sí, nosotras también nos agobiamos aunque parezca lo contrario. Se tiende a pensar que estamos ansiosas por tener pareja y casarnos pero, igual que los hombres, tenemos nuestros momentos de querer estar solas, con los amigos o simplemente con nosotras mismas. En mi caso personal, he tenido esa sensación más de una vez. Es como un arrinconamiento, una invasión de tu vida, de tu espacio vital. Ese momento en el que te encuentras observada, que estás a tu aire con tu gente y que no para de llamarte o de mandarte mensajes o si estáis en el mismo sitio no para de darte la paliza para tontear contigo y agarrarte. Lógicamente estas cosas suelen ocurrir cuando uno de los dos no siente lo mismo que el otro, en esta ocasión, fui yo la que no sentía lo mismo, no era mi momento y las circunstancias no acompañaban. El agobio llegó a su punto más álgido cuando me reprochó por qué yo prefería salir con mis amigas cuando con él lo pasaría mejor... ¿Cómo? Perdona, pero creo que soy yo la que elijo con quien me lo pasaré mejor o con quien quiero estar en un determinado momento ¿no? Se lo expliqué de buenas maneras porque mi intención no era hacerle daño pero no surtió efecto. Otra frase a la que tuve que recurrir fue la de “ahora mismo no puedo darte lo que tú quieres” (él quería que fueranos pareja y yo no). Su contestación me dejó sin palabras: que nos fuéramos conociendo, que con el tiempo las cosas serían distintas y que me esperaría. Ummm… vamos a ver… volvemos otra vez a la falta de comunicación o de comprensión. ¡Que NO! No quiero que me esperes, no quiero ser tu pareja, no quiero salir contigo, no quiero que me controles y mucho menos que me obligues a quererte. NO, NO, y NO. Y un NO es un NO.

Una sensación muy semejante es la de Vértigo. Suele darse cuando vas demasiado rápido con una persona y de repente te das cuenta de que estás al borde de un precipicio y la opción de tirarte a ciegas no es muy halagüeña. Un chico que conoces de hace un mes. Habéis quedado en varias ocasiones y la valoración ha sido muy buena, de hecho, se palpa en el ambiente la TSNR, es decir “Tensión Sexual No Resuelta”. Hasta que un día te invita a comer a su casa. Sí, si aceptas va a pasar lo que va a pasar porque es más que evidente, ambos lo deseáis y el lugar es propicio para ello. Te sorprende haciéndote la comida (una paella… ¡qué rica!) y poco a poco el sofá se convierte en el testigo indiscreto de vuestras fantasías. Estás a gusto con él y no puedes quejarte, hasta que suelta algo como “me encantaría estar así todo el fin de semana” o “que suerte he tenido de conocerte, eres mi ángel”. Justo en este momento es cuando tu cabeza hace un “PAUSE” y como si fuera una película tienes que volver a rebobinar. ¿Me ha dicho lo que creo que me ha dicho o sólo son imaginaciones mías? Y llega ese Vértigo, vértigo por no saber a qué atenerte, a no saber si creer sus palabras, a expresar y aceptar tus emociones, a perder el control, a dónde llevará todo esto… pero sobre todo, a lanzarte al abismo sin tener una certeza de que lo que vas a encontrar es algo seguro.

Parece que sólo son los enamorados los que no entienden nuestro lenguaje. No, nada más lejos de la realidad, también hay muchos listillos que se hacen los tontos. Es lo que yo llamo el Hombre Avispa, si te pica, te salen sarpullidos. Me refiero al típico hombre prepotente, orgulloso de sí mismo, creído y que no acepta un “No” por respuesta. Todo lo que hace tiene que ser como él quiere, porque quiere y cuando quiere, consigue todo lo que se propone y si no es así, se desvive hasta que lo logra, y una vez conseguido, pierde todo interés. Si te dejas convencer a la primera por este tipo de hombre lo único que vas a conseguir es que te vea como algo rápido… “pim-pam-pum-fuera”. Y tan fuera, porque en lo íntimo son egoístas y no suelen ser dedicados, sólo piensan en su satisfacción personal. Sin embargo, si te resistes les encanta, eres como un reto, deben de pensar algo así como: A mi ninguna chica me dice que No. Pues mira “bonito”, yo te digo que No, ¿algún problema? Sí, para ellos supone un gran problema, supongo que para su orgullo personal, así que, hacen todo lo que pueden para engatusarte. Cambian de técnica según el tipo de víctima, así, usan a su conveniencia el victimismo, el romanticismo, la supuesta amistad, el pasotismo… en definitiva, se adaptan al medio cual camaleones en una gran selva. Y cuanto más le ignores y cuanto más “Noes” le dices más ansias tiene de conseguirte… ¡hasta te reprocha que no le hagas caso! Para ti misma piensas “¿es tonto o no se entera?”, de hecho lo dudas porque aún sigue intentándolo y tu cara ya empieza a reflejar los signos de mala leche y tendrías ganas de decirle “A ver, tío, que NO, que no voy a quedar contigo, ni vamos a ir al cine, ni vamos a dormir juntos… Que me dejes tranquila ya y que te pires, te lo puedo decir más alto pero no más claro, ¿ok?”. Pero como esto no es apropiado para una señorita y queda demasiado brusco y borde, sonríes y aguantas carros, carretas y carretones con la esperanza de que encuentre a otra víctima y se olvide de ti.

La verdad no sé qué habría que hacer para poder entendernos. A lo mejor tendrían que enseñarnos a leer entre líneas cuando somos más pequeños… ¿entre líneas?… ¡Pero si un “No” está clarísimo! Tal vez deberíamos leer más, dicen que leyendo se adquiere más vocabulario y agilidad de comprensión lectora o puede que tengamos que dejar de ser tan egocéntricos y pensar un poquito en lo que quieren los demás y no sólo en lo que queremos nosotros mismos. Esperemos que algún día los hombres puedan darse cuenta de estás pequeñas diferencias, si no tendremos que solicitar una nueva reposición de Barrio Sésamo para que nuestro buen amigo Coco se las explique.