jueves, 24 de noviembre de 2011

Confesiones de una joven dama

Desde el ventanal observo cómo el sol anaranjado desciende tras las verdes colinas y ofrece una visión distinta de las calles, plazas y fuentes de la ciudad. El mercado ya ha cerrado sus puertas, sólo quedan los comerciantes que recogen sus mercancías y hacen balance de los beneficios de todo el día. Las mujeres ya preparan la cena, desde aquí puedo ver el humo de las chimeneas y me imagino que tendrán el caldero en el fuego con sopa, verduras y pollo fresco. La cocina en el castillo se encuentra en la planta baja y no me llega el olor de nuestra cena, pero según me ha contado Alfonso, el mayordomo, habrá codorniz con dátiles y miel y un exquisito postre que prepara nuestra cocinera con leche, manzanas y ciruelas que es mi debilidad. Sin embargo, hoy no tengo demasiado apetito y quisiera quedarme en mi alcoba, ver como anochece y dejar volar mis pensamientos a la luz de las estrellas. Porque hoy sólo pienso en una cosa, sólo pienso en vos.

Os vi en el banquete que ofreció mi padre en los jardines del castillo hace unas semanas y ya me quedé prendada de vuestro rostro. Coincidimos en las caballerizas un miércoles a mediodía y confieso que mis mejillas se ruborizaron al encontrarse nuestras miradas y hoy en el torneo creía que mi corazón se saldría del pecho al ver que caíais de vuestro hermoso caballo, pero al poneros en pie un suspiro de alivio se escapó de mis labios. Bueno, si he de ser sincera también os vi entrenar, le pedí a mi doncella que me llevase a escondidas y no sé si fue por la emoción de lo prohibido o por el hecho de veros con el torso descubierto, pero… fue una experiencia fascinante.




Desconozco su nombre y aunque he intentado averiguar vuestra procedencia, unos dicen que sois del norte, otros que del sur y los más fantasiosos aseguran que habeis llegado de lejanas tierras en las que se comercia con seda, flores desconocidas, cuencos bañados en oro, perlas, perfumes y extrañas especias. ¿Es cierto? ¿Acaso habéis salido de un cuento de hadas? Aunque para mi sois como un cuento, o más bien, como un sueño.

Desearía retaros a una carrera por nuestras colinas y bosques, descansar a los pies del río mientras escuchamos el dulce canto de las aves y preguntaros por los lugares en los que habéis estado y las anécdotas que os han acompañado. También quisiera enseñaros la biblioteca del castillo, si es que mi padre no lo ha hecho ya pues se siente muy orgulloso de ella, y nuestro salón de recreo. Pero lo que más quisiera mostraros es un lugar especial, mi rincón favorito en las tardes de verano. Tras los jardines, un pasillo de almendros lleva a una pequeña fuente y a su derecha una escalinata asciende a las ruinas de un caserón, utilizado en otros tiempos como iglesia o almacén. Allí, debajo de un enorme cedro, me encanta leer, cantar e incluso soñar. Allí es donde quisiera llevaros para confesaros que vuestra presencia altera todos mis sentidos, que vuestra mirada me turba hasta el punto de sentirme cohibida y me despojada de todas las defensas que me enseñó mi querida madre para combatir las armas de un hombre atractivo, resistir a la seducción y no sucumbir a la tentación de caer rendida entre sus brazos.

No sé si estoy hechizada o si algún mal se ha apoderado de mi pero mis labios se mueren de deseo por acercarse a los vuestros y mis manos quisieran acariciar vuestro cabello tostado. Nos imagino tendidos en un lecho de hojas secas con mi cabeza apoyada en vuestro pecho y arropada por vuestros brazos. Sé que mis palabras son impropias de una joven de mi posición, de hecho, la garganta me quema si pronuncio mis pensamientos en alto y me avergüenza parecer una mujer locuaz y deslenguada. Tampoco quiero que me veáis como una niña descarada y encaprichada, os confieso que no sé mucho del amor y no controlo lo que siento, ¡ni yo misma lo entiendo! Cuando os veo, el corazón se me acelera, me cuesta respirar y me tiemblan las manos. Siento pequeñas punzadas en el estómago a la vez que mi garganta se seca y soy incapaz de articular palabra alguna. Miles de sentimientos galopan en mi alma como caballos indomables, inquietos y ansiosos por querer ser libres, ¿cómo puedo domarlos? ¿habré caído en pecado?

No sé si hago bien en sincerarme a vos tan abiertamente sin casi haber mediado palabra, pero si no lo hago puede que no volvamos a vernos pues desconozco cuáles son vuestros planes o cuándo partiréis a otro lugar. Pensar en vuestra marcha me provoca una gran tristeza y mis ojos comienzan a inundarse de lágrimas.

Por ese motivo, os propongo algo tan descabellado que hasta yo misma dudo si será correcto. Os convoco dentro de dos días en el caserón en ruinas en el momento en el que todos hacen la siesta. Siempre voy a esa hora y tengo dicho que nadie acuda a molestarme, de esa manera no resultará extraño que acuda allí y dispondremos de unas horas para conocernos. Las ruinas son visibles desde el campanario de la iglesia que se encuentra en la plaza mayor. Estoy convencida de que con vuestra sagacidad encontraréis el camino para acceder al punto de encuentro sin ser visto.

Os espero.

viernes, 11 de noviembre de 2011

La pasión del agua (**Relato Erótico**)

Siento tu cuerpo encima del mío, mi piel se estremece con tus caricias y tus labios recorren mi cuello. Tus manos descienden por mis hombros y se aferran a mi pecho, lo miras con deseo y lo rozas con las yemas de los dedos para después pasar la lengua por los pezones rosados y erectos. Me abres las piernas y vas deslizando tus dedos lentamente, sintiéndome cada vez más y más húmeda. Arriba, hacia los lados, dentro… vas cambiando los movimientos y la intensidad yo te sigo con mis caderas, no quiero que termine aún, despacio… Noto la excitación de todo mi cuerpo, arqueo la espalda y me apretó más a ti. Me besas con ternura luego con pasión, mordisqueas mis labios y juegas con ellos. El sofá se nos está quedando pequeño, podemos movernos, podemos seguir rozándonos pero quiero más. Te levantas, me coges de la mano y me llevas hacia el baño.

Nos metemos en la ducha y entre risas y besos, deslizo mi lengua por tu pecho. Me pongo de rodillas, beso tu vientre, beso tus ingles, beso la parte interna de tus muslos. Estás duro y muy excitado. Primero te acaricio, con movimientos lentos mientras las gotas de agua caen por tu cuerpo. Acerco mi boca y sostienes mi cabeza entre tus manos. Miras cómo lo hago, cómo entra y sale, cómo mis labios te rodean y se deslizan, cómo te aprietan, cómo suben, cómo bajan. Levanto la mirada y te estremeces aún más, echas la cabeza hacia atrás y gimes. Haces que me levante, me coges en vilo y rodeo tu cintura con mis piernas mientras el agua sigue mojándonos. Pegada a la pared noto como vas adentrándote en mi interior, sintiendo pequeñas punzadas según te vas abriendo camino. Sales y vuelves a entrar con mayor fuerza y vuelves hacia atrás para otra acometida, movimientos rápidos, precisos, más y más intensos.

La excitación de los dos va en aumento, cada vez estoy más húmeda y siento como mi cuerpo se estremece. Respiraciones entrecortadas se mezclan con el ruido de la ducha y con nuestros suspiros y gemidos que van aumentando de intensidad. Mis pechos se mueven al compás de tus movimientos, tus caderas se mueven rápido, estás a punto, sigues y sigues hasta que te aprietas más a mí. Tus músculos se tensan, el tiempo se detiene. Seguimos así unos segundos más hasta que bajo mis piernas y seguimos abrazados.

Retiras mi pelo mojado del cuello, para besarlo a la vez que acaricias mis hombros y mis brazos. Una mano desciende por mi cadera para masajearme entre las piernas, la otra sobre uno de mis pechos mientras tu boca juega con mi lengua para después buscar el pecho suave y turgente entre tus dedos. La punta de tu lengua hace pequeños círculos sobre él, succionas, chupas, lames… Siento un cosquilleo que recorre mi nuca y humedece mis partes, un pequeño placer que va preparándome para lo siguiente.

Pasas el mango de la ducha por todo mi cuerpo, cambiando de agua caliente, a templada y fría. Notas la reacción que provoca: piel erizada, piernas tensas, pechos encogidos. Gotas de agua recorren mis hombros, mi espalda y mi vientre, tus besos se las llevan, a veces sólo con el roce de tus labios, otras con la punta de la lengua. Siento la presión de tus dedos en mi interior, cómo se mueven en todas direcciones a la vez que los finos hilos de agua caliente rozan el exterior. Noto tu aliento cerca, tu lengua se mueve despacio, primero jugando con los bordes rosados, subiendo y bajando hasta ir más a dentro. Me estremezco al sentir el calor de tu boca, me gusta como lo haces, cierro los ojos y me dejo llevar. La respiración se acelera, la boca seca, gemidos… abro más las piernas para sentirte más cerca y mis dedos se pierden en tu pelo mojado. Los músculos se contraen, me tiemblan las piernas, ya no aguanto más y un intenso placer recorre mi espalda. Dejo escapar un gemido, las rodillas ceden, me doblo hacia ti quedando los dos de rodillas. Me pego a tu pecho, mi cuerpo aún sigue temblando y necesito sentir tus brazos y tus besos sobre mi piel. El agua se lleva nuestro sudor, nuestros fluidos, nuestra pasión… pero nosotros nos quedamos así, con el agua a nuestros pies.

jueves, 27 de octubre de 2011

Me Gustaría

Me gustaría sentir cada día tus labios sobre mi piel. Despertarme rodeada entre tus brazos, perderme en tu mirada somnolienta y disfrutar cinco minutos más del calor de tu cuerpo.

Me gustaría hechizarte, que la magia de mis labios llenase de ilusiones y alegrías tu vida. Que me desearás con la misma fuerza que un niño desea sus juguetes, que me extrañaras si no estoy a tu lado.

Me gustaría ser tu ángel, tener alas para volar cuando me necesites, velar tu sueño, cuidarte cuando estés enfermo y ofrecerte mi regazo para limpiar tus lágrimas.

Me gustaría ser amiga, confidente, consejera, amante. Me gustaría ser tu mar, tu fuego, tu aire, tu tierra. Donde quiera que estés, allí me gustaría estar con el alma, con el corazón, con el pensamiento.

Estar en tus planes y que tu estuvieras en los míos, que nuestros destinos se juntasen para buscar nuevos horizontes y objetivos, sin prisas, sin presiones, sin miedos.


Muchas cosas me gustaría hacer contigo, cosas hermosas bajo las sábanas para regalarnos momentos de pasión y ternura. Un paseo por una calle cualquiera, junto al mar o entre montañas. Una barbacoa con amigos, una fiesta, un viaje… No importa lo que sea, sólo tener tu compañía.

Mientras pienso en todas las cosas que me gustarían, sigue andando por tu camino. Busca cumplir tus sueños, haz lo que deseas, disfruta del día a día. Y cuando creas que has alcanzado tus metas, cuando quieras compartir tu vida, ven a buscarme, llama a mi puerta, cógeme de la mano y dime “Me gustaría estar contigo, sentir tu cuerpo a mi lado”.

Pero esto… es sólo lo que a mí me gustaría.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Ni contigo ni sin ti

¡Paso! ¡Paso totalmente! Paso de todo, paso de todos y paso de él. Sí, me gusta ¿y qué? No puedo estar detrás de él día sí y día también como si fuera su perrito faldero ¿no? Que yo también tengo una vida, ¡ni que solo fuera él quien tuviera cosas importantes! Ains… mierda... ¿por qué me engaño? Si mañana le volveré a ver y se me caerá la baba de nuevo. No puedo evitarlo y me molesta, sí, me molesta fijarme en él, en lo que hace, si se acerca… que todas las mañanas se me encoge el estomago porque sé que voy a verle. Y lo más gracioso es que él ni se da cuenta, ¡no sabe nada! ¡No me conoce! ¡No sabe ni como me llamo!

Por desgracia, esto nos pasa y más veces de las que nos gustaría reconocer. Mira que ya somos mayorcitas para amores imposibles pero nos empeñamos en que algún día lo conseguiremos. Sí, recordamos nuestros años de colegio o de instituto cuando te enamorabas del más guapo de la clase que, por supuesto, no se fijaba en ti. Aquella vez no lo lograste, pero esta vez sí, esta es la definitiva, ¡tiene que serlo! Porque ya estás cansada de soñar con un príncipe azul que nunca llega y de interesarte justo de los que menos se merecen que te preocupes por ellos.



En serio, no sé porque sucede pero… por algún motivo incomprensible nos enamoramos de aquellos que no se enamoran de nosotras. Primero te fijas en alguien, un desconocido hasta ese momento, luego empiezas a sentir algo, una especie de sensación extraña que genera la necesidad de querer verle y poco a poco las emociones van en aumento hasta que te das cuenta, tarde, de que vuelves a tener un amor imposible. Y puede ocurrir en cualquier lugar: en el metro, en la parada de autobús, en la cafetería donde desayunas habitualmente, en el trabajo, en el super de tu barrio, haciendo footing en el parque mientras sacas al perro, en el gimnasio, en la academia de inglés… Pero sobre todo, ocurre cuando menos te lo esperas y de quien menos te esperas.

El Amor Imposible puede ser bonito, difícil, idílico… pero sea como sea, podemos decir que hay cinco fases importantes y según como se sucedan los acontecimientos, puede que deje de ser imposible o que, directamente, sea desastroso.

Avistamiento: Es el momento inicial, justo cuando ese “alguien” anónimo pasa a ser “algo” importante en tu cabeza. No paras de pensar en él, si le verás, cómo irá vestido y vas sintiendo cosquillas en el estómago cuando sabes que se acerca el momento, o si, por casualidad, pasa por tu lado.

Reconocimiento: Al principio no reconoces lo que sientes por esa persona en concreto pero al final te vas dando cuenta y ya no hay remedio. Aún no te planteas si va a ser positivo o negativo pero ahí está. También haces un reconocimiento de la situación como tal, es decir, dónde se produce, si es fácil acercarse a él o intentar entablar conversación, si hay más mujeres cerca en las que pueda fijarse o, incluso, que alguna se te adelante… Vamos cualquier cosa que te dé pistas de las posibilidades que tienes.

Aproximación: El siguiente dilema que se te plantea es… ¿qué hago? Por un lado te mueres de ganas de hablar con él, pero por otro no te atreves, te da vergüenza. No sabes qué va a pensar y te da miedo quedar en ridículo, aunque lo que más temes es el rechazo. Intentas acercarte de la forma más casual: si le has visto en el parque bajas a su mismo horario y procuras mantenerte cerca para que te vea o si ha sido en algún trasporte público, te sientas a su lado, le miras de vez en cuando. Intentas llamar su atención.

Lucimiento: Y que mejor forma de llamar la atención que sacar lo mejor de ti, sacar partido a tus mejores cualidades físicas y ser la chica más sexy que hayan visto sus ojos.

Análisis de situación: Está es la fase más complicada y decisiva. Después de sopesar los pros y los contras, te toca tomar una decisión, atreverte y tomar la iniciativa o dejarlo pasar. Si eres de las valientes, justo un momento antes de lanzarte te entran las dudas, “No, que mejor no lo hago… bueno, sí, que ya que me he decidido… ¿y si no sale bien?”. Si no sale bien, seguramente te desilusiones un poco pero al menos lo habrás intentado.

Y yo me pregunto ¿habré sido alguna vez el Amor imposible de alguien? Sería curioso imaginar una escena así. Estás comiendo un riquísimo plato de fettuccine a la carbonara, y en el momento en el que tienes la boca llena y un fettucine colgando del labio, un hombre te pregunta “¿puedo sentarme?”. No está nada mal y parece agradable pero como no puedes hablar aún, le haces señas para que se siente mientras intentas taparte la boca con la servilleta y tragar. Bebes un poco de agua, carraspeas y te disculpas. A ver, ¿no podía haber elegido otro momento? No sé, en el café por ejemplo… porque estás cosas siempre pasan en los momentos más inoportunos. Él intentaría ser educado, preguntar tu nombre y entablar una conversación que acabase pidiéndote el número de teléfono. ¿Qué pasaría después? En mi caso, a día de hoy no he tenido encontronazos casuales con nadie pero eso no significa que no los haya tenido, puede que no me haya dado cuenta o que no se hayan atrevido a lanzarse. ¿No habéis tenido alguna vez la sensación de que alguien os mira pero cuando levantas la vista no hay nadie que te mire? Vaya, puede ser un admirador secreto, así que, tendré que ser más observadora cuando vuelva a sentir una mirada en mi cogote.

Sea como sea, el Amor Imposible siempre deja las cosas en el aire. Es imprevisible, inseguro, inestable y, por lo general, suele dejar un sabor agridulce, más aún cuando no vuelves a ver a esa persona o bien ese amor ya tiene a alguien. Tendríamos que tener algún tipo de botón que al pulsarlo nos impidiese emocionarnos por alguien que no debemos. Lo malo es que no somos robots, somos humanos y es muy difícil controlar de quien nos enamoramos. Como bien dice una canción de amor “más quien le pone puertas al campo y quien le dice que no al amor”.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Cosas del Amor y del Destino

¡Qué difícil es el Amor! Parece algo tan simple, una cosa de dos, pero de simple no tiene nada. Muchas veces somos nosotros los que complicamos las cosas y de un grano de arena hacemos una montaña por pensar demasiado en lo que estará pensando el otro. Otras son las circunstancias las que impiden que algo bonito pueda hacerse realidad y en algunas, y no pocas, las cosas no salen como a ti te gustaría.

Sabemos que a los hombres no les gusta hablar de sentimientos y les suele costar demostrarlos, ¡pero al menos que nos den alguna pista! No sé, saber qué hacer cuando se encuentra mal, qué decirle para darle ánimos o cómo actuar en los momentos de mosqueos. Pero como nos toca intuir las cosas, nos pasamos varias horas pensando si lo que le has dicho le ha enfadado o si es que ha tenido mal día, si le apetecerá salir a cenar o prefiere quedarse en casa, si cuando no me habla es por mi culpa o es por otra cosa y, sobre todo, que si le pregunto qué le pasa me diga que nada, sabiendo que algo le pasa y no me lo quiere contar, dejándome con la intriga y dándole vueltas al asunto porque él no quiere sacarme de dudas. Y claro, como pensamos en lo que creemos que ellos piensan y en lo que pensamos según esos pensamientos imaginados, pues la liamos. Sí, nos equivocamos, metemos la pata porque ni ha pasado lo que pensabas, ni ha dicho lo que imaginabas, ni ha hecho lo que te gustaría. Eso ya te ha generado una discusión inútil por mal entendimiento, has gastado tiempo y, lo que es peor, te has agobiado innecesariamente.

Creemos que lo tenemos todo controlado y no es así. Damos por sentado que el otro actuará de una manera olvidándonos de sus expectativas y sus prioridades. Porque las circunstancias nos limitan y ¡no somos conscientes de ello!

Conoces a un hombre fabuloso en un Congreso para especialistas de tu sector. Tiene todas las cualidades que te llaman la atención y no para de sonreírte pero… siempre hay un pero… está casado y tiene una niña pequeña. ¡Será posible! Mira que es casualidad, justo el que te gusta ya está cogido. También puede ocurrir que tengas un compañero de trabajo que te resulta agradable. A penas habláis, intercambiáis algún “Hola”, “Buenos días, “Adiós” o coincidís en la máquina de los cafés o en la impresora. Te gustaría decirle algo más, intentar entablar una conversación medianamente decente pero ¿cómo? Si se va a desayunar con los de su departamento y casi ni os cruzáis las miradas. Sin embargo, por otra parte empiezas a pensar que al ser del trabajo surgirán los cotilleos y si no funciona habrá tiranteces, también está el morbillo de lo prohibido y que te puedan pillar pero ¿hasta qué punto merece la pena? Con lo simpático que parece y para un chico mono que hay en la oficina y ¡no te puedes acercar!




Otra situación posible: separado y con churumbel o churumbeles. Da igual que tú también estés separada o seas soltera, el camino está sembrado de espinas. Si sólo está separado, lo peor que puede pasar es que estará tan quemado de su matrimonio anterior que no aguantará ni una pero con hijos de por medio la cosa se complica y si son pequeños mucho más. Con niños, ya sabes que ellos siempre van a ser lo primero y que el irles a buscar al colegio o tenerles el fin de semana en casa es sagrado. Lógicamente, si coge vacaciones es para estar con ellos, así que, olvídate de tener una semana romántica en algún lugar perdido, de hecho, si es de los que tiene suerte y habla con ellos a diario, sabes que los horarios de llamadas son inamovibles. Eso sin contar que si la cosa funciona tendrás que conocer a sus hijos, lo cual siempre genera tensión porque pueden pensar que quieres sustituir a su madre y ya sabes que van a verte como la mala. Si tú también estás en la misma posición, te preguntas si a tus hijos les gustará tu pareja y te tiemblan las piernas de pensar que no va funcionar. Está claro que si se quiere es posible compaginar la situación de cada uno pero el camino estará cubierto de obstáculos que, muchas veces, parecerán insalvables ya que uno de los dos tiene que ceder y ¿quién cede?

Lo que suele ser muy común es que coincidas con un chico que ha dejado recientemente una relación. Dalo por perdido, de hecho, ni te plantees nada, hagas lo que hagas no va a salir contigo, puede que seáis tal para cual, con gustos parecidos y os gustéis pero ¡ni se te ocurra enamorarte! Trátale como un amigo pero ¡nada más! Es peligroso porque si tu situación es distinta, está claro que las prioridades no son las mismas. Mientras que a ti te apetecería hacer cosas de dos, él prefiere ver a sus amigos y no dar explicaciones, a ti te gustaría que te llamase más a menudo y él no quiere ataduras ni que le controlen el tiempo. Él simplemente vive su vida a su gusto. Es una pena, has llegado tarde, pero así es, nunca sabrás si funcionaría o no porque ni siquiera tendrás la oportunidad de intentarlo. Eso sí, puede darse el caso que seas tú la recién entrada en la soltería. Si es así, es probable que no veas a ese chico tan simpático como un hombre en potencia sino más bien como un amigo, o si te fijas en él seguramente seas reacia a mantener algo más que unos escarceos esporádicos. Tanto si es él el que ha terminado una relación como si lo eres tú, las circunstancias de cada uno van a influir en el desarrollo de la situación.

Nos regimos por prioridades y éstas van cambiando según el momento y, cosas del destino, encuentras a un chico que está totalmente centrado en su vida profesional: buscando trabajo, trabajando de sol a sol, opositando… o en su vida personal: ir al gimnasio, quedar con sus amigos, ver a su familia, buscar compañero de piso o piso nuevo, la hipoteca, los gastos…y no puede dedicarte el tiempo que tú quieres. Tú no eres una prioridad y, por lo tanto, quedas relegada a los últimos puestos y quedará contigo sólo si puede o si su agenda se lo permite. Lo triste es que cuando él se plantea que puedes empezar a ser una prioridad, para ti ya ha dejado de serlo, el tren ya ha pasado y ha perdido la oportunidad de subir.

Y como tú también tienes tus preferencias, tienes la mala suerte de que los que no te gustan sigan llamándote mientras que aquel que quieres que te llame ¡no lo hace! En una fiesta en casa de una amiga te presentan a un chico pedante, pesado y salido. Es el típico que va de listillo y encima con unas copas de más. Al día siguiente tienes un mensaje de un número desconocido, contestas y... ¡¡ta chán!! Es él… pero… ¿cómo ha conseguido mi número?-te preguntas ingenua de ti- no sabes cómo pero lo tiene y a pesar de que le ignoras, él sigue empeñado en llamarte. Y es justo el que no te presta atención, ese que te ignora y que ni se preocupa por preguntarte qué tal estás, el que más te gustaría que te llamase. ¿Acaso hay que ignorar para que te hagan caso? ¿Hay que ser una “Cruela Devil” para que se fijen en ti? Es más ¿hay que sentirse ignorado para que pienses más en esa persona que te ignora y tengas mayores deseos de estar con ella? Es incomprensible pero así es, cuanta más atención prestas a alguien, más se aleja y si le ignoras, más interés tiene. Bueno, esto en la teoría porque en la práctica no siempre funciona, también depende de las circunstancias. Como se suele decir “lo que me dan no lo quiero y lo que quiero no me lo dan”.

Creemos que lo sabemos todo sobre el Amor y no sabemos nada, damos consejos a nuestras amigas y luego nosotras no los ponemos en práctica, no porque no los conozcamos, sino porque es difícil hacerlo cuando alguien te importa. Pensamos que hemos aprendido de nuestras experiencias y, sin embargo, volvemos a cometer los mismos errores. Nosotras necesitamos certezas, ellos creen en el “ya veremos”, nosotras queremos hechos, ellos huyen de las complicaciones, nosotras nos preocupamos del futuro, ellos viven el presente.

Pero seguiremos preguntándonos si le gustas realmente, si volverás a verle, por qué no funcionó o si funcionará. Pensarás en qué harás cuando le veas, qué te pondrás y dónde iréis. Surgirán emociones de alegría si te llama, de emoción si te besa o de rabia si pasa de ti. Sopesarás si mandarle un mensaje será un acierto o una equivocación y le darás mil vueltas pensando en qué pensará si se lo envías. Te asaltarán las dudas de si has dicho o hecho algo que no debieras o si tienes que mostrarte indiferente o demostrar interés. Aunque lo intentemos, no comprenderemos los entresijos del Amor porque las circunstancias y el destino se mezclan para complicarnos un poco más las cosas. Porque en el Amor, como en el juego, mucho tiene que ver la suerte.

jueves, 18 de agosto de 2011

¿Complejos? ¡Vete a la playa!

Pechos grandes, pequeños, caídos, puntiagudos, desnudos, tapados, blancos, negros, tostados, naturales, inflados, juveniles, adultos, maternos… y así podríamos seguir describiendo toda la anatomía femenina. Da igual como sean, siempre nos quejamos, nos miramos en el espejo y no nos gustan. Sacamos muchos defectos a nuestro cuerpo en general y a nuestro pecho en particular pero no nos damos cuenta de cómo son hasta que vamos a la playa. El bikini o el bañador lo deja todo al descubierto permitiéndonos compararnos con las demás y nada mejor que ir a la playa para empezar a quitar los complejos.

En la playa, al igual que en el amor y en la guerra, todo vale (o al menos eso dicen). Lo que llama la atención son las miles de formas que tiene el pecho femenino y todas lo exhiben con naturalidad y sin pudor. La mayoría lo tapa, bueno, algunas deben llevar una talla menos porque las llevan tan apretadas que parecen que van a salir despedidas en cualquier momento. Otras las llevan al descubierto y les da igual que estén más o menos caídas o el tamaño que puedan tener, van a ponerse morenas y listo. Es una de las pocas posibilidades que tenemos de mirar escotes a mujeres sin sentirnos incómodas por ello y te comparas. El resultado es que compruebas que tus pechos son más bonitos que los de aquella del bikini de lunares y que están mejor colocados que los de la mujer que pasea por la orilla. También te encuentras a chavalinas de 16 años con unos volúmenes paranormales, vamos, casi hay que considerarlo expediente X teniendo en cuenta las pequeñas cinturas y sus escasas caderas. Y eso lo que genera es envidia, si, ¡envidia por querer unas así! Bueno, las que tengan ya suficiente más que envidia se apiadarán de la muchacha pensando “ay hija… ya verás cuando vayas a comprar sujetadores y no encuentres de tu talla”.

Otra comprobación que haces es que los tuyos se desplazan a los lados cuando te tumbas. Eso pasa siempre que estás durmiendo o tirada en el sofá, pero no eres consciente de ello hasta que estas tumbada en la arena, con las gafas de sol, los cascos de música y mirando el horizonte. Entre medias ves dos cosas que se despanzurran, y no importa lo tenso que tengas el bikini, se quedan así. Sin embargo, ves a algunas que se quedan en un perfecto estado de redondez ¡continua! ¡No se mueven! Es que son como globos perfectamente inflados que van a salir volando. Al igual que las modelos de las revistas de modas, que cualquier modelito les queda divino pero a ti no te queda ni la mitad de bien. Pero piensas “está operada” o “la foto está retocada”, en un intento de levantar tu autoestima. Pero al levantar la vista y ve lo que hay en realidad, ves que lo de la portada no tiene nada que ver con lo que hay allí, de hecho, tampoco es esa maravillosa playa de Miami donde todas las mujeres son extremadamente esculturales. Eso me recuerda que no tengo que ir a las playas de Miami…

¿Sólo nos fijamos en el pecho? No, ni mucho menos porque hacemos un repaso de arriba abajo. También hay culos planos, fofos, duros, pequeños, grandes… Y si piensas que el tuyo es muy feo, te equivocas porque en la playa seguro que los verás peores. De hecho, verás a mujeres de amplias caderas que llevan sus bikinis y tan contentas. ¿Y las tripas? Las tripas también son muy variables y es cierto que hay dos tipos de mujeres, en forma de manzana y en forma de pera, las observas a todas mientras pasean por la orilla y ves tripas prominentes, planas, abombadas, de media curva, cerveceras, de barrilete.

Por supuesto, las piernas y los muslos nos obsesionan por culpa de la celulitis, aunque en los anuncios la llaman piel de naranja, que queda mucho más fino, y más comúnmente conocida como cartucheras. En las farmacias venden productos que aseguran que se reduce incluso ¡por la noche! El caso es que vayas a Benidorm, vayas a Torrevieja o vayas a Peñiscola, vas a ver a muchas mujeres con celulitis, estrías, varices, juanetes, rodillas torcidas y las piernas podrán ser finas, gruesas, grandes, pequeñas, bonitas, feas… pero ¡ahí están! Paseando tranquilamente sin miedo a que las estén mirando.

Las playas españolas no son como las de California o Miami. Según las miles de series que llegan a nuestros hogares, las vacaciones perfectas no son en el Caribe, no, son en las playas de California donde las chicas son rubias explosivas y morenas espectaculares de las que, lógicamente, se enamoran los protagonistas y las quieren para que sean las madres de sus hijos. Normal, con esos enormes pechos (que seguro que son naturales cien por cien… vamos que llevan hasta garantía) más de uno se haría pasar por niño. Y por supuesto, los hombres también son de impresión, con abdominales marcados, brazos enormes y que levantan pesas en medio de la calle y a pleno sol, debe ser para sudar un poquito más. Y siempre hay patinadoras con pantalones ajustados y ciclistas sin camiseta. Es más, los socorristas californianos son increíbles. Ellas llevan unos bañadores que les estilizan las piernas, pero tan alto queda que tendrán que depilarse mucho más que sólo las ingles. Además, deben usar maquillaje resistente al agua porque siempre están perfectamente maquilladas. No sé qué hacemos aquí y no nos vamos a Estados Unidos a buscarnos marido, dicen que hay muchos obesos pero ¿dónde están? Porque en las series no aparecen.

En nuestras playas vemos a gente normal, con ropa normal y que hacen lo normal. Aquí nos traemos nuestras neveritas y ves a la abuela cuidando de los nietos en la orilla pero ella sólo se moja los pies. Ves a las madres regañando a los niños, a las quinceañeras tonteando con sus amigos, a los padres haciendo un castillo de arena tostándose al sol mientras el pequeño va a rellenar el cubo de agua. Ves a los socorristas sentados en su puesto de vigilancia con ropa cómoda y gafas de sol, incluso uno de ellos está algo fondón y otro muy delgadito. La socorrista ni mucho menos va maquillada y se recoge el pelo en un moño, para evitar que le de calor y se le venga a la cara con el aire. No hay gimnasios callejeros ni hombres musculados, el deporte más común es ir a tomar el aperitivo, con unas cervezas, unas patatitas y unas aceitunas.

En España no hay chicas despampanantes tomando el sol ni patinadoras sexys, hay mujeres de verdad que no están retocadas con photoshop ni cualquier otro programa informático. Mujeres del día a día, con sus pecas, manchas, celulitis y kilos de más. Mujeres trabajadoras, amas de casa, empresarias, estudiantes, paradas… Mujeres altas, bajas, gordas o flacas. Todas intentan cuidarse diariamente y todas tienen sus complejos, pero no sé que tiene la playa que cuando llegas los has perdido y cuando regresas vuelves a la realidad, ¿será el bronceado que sienta muy bien? Definitivamente, todos los años vendré a la playa a olvidarme de mis caderas, de mi trasero, de mis pechos, de las cartucheras, de las espinillas, de las manchas... porque soy una mujer normal que deja a un lado los complejos.

viernes, 5 de agosto de 2011

En la orilla (**Erótico**)

Entro en el recinto de apartamentos, ya es tarde y mañana quiero aprovechar el día. Me han hablado de una preciosa playa con calas en la que se puede disfrutar del sol y el mar en plena soledad, sin que nadie pueda perturbar el silencio que la naturaleza te ofrece. Me duelen los pies, me quito las sandalias y las sostengo entre las manos. Mi vestido blanco se mueve con la suave brisa y me detengo a respirar el aire fresco de la noche. Voy hacia los ascensores, oigo pasos y me giro. Te acercas y esperas detrás de mí, se abren las puertas y entramos. Pulsas la quinta planta, yo la tercera. Cada uno en una pared, evitamos que nuestras miradas se crucen pero sé que me miras de reojo, buscas mi escote, me miras de arriba abajo fijándose en el detalle de las sandalias en la mano que te hace sonreír. Por un breve instante nuestros ojos se encuentran justo cuando se van a abrir las puertas y me giro. Sé que me observas, sé que te detienes en mis caderas y mi nuca humedecida por el calor de la noche. Salgo y me giro para desearte buenas noches y las puertas se cierran. No sé si le volveré a verte pero realmente eres atractivo.

No me levanto excesivamente pronto, preparo mis cosas y voy donde me han indicado: una playa de arenas blancas, pequeños refugios de rocas y un agua cristalina recorre todo el horizonte. No hay nadie, elijo uno de los refugios de rocas y me desprendo de toda mi ropa. El sol broncea cada centímetro de mi piel, tengo calor y necesito refrescarme. Justo cuando voy a salir veo a alguien… ¡eres tú! No apartas la mirada de mí, al igual que yo no esperabas a nadie, te ha sorprendido verme pero no puedes apartar tus ojos de mis pechos. Eso me hace sentir incómoda pero no quiero que lo notes y sigo andando como si no estuvieses. El agua roza mis pies y se me eriza el vello de los brazos, está un poco fría. Sigo andando hasta que el agua me llega a las nalgas. No te veo, no sé qué haces y no quiero girarme pero tengo la sensación de que me sigues observando y por eso quiero provocarte. Meto una de mis manos en el agua y me mojo la nuca, dejando que las gotas recorran mi espalda, vuelvo a agacharme de forma sugerente para mojarme los brazos, lo hago despacio, deleitándome, como si el agua me estuviese acariciando. Me gustaría girarme, ver tu reacción y si ha surtido efecto. Mis pechos se han encogido por el cambio de temperatura pero noto la excitación en mi cuerpo. Me sumerjo y voy nadando para bordear las rocas de aquella cala y al volver me choco contigo. Nos sonreímos y al alejarme rozo una de tus manos, como si quisiera cogerla, como si quisiera decirte que me siguieras.

Ya en la orilla, me tumbo boca abajo para tomar el sol mientras el agua va refrescando mis piernas e incluso mis caderas. Veo que te sientas no muy lejos de mí, con las piernas extendidas. Se nota que también estás excitado aunque estás intentando controlarlo, recorro tu cuerpo con la mirada y desearía poder tocarte, sentirte más cerca para acariciarte. Volvemos a mirarnos y te sonrío a la vez que te hago un gesto para que te acerques. No nos decimos nada, no lo necesitamos, nuestros cuerpos hablan por nosotros y se desean. Te sientas a mi lado y uno de tus dedos hace dibujos sobre la parte trasera del muslo, subes por el glúteo te desvías a los costados y bajas por la espalda. El agua vuelve a mojar mis nalgas y las gotas dan un aspecto brillante a mi cuerpo. Siento como haces más presión sobre mi piel y tu mano masajea mi nalga izquierda. Abro un poco las piernas y aprovechas para descender lentamente hasta que siento cómo uno de tus dedos me acaricia de arriba abajo, haciendo movimientos suaves y pequeños y poco a poco a metiéndose en mi interior.


No sé si es el agua o soy yo pero siento que la humedad invade mi cuerpo, tengo los labios secos y dejo escapar un pequeño gemido. Me aprieto a ti y alargo mi mano para tocarte. Me apoyo en tu rodilla y voy subiendo por el muslo interno, me detengo y doy un pequeño respingo al notar dos dedos dentro de mí. Te acercas más aún y acaricio tus ingles. Tu erección ya es completa y dejo que mi mano te acaricie, subiendo y bajando al mismo tiempo que la tuya. Mojo mis dedos y hago círculos en la punta descendiendo por el tronco y rozando tus testículos. Tu respiración se acelera y dejas escapar varios gemidos. Nos estamos tocando a la vez, sintiendo el calor del sol y el agua que nos sorprende y nos refresca. Estamos excitados y nuestros cuerpos quieren más. Te ladeas y empiezas a besar mis hombros y mi espalda. Mis pechos se encogen al sentir tus labios y se me eriza la piel. Te colocas encima de mí, mordisqueas mis orejas y tu lengua recorre mi cuello en busca de mi boca. Levanto mi espalda y ladeo el cuello para en busca de tus labios. Nos besamos con pasión y deseo mientras tus manos tocan mis pechos erectos.


Me tumbas, me abres un poco las piernas y noto como te colocas. Siento como va metiéndose poco a poco, duro y te aprietas más a mí. Notas el calor, la humedad, el agua… sientes como las paredes se abren, un suave cosquilleo que recorre todo tu miembro y te llena de placer. Subo las caderas y sigo tus movimientos, sales para volver a entrar, sin prisas, deleitándote dejándote llevar por las sensaciones. Me agarro a tus brazos y te digo que sigas, arqueo la espalda para sentirte más dentro y las embestidas cada vez son más rápidas. Sientes como mi respiración se acelera, mis gemidos son cada vez más intensos. Sigues empujando agarrándome de los hombros, estoy acercándome al orgasmo, mis paredes se contraen cada vez más y más y ya no puedo contenerme. Clavo las uñas en la arena y mis contracciones te hacen llegar al orgasmo casi a la vez. Los dos gemimos y nuestros cuerpos se tensan del placer que nos invade. Te dejas caer hacia un lado, los dos boca arriba, recuperando el aire y dejando que las olas se lleven los restos de nuestro intenso encuentro.