lunes, 16 de febrero de 2015

No sin mi barba

La moda nos persigue y condiciona nuestra vida. Nos fijamos en los complementos o los colores que se llevarán en la siguiente temporada o copiamos los looks de las celebrities. También modificamos nuestro aspecto físico según las tendencias: piercings, tatuajes, cortes de pelo… Parece que únicamente es el sector femenino el que está más pendiente de estas cosas, sin embargo, los hombres también se suben al carro de seguir las tendencias y muestra de ello es la nueva moda masculina: la barba. Sí, ahora es lo que se lleva o más bien lo que se vuelve a llevar porque la barba no es novedosa.

Un hombre con barba da una apariencia distinta a un hombre afeitado y es justo por ese cambio por lo que ahora los hombres se niegan a pasar sus mentones por la cuchilla. Según parece, la barba da sensación de seriedad, respeto y alto estatus social. Sin embargo, para mi, pierde en la percepción de los gestos o incluso de las emociones. ¿A lo mejor es que lo hacen por eso? Vamos, que si los hombres ya son enigmáticos en cuanto a revelar sus sentimientos, con una barba pronunciada olvídate de intentar leer algo en su rostro, va a ser imposible. Es más, ¿no os resultan agresivos? A mi sí y hay estudios que corroboran esto pero yo no quiero un hombre a mi lado que aparente agresividad, por el contrario, quiero alguien que su fortaleza resida en sí mismo y no sea necesario aparentar nada.

Hay barbas y barbas. Ben Affleck es atractivo con ella y sin ella aunque imagino que con su nuevo look quiere alejarse del joven guaperas de sus inicios en el cine para dar una imagen de hombre maduro e intelectual más acorde a su faceta actual de director cinematográfico. Lo mismo le sucede a Leonardo Dicaprio o Brad Pitt, ambos rubios de ojos claros con rostros bastante juveniles. Eso sí, el sexy de Brad nos tiene acostumbradas a verle con diferentes cambios de looks, ya sea con melena, con perilla, afeitado, engominado… o como requiera el guión. Yo si tengo que elegir entre tipos de barbas, me quedo con las de tres o cuatro días. Cierto es que son las que más pinchan si besas o acaricias a un hombre pero me resultan más atractivos así que con barbas mucho más largas. Miguel Ángel Silvestre sabe sacar partido de esa imagen de chico rebelde y misterioso. No soy fan del actor ni he seguido su trayectoria en las series en las que ha participado, sin embargo, he de reconocer que esa barba de tres días le hace muy sexy. Y ahora los hombres dirán que así se muestra que a las mujeres únicamente nos gustan los hombres malos, y no, la diferencia no está en la “maldad” sino en la seguridad que un hombre nos llega a trasmitir.

Dos cosas que no me seducen de las barbas: comer y besar. Sí, porque a ver, si ya cuando comemos de forma normal nos manchamos un poco y tenemos que recurrir a la servilleta, no creo que comer teniendo barba sea muy sencillo. Sopa con fideos, spaguettis o simplemente cualquier plato con salsa, puede acabar derramándose en esa poblada mata de pelo y ya sólo de imaginar cómo se tendría que limpiar me da un poquito de grima. Tampoco me resulta agradable la idea de besar a un barbudo. Cuando besas a un hombre con unos días sin afeitar, todas sabemos que pinchan y eso hace que acabemos con la zona de los labios y mejillas algo irritadas y enrojecidas por el roce. Puede que besar a un hombre con barba sea algo más suave pero lo que sí es evidente es que, de alguna u otra manera y en algún momento, tus labios y tu lengua van a tropezar con pelos mal puestos o mal colocados. ¿Y qué haces? ¿Te separas del pobre muchacho? ¿Le miras con horror como diciendo “¡qué hace eso ahí!”? Como es lógico, no, seguirás y disimuladamente intentarás apartarlo como puedas y sin que resulte demasiado descarado. Otra cosa que veo de impedimento es que no puedes acariciarle el rostro. El contacto piel con piel es muy romántico, seductor e incluso sensual y sexual ya que las caricias en sí mismas trasmiten muchas sensaciones que nuestro cuerpo recibe con entusiasmo preparándonos para lo que vendrá a continuación. En esos momentos de intimidad, a mi me gusta acariciar y besar las mejillas de mi acompañante, poder recorrer su cara con mis manos, masajearle suavemente las sienes con mis dedos, posar mis labios en diferentes puntos de su rostro… Y con la barba no se puede, porque tapa mucha piel y no es accesible.  Si tienes confianza con él, le puedes decir que se arregle o que se recorte un poco la barba aunque dudo mucho que se vaya a afeitar si se lo pides. A pesar de eso, debo de decir que sí hay hombres que para agradar se afeitan si es necesario. A mí me ha sucedido en varias ocasiones. He de decir que no eran hombres muy barbudos pero sí con barba de más de una semana o incluso perilla y que, sabiendo mis gustos, decidieron sorprenderme sin que yo les pidiera nada. Eso hace que ganen puntos pues es todo un detalle que aún sintiéndose cómodos sin afeitarse lo hagan por agradarte, algo que nosotras también hacemos cuando queremos ponernos guapas y gustar a tu pareja.

Sí, a mi me atraen los hombres afeitados, con la cara limpia y suave. Y no sólo por lo que he comentado antes de acariciarles, sino también por una cuestión visual. Me resultan más llamativos los chicos sin barba porque puedo apreciar sus facciones y sus gestos sin obstáculos. Además me parecen más simpáticos, fiables, sinceros, saludables… Puede que sea porque no me gustan los hombres demasiado mayores (la barba suele aparentar más edad) o tal vez que me fije mucho en un hombre alegre que me haga reír (la barba da una imagen de seriedad), el caso es que veo mucho más sexy a un hombre recién afeitado que con barba. Pero hay gustos para todo y también hay mujeres que los prefieren con barba. Es más, mi amiga Lorena dice que una barba bonita es a un hombre lo que un buen maquillaje a la mujer y para ella la barba resulta atractiva y elegante.


Hace unos años, el tipo de hombre que se llevaba era más bien juvenil y de cara despejada, ahora han vuelto los hombres rudos de melenas largas y mentones poblados. ¿Qué será lo siguiente? Por el momento, seguiremos viendo a hombres que apuestan por esta última tendencia e incluso a más actores que se sumarán a las filas de los nuevos hombres con barba.

lunes, 2 de febrero de 2015

Amar para toda la vida

¿Fidelidad? ¿Amor para toda la vida? ¿Amor verdadero? Parece el guión de una película romántica o de un cuento de hadas, o ambas cosas, como ocurría en la famosa película "La princesa prometida", donde promueven la idea de que el amor lo puede todo y que existe ese amor sincero para toda la vida. Pero este sueño ¿puede ser real? ¿puede llegar a cumplirse? No es por ser pesimista pero en la época en la que vivimos actualmente lo veo muy complicado, demasiado diría yo. Y sin embargo, es lo que todos buscamos, encontrar a esa persona ideal con la que compartir nuestros días, nuestras noches y nuestro futuro por siempre.

Nuestro gran problema: el egoísmo. Sí, admitámoslo, todos queremos mantener nuestra vida, nuestra independencia, que nadie se entrometa en nuestras decisiones. Nos cuesta hacer algo por otros y no queremos cambiar, es más, nos negamos a cambiar, a adaptarnos, porque nos gusta nuestra forma de vida tal como está. Ahora el amor se hace más difícil porque ninguno quiere ceder, en lugar de buscar la manera de que las cosas mejoren o de trabajar en equipo, cada uno tira hacia su lado y ninguno quiere ceder porque tenemos la idea de que "si tu ganas, yo pierdo". Lo malo es que la cuerda acaba tensándose tanto que acaba rompiéndose por algún lado y todos pierden.  ¿Quién no ha tenido una experiencia similar? Sin ir más lejos, yo misma, resistencia a adaptarse por su parte y cansancio de esperar por la mía. Quizás fuese el miedo al compromiso que tanto abunda en los hombres del siglo XXI, dificultad para adaptarse llegada una cierta edad de madurez o simplemente el concepto "compartir" se viera como antagónico de "independiente". Y pasó lo que tenía que pasar, tiré la toalla aunque ambos queríamos estar juntos. Ridículo ¿verdad? Pues esto es más típico de lo que parece, porque, aunque las circunstancias hacen mucho, somos nosotros mismos los que ponemos nuestras propias trabas.

Cuando se habla de Amor es inevitable hablar de Fidelidad, ¿es posible? Vuelvo a ser pesimista aunque no me gusta serlo: hoy en día la fidelidad es un valor prácticamente inexistente. La infidelidad siempre ha existido, incluso en épocas pasadas: hombres que buscaban el calor de otras mujeres cuando sus mujeres quedaban en cinta (o bien para evitar que esto ocurriera), mujeres insatisfechas y faltas de cariño. Eso no ha cambiado nada porque la verdadera razón para ser infiel reside en dos aspectos: Monotonía y el Conformismo. Cuando en una relación comienza la apatía, el aburrimiento, ambos integrantes se distancian tanto entre sí que llegan a convertirse casi en extraños, sólo alguien con quien compartir la cama para dormir pero se convierte en un trato más de compañeros de piso que de amantes. Pero nos conformamos con lo que tenemos y aceptamos que las cosas tienen que ser así, nos engañamos pensando que el amor evoluciona así, que eso es el matrimonio/relación, que hay que aparentar por la unión familiar...y muchas más excusas que nos decimos a nosotros mismos implemente por no salir de nuestro conformismo. Pero ¿eres feliz en una relación que no te llena? Seguramente no, y cuando eso ocurre, tienes todas las papeletas de ser infiel ¿por qué? Porque lo que tienes en casa ya no cumple tus expectativas y puede aparecer un tercero que sí las cumpla, momento en el que empiezan las dudas y el peligro. En la actualidad, el peligro de infidelidad es mayor debido a la tecnología: redes sociales, webs para solteros, webs que fomentan las relaciones extramaritales, webs para ligar, moviles, skype...

Y es que ahora aguantamos mucho menos. Hombres y mujeres nos hemos vuelto muy exigentes debido a las experiencias pasadas y por eso somos tan reticentes a ceder. Nosotras, que ya no nos casamos con el primer novio que tenemos, queremos que la otra persona no sólo colabore en las tareas del hogar sino que sea parte activa en todos los sentidos porque no se trata de hacer la compra, sino también de hacer la comida, no se trata de jugar dos horas con los críos, sino de llevarles al colegio, vestirles, acostarles, educarles. Ellos, que ya pueden estar independizados sin tener que casarse, no aguantan los reproches, las escenas melodramáticas ni que les pongan entre la espada y la pared, porque para eso prefieren estar solos sin que nadie les haga sentirse culpables cada dos por tres.

El sexo fácil también influye en este tipo de cosas, no sólo el sexo físico sino la posibilidad de encontrarlo. Ya no es sorprendente ver unos pechos desnudos ni a un hombre totalmente destapado por la web, es más, podemos encontrar artículos sobre sexo, consejos para mejorar (muchas veces basados en la propia experiencia y no desde un punto de vista del sexólogo profesional), imágenes y videos eróticos, compra on line de productos eróticos... La tecnología nos ha permitido mayor acceso a esta información, pero sólo hace falta echar un vistazo a la calle para darnos cuenta cómo ha cambiado la sociedad debido a la moda. No sólo son las adolescentes las que van enseñando más de la cuenta, mujeres adultas con escotes prominentes acaban proporcionando sexo a cambio de un poco de cariño y luego se quejan de que sólo las ven como trozos de carne. Una cosa es utilizar ciertas armas de seducción, otra cosa es que a la primera cita acabes con las piernas abiertas, que si eso es lo que buscas y lo tienes claro, estupendo, pero querer empezar una relación desde el sexo a la larga no va a funcionar. Y puesto que tanto para hombres como para mujeres el sexo llega a ser fácil, pierde novedad y el interés, es más, hay hombres que en este tema están apáticos. Eso sí, si encuentran algo que despierte su interés y les haga salir de la monotonía, no dudarán en buscarlo, más aún si es algo prohibido.


Divorcios express, rupturas después del verano, parejas que se pasan mirando el móvil mientras están juntos... el panorama la verdad es que no resulta muy alentador ¿verdad? Y sin embargo, en lo más dentro de nosotros deseamos, buscamos y anhelamos ese sueño del que tanto nos han hablado pero hay que recordar que "los sueños, sueños son".

domingo, 11 de enero de 2015

Vínculos emocionales y Dependencia emocional

Somos emocionales por naturaleza, y las mujeres más aún, principalmente porque nos han educado en expresar las emociones mientras que a los hombres les han inculcado el ocultarlas, así que, aunque ambos las tenemos, las expresamos de distintas maneras. Dentro de las emociones tenemos que hablar del apego o los vínculos emocionales. ¿Qué es el apego? Es ese lazo invisible que nos une sentimentalmente con familia, amigos o pareja. Esos vínculos no sólo son necesarios sino positivos aunque, a veces, nos dejamos llevar demasiado por ellos y no sólo nos perjudican sino que nos hacen caer en la impulsividad, los celos y, lo que es peor, en la dependencia.

En las relaciones hombre-mujer, hay personas que se vinculan emocionalmente más que otras. Tengo un amigo que quiere estar a buenas con todo el mundo y eso de quedar a malas con alguien o de dejar de hablarse no lo lleva nada bien. Y cuando se trata de mujeres se emociona demasiado pronto, las agasaja con desmesura y le acaban dejando en la estacada, bien porque le utilizan, bien porque le ven como “amigo” y se quedan con otro. A mi amiga Arancha le pierden las emociones cuando conoce a un hombre, si el muchacho le hace algo de tilín y sabe conquistarla, ella empieza a sentir emociones cada vez más fuertes, se deja llevar y, evidentemente, acaba sufriendo. ¿Por qué? Porque cuando lo emocional se suelta de golpe asusta. Es como una bomba de relojería que estalla en tus manos y no sabes muy bien cómo reaccionar. A mí me ocurrió en una cita con un chico que acababa de conocer hacía poco. Él era algo tímido pero la velada fue agradable. Al día siguiente, me escribió un mensaje en el que casi se me declaraba. ¡Pero si aún no me conoce! Dicen que los flechazos existen pero yo no soy de esa opinión, sólo puedo asegurar que alguien que se declara rápido, rápido se va.

Como he dicho, las emociones nos juegan malas pasadas y cometemos errores de impulsividad y celos. A ver, si estás conociendo a alguien las cosas tienen que seguir su curso, dejar que fluyan los acontecimientos y no precipitarse, sobre todo para ver qué camino va tomando vuestra primera toma de contacto. Puede que al ver que el otro no reacciona queramos tomar la iniciativa y aunque tomar las riendas es bueno hay que ser cauteloso y saber cómo hacerlo. El problema es que si las cosas no salen como uno quiere, nos entran los ataques de nervios y de ansiedad, no pensamos y reaccionamos a la ligera. Esto nos hace decir cosas de las que nos arrepentimos más tarde o bien actuar de una manera poco apropiada ante esa situación. Y como no podemos obligar a que el otro tenga las mismas emociones que las nuestras, debemos respetar sus acciones (aunque esto nos moleste) porque seguramente haya un motivo detrás que desconocemos. Es decir, nada de montar escenitas ni reproches y aceptar que probablemente no seas la mujer u hombre de su vida porque ¿cómo nos sentiríamos si nos lo hacen a nosotros? La vida da muchas vueltas y puede que ese no sea vuestro momento, quién sabe si en otras circunstancias podría salir bien, así que, por si acaso, no lo estropees porque quizás haya un mañana y, si no lo hay, no pasa nada.

El mayor error que cometemos es la dependencia emocional. Necesitamos que el otro nos diga lo bien que estamos, lo guapas que somos y que nos dé un cariño que nos falta para rellenar un vacío bien en nuestras vidas o bien en nuestros corazones. Alto ahí, ¡ALTO! ¿Qué alguien nos diga lo que somos? ¿Algo que nos falta? ¿Vacío? ¡Por favor! ¡Así estamos buscando a alguien que controle nuestra vida! Nadie tiene que decirnos lo que somos, eso tenemos que saberlo nosotros y creer en nosotros, porque si esa persona te dice que eres fea ¿te lo crees? Si te dice que no vales nada ¿te lo crees? Si no te sientes a gusto contigo mismo da igual que alguien te diga que vales mucho, nunca te lo vas a creer y eso te da todas las papeletas para depender de alguien emocionalmente. Tampoco es bueno buscar el amor para evitar la soledad o para sentirnos queridos. Hay personas que al no valorarse no se sienten merecedoras de cariño pero ansían a alguien que les haga sentirse queridos y suele ocurrir que dan con personas con caracteres más fuertes y dominantes que les exprimen, les anulan y por desgracia, pueden llegar al maltrato físico y psicológico. Y, por supuesto, el amor no consiste en tapar huecos porque no todo vale y tienes que saber qué quieres. Por tanto, lo primero de todo es quererte, valorarte y respetarte y lo segundo, ser tú quien lleve el control de tu vida.

Otra característica del “dependiente emocional” es que siempre está. Es decir, siempre está cuando el otro le reclama, acepta sus condiciones y llega un momento en el que no se sabe parar. Una situación muy típica es que el otro haga lo que quiera (que está en su derecho), que desaparezca de nuestras vidas y vuelva a aparecer, que nos ignore, que nos utilice… y un largo etcétera que nosotros nos vemos obligados a aceptar. Ojo, no somos nosotros los que hemos tomado la decisión de hacer lo que queramos, desaparecer/aparecer… es el otro quien lo hace porque hemos dejado que él controle la situación en todo momento. Ahora bien, como todos somos adultos y somos conscientes de que cada acto tiene unas consecuencias, ya sean positivas o negativas, cuando nos vuelva a reclamar se demostrará lo que estamos dispuestos o no a aguantar. Un ejemplo sencillo, si a un perrillo pequeño no le enseñas que no tiene que hacer sus necesidades en tus zapatos, siempre lo hará y no será culpa del perro sino tuya por no educarle. Pues bien, si en el momento en el que te reclaman aceptas sin más, no estás respetando tus propias emociones (seguramente estás dolida), actúas en contra de tus verdaderos pensamientos (en realidad sabes que no se merece que le hagas caso o le veas), dejas que te “pise” sin y demuestras que, haga lo que haga, siempre estarás para cuando él necesite y, por tanto, estás dando pie a que la situación se vuelva a repetir. Resumiendo, la culpa será tuya por no haberte dado a respetar desde el primer momento. Por tanto, si quieres evitar estas situaciones, aprende a decir “NO”: “No puedo”, “ahora mismo no me viene bien”, “me va a resultar imposible”, “ya te avisaré cuando esté libre”, “ya te llamo yo y quedamos”, “ya tengo planes”. Vamos, es demostrar que sigues con tu vida, participe o no en ella, que también tienes cosas importantes que hacer y gente con la que quedar y que no estás disponible sólo cuando él lo desee sino cuando ambos os pongáis de acuerdo.


En las emociones también ocurre algo peculiar, conectar con alguien tanto que, pase el tiempo que pase, cuesta deshacer ese vínculo, incluso aunque lo intenten ellos mismos o terceras personas. Hablo no sólo de parejas, sino de otras personas que nos han marcado en nuestras vidas (pueden ser amigos o incluso familiares) y que forman o han formado parte de nuestro entorno. Hace no mucho estaba en una fiesta con amigos y me acordé de alguien especial para mí que me hubiera gustado que estuviese allí. ¿Os ha pasado? Imagino que sí. Es ese deseo de compartir esos buenos momentos con alguien que te importa: un concierto, un viaje, una película muy buena. Estar ligado emocionalmente a alguien, pensando en que sea recíproco, nos hace ser nosotros mismos y sentimos al máximo. El inconveniente es que somos un libro abierto y, por tanto, más vulnerables, las cosas buenas las magnificamos y las cosas malas nos afectan con más intensidad. ¿Podemos controlar las emociones? No. ¿Podemos controlar nuestro comportamiento? Sí. ¿Podemos aprender a no depender emocionalmente de otro? Sí. Sólo necesitas una cosa: Confiar en ti.

domingo, 21 de diciembre de 2014

El arte de seducir

Tengo amigos y amigas que dicen que el amor no debería ser complicado, que si te gusta alguien y que si a esa persona también le gustas, por qué no decirlo sin más, sin rodeos ni miramientos. Y, aunque tienen parte de razón, el amor no puede ser simple porque le influyen muchos factores: ambiente, carácter, físico, química, sensaciones, emociones, pensamientos… Pero hay algo fundamental de lo que no podemos olvidarnos: La seducción. Seducir es un arte. Igual que el pintor se forma una idea de cómo será su cuadro o un escultor va moldeando a su gusto su obra, el seductor tiene que saber cómo seducir y a quién va seducir. Además, la seducción es un juego. Es un juego en el que hay que hacer el papel del seductor y del seducido, a retirarse de la partida en el momento adecuado y retomarla donde se quedó, a confundir al contrario y procurar que no nos confunda. ¿Fácil? No, no es fácil pero sí es posible aprender y, aunque no hay reglas específicas, dejo unos consejos básicos que seguro que vienen muy bien.

La actitud es muy importante, ya que afecta no sólo a nuestra forma de pensar sino a nuestra postura y a cómo nos ven los demás. Seguro que a una entrevista de trabajo no vas cabizbajo, ni desanimado ni con la certeza de que no vas a pasar el proceso de selección ¿verdad? Todo lo contrario, vas elegante, con el curriculum bien aprendido y pensando cómo convencer al entrevistador de que eres el candidato perfecto. Pues en las citas es exactamente lo mismo, tú eres el “producto” y vas a venderlo a un posible comprador, por lo tanto, tienes que saber venderte. Para ello, lo fundamental es la confianza y la seguridad. Confianza en que realmente eres lo que necesita y seguridad a la hora de expresarlo. Como mujer, piensa que eres estupenda y que puedes conseguir a quien te propongas. Ojo, no estoy diciendo que mires por encima del hombro ni vayas de divina por la vida, se trata de gustar no de parecer arrogante. Como hombre, debes demostrar que sabes lo que quieres, que no dudas ni tienes miedos, y digo demostrar, no que realmente sea así. Siempre se piensa que a las mujeres sólo nos atraen los hombres caraduras y no los buenazos, que preferimos aquellos que nos hacen sufrir más que a los que nos tratan bien desde el principio. Pues os equivocáis. El problema es que los caraduras tienen una seguridad que hace que nos fijemos en ellos, tienen desparpajo, son resueltos, convincentes y no dudan en decirte lo que quieres oír, esto hace que bajemos la guardia. Es decir, son profesionales del engaño, camaleones que se camuflan dependiendo de cómo sea la mujer a la que van conquistar. Sin embargo, los buenazos no están seguros de que vayan a gustar, no saben muy bien qué decir o qué hacer para no parecer pesados o su propio miedo hace que sean demasiado empalagosos. También suelen hacer un amplio despliegue de medios de caballerosidad que más que dejarnos sorprendidas y caer en sus brazos, nos hace sospechar y nos mantenemos alerta, algo que hace que las posibilidades de triunfo sean más escasas.

Por eso, hay que ir poco a poco, con calma y con paciencia. Dejarse llevar por los impulsos nos hace cometer errores garrafales que dan al traste con nuestros propósitos. No valen las declaraciones en las primeras citas ni mostrarse ansioso por saber cuándo os volveréis a ver. Tampoco son bien recibidos los reproches, las escenas de enfados sin venir a cuento ni las quejas por no mantener un contacto diario. El interés se va mostrando despacio porque si uno da todo desde el principio ¿qué más queda por dar? Hay que conseguir que la otra persona vaya cogiendo el gusto a estar contigo, que quiera seguir conociéndote porque le gusta lo que ve. Hoy enseñas un poco, mañana otro poco y así hasta que llega el momento ideal en el que no hace falta declararse porque sobran las palabras, las miradas lo dicen todo.

Y ya que hablamos de miradas, para seducir hay que observar. ¿Está receptivo? ¿Está a gusto? ¿Le interesa lo que digo? ¿Se aburre? ¿Le atraigo? Todo esto podemos saberlo por su comportamiento pero, sobre todo, por su postura. Si estáis sentados en una mesa, fíjate en cómo está sentado, si tiene una postura cómoda y relajada o si parece en tensión. Por ejemplo, si la persona con la que estás hablando está frente a ti, sentada de lado y con un brazo apoyado delante de la mesa cubriendo parte de cuerpo, eso es una barrera, está cerrando tu campo de visión y se protege. Los brazos cerrados significarían algo similar, es no estar dispuesto a “abrirse” al otro y recostarse en la silla es “alejarse”. Cuando su postura indique comodidad aprovecha a imitarle o fíjate si te imita, inconscientemente solemos imitar aquello que nos es grato o con lo que estamos a gusto. Hay muchos libros  sobre comunicación no verbal que pueden darte más detalles pero el mejor indicativo es la experiencia y puedes practicar esta observación en cualquier grupo de amigos.

Y si no se de él en un tiempo, ¿debo escribir? ¿Espero? Hay una norma no escrita por la que no se suele llamar o escribir el mismo día después de la cita o el día de después, esto resultaría precipitado y ansioso. En caso de que lo haga es que muestra interés pero también hay que tener en cuenta lo que se dice, un “lo he pasado genial y espero repetir, he estado muy a gusto” aunque parece que no dice mucho pero suena igual que una declaración. Lo normal es dejar unos dos o tres días después de la cita, si pasa una semana y sigue sin dar señales, ve pensando que la cosa no va a funcionar. En este caso, puedes dar el paso, eso sí, sin reproches ni preguntas de por qué no ha llamado. Puedes arriesgar y aventurarte a proponer una nueva cita pero en lugar de preguntar directamente, tantea el terreno primero. Si no contesta o te da un no por respuesta, no insistas más. La pelota ya está en su tejado y es el otro quien debe proponer si tiene interés. ¿Pasan los días y no da señales? Haz tu vida, sigue con tus planes, no esperes a que te llame para planificar y no te molestes en volver a preguntar, ya que no merece la pena escribir a quién no tiene tiempo de contestar. Sabe como localizarte, si no lo ha hecho, por algo será. Acabará llamando y puede que te proponga un plan y justo tú ya tenías los tuyos, no los deshagas, ha llegado tarde y tendrá que esperar, si quiere verte, esperará. Hay que saber decir que no, aunque tampoco constantemente porque eso cansaría, simplemente es demostrar que tu tiempo también es importante y que no pueden usarte de alfombra cuando quieran. Vamos, si te valoras, te valorará y si marcas los límites sabrá exactamente que eres un “rival” duro de ganar.


Seducir requiere tiempo, dedicación, práctica. Se cometen errores y de ellos se aprende y se vuelve a intentar. Seducir es adaptarse al otro porque no somos iguales y cada uno tenemos puntos fuertes y débiles distintos. Seducir es conocer, observar, interpretar, conquistar. Seducir no es engañar ni mentir, es resaltar tus cualidades y disminuir tus defectos, es crear y fomentar el interés del otro hasta que ese interés se mantenga por sí sólo. Por todo esto, Seducir es un arte.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Decepciones con los hombres

Hace unos días estuve cenando con varias amigas y todas llegamos a la misma conclusión: estamos decepcionadas con los hombres. Las mujeres de un rango de edades de entre los 30-40 años estamos no sólo desencantadas sino desconcertadas con la actitud de los hombres de hoy en día. Sí, y no se trata de una generalización sino que partimos de experiencias propias, tanto pasadas como recientes, y vemos como una y otra vez los hombres tienen un comportamiento que no les deja en muy buen lugar. Podríamos decir que hay excepciones, que siempre hay alguno que se salva, esos hombres buenazos que casi son tan achuchables como ositos de peluche...pero esa idea la hemos tenido que tirar por tierra porque también hemos sido víctimas de este tipo de hombres.

Lo que viene siendo habitual es un repentino cambio de actitud. Hoy eres su musa y mañana ni te habla, de pasar horas y horas hablando contigo por whatsapp a desaparecer durante varias semanas, de echar de menos vuestras citas a evitarlas. Por favor, ¿alguien me puede explicar este cambio de un día para otro? Porque puedo entender que con el tiempo las cosas cambien, las circunstancias no sean las mismas, no se tengan los mismos intereses o prioridades… pero estamos hablando de un cambio de idea ¡en un día! Así, sin más, y tú que ni te lo esperas cuando esto ocurre lo primero que piensas es en el por qué ha sucedido, qué ha pasado para que sin una explicación aparente tenga este comportamiento. ¿Lo primero que haces? Preguntarle. Craso error, siempre te va a decir que no pasa nada, lo único que puedes lograr es que te diga que son cosas suyas o que tiene muchas cosas en la cabeza. Perfecto, sí, eso me deja más tranquila y me da una explicación satisfactoria ¿verdad? Pues mira bonito, no, esto no me vale porque, evidentemente, algo pasa y no es precisamente bueno. En esta época en la que las redes sociales están en auge y que podemos comunicarnos de forma inmediata, aquel que deje de hacerlo no es porque no puede, sino porque no quiere. Hay tiempo de sobra para enviar un “buenos días” o un “hola, ¿qué tal?” porque hasta ese momento seguro que siempre lo ha habido, así que, ¿por qué ya no? Muy sencillo. Miedo.

Bueno, más que miedo, habría que decir, agobios porque parece ser que los hombres de ahora son muy sensibles con el tema del Amor, los sentimientos, las relaciones… y no sé muy bien qué les pasa pero ellos mismos se forman una película en sus cabecitas y debe ser que se les enciende esa lucecita de “echa a correr mientras puedas”. Y aunque nosotras nos rebanemos los sesos pensando que hemos hecho algo, no, no nos equivoquemos, son ellos los que se crean sus propias fantasías, muy probablemente porque o bien no tienen superada su última ruptura, que suele ser muy normal aunque no quieran reconocerlo, o bien que teman perder su libertad e independencia. Así que, hacen como el avestruz, cabeza a tierra, no quiero saber nada y desaparezco. Esto, señores, es de cobardes, porque si no se tienen las cosas claras, si se está agobiado, si no se tiene un buen día… ¿tan difícil es decirlo a la cara? A ver, puede que cueste decirlo, que sepas que a esa persona no le va a gustar lo que le digas pero la callada por respuesta no es la mejor alternativa. Es más, a mí cuando un hombre actúa de esta manera me hace desconfiar porque me planteo que ante otros problemas que puedan surgir, de mayor o menor gravedad, su reacción siempre va a ser la huida en lugar de afrontarlos. Y esto me sorprende y me desconcierta mucho más cuando lo hacen hombres a los que crees que tienen las cosas claras y parecen seguros de sí mismos.

Lo más curioso de todo esto es que justifican su huida cambiando de forma de pensar:”bueno, es que como no tenemos nada en común, para qué vamos a perder el tiempo, “como no quiero hacerle daño voy a dejar enfriar la situación”. Vamos, es buscar una simple excusa para no verse como los malos aunque son conscientes de que no lo están haciendo bien. Otra forma de excusarse es culpándote a ti o involucrarte en el problema. Frases como “yo no te prometí nada”, “hemos ido demasiado rápido”, “me estoy agobiando” suelen ser de las más usadas. A esto tengo que decir que conocer a las personas lleva su tiempo y de un día para otro sólo se ve lo superficial. Tampoco hablamos de promesas porque cuando te interesa alguien y estás cómodo con esa persona, haces las cosas porque sí, no como una obligación y es el tiempo el que va demostrando si algo funciona o no. Lo que pasa es que cuesta asumir ciertos riesgos y a veces esperamos que lo haga el otro. En este caso es el “me alejo para que la otra persona se percate” o “me porto mal con esa persona para que me deje”, algo que, por cierto, me parece penoso pero que lo he oído decir en boca de varios hombres.

Un tema peculiar y que veo que se relaciona, de alguna u otra manera, con estás huidas de los hombres es el Sexo. No sé por qué (y la verdad es que no lo entiendo) pero a veces ocurre algo que les hace cambiar su perspectiva y no te ven de la misma manera como mujer, vamos, que no te desean o dejan de hacerlo. No me refiero a que no les guste como hagas ciertas cosas sino que en el proceso pueden surgir “cosillas” que luego les hagan dudar de ellos mismos. Hablo de eyaculaciones precoces, gatillazos, roturas de preservativos, quedarse dormidos… o simplemente el hecho de saber que en la siguiente cita ocurrirá algo más que cuatro besitos en los labios y puede que no lo tengan del todo claro. Lo primero, muchos de los problemas sexuales son psicológicos, no físicos y segundo, no creo que seamos críos como para no poder tratar estos temas abiertamente, al menos con una persona que estás cogiendo confianza y que puede que ya has visto sin ropa. Quizás no es un tema de conversación para tratar en un bar con unas cervezas en la mesa, pero nosotras también tenemos nuestros propios miedos, tabúes o dificultades en el tema sexual, ¿por qué no se va a poder hablar de ello y comentar las cosas que le gustan o disgustan a uno?

Sea como sea, las mujeres cuando nos encontramos ante este tipo de situaciones pasamos por varias etapas, es el proceso que yo llamo IDI: Indignación, Decepción, Indiferencia. En el momento en el que ves que directamente te ignoran te sientes rechazada por una persona que había logrado tener tu confianza. Ese chico que creías que era simpático, educado, agradable de trato, con el que te sentías a gusto, que sabía cómo sacarte una sonrisa o los colores. Ese chico encantador que te decía lo guapa que estabas y se le notaba ansioso por besarte y que besaba bien. Resulta que es el mismo chico que te retira la palabra, que no da explicaciones y que se siente molesto si se las pides, que se agobia si le insistes y que ya no quiere verte. Te indignan las formas y que ha demostrado que no te ha valorado. Pero realmente te enfadas contigo misma por haber depositado tu confianza en alguien que no la merecía o, al menos, en haber confiado demasiado pronto dejándote llevar por sus palabras bonitas y su cara de niño bueno. Le sigue la decepción, una decepción no sólo como hombre sino como persona y puede que en algún caso como amigo. Una decepción que se generaliza a todos los hombres al darte cuenta de que al final todos acaban teniendo una actitud similar, que conozcas al hombre que conozcas lo más probable es que te acabe decepcionando igual. Y por último llegas a la indiferencia cuando deja de importarte no sólo lo ocurrido sino la persona que te lo hizo porque ¿para qué tener en tu vida a una persona que es capaz de tratarte así?

El problema es que en muchas ocasiones acaban volviendo y no sabes qué hacer. Unos escriben como si nada pasase, otros no tienen muy claro qué decir. Son momentos peligrosos porque aún estás decepcionada y puedes ser como un volcán a punto de explotar pero una nunca puede perder los papeles. Nada de reproches ni pedir explicaciones, te ha escrito ¿no? Deja que hable y saber lo que quiere. Parece que vuelve a interesarse pero cuidado con estas cosas, las segundas oportunidades son como las segundas partes de las películas, nunca fueron buenas (eso dicen). Eso sí, esto no lo sabes hasta que has dado varias segundas oportunidades y ¡oh, sorpresa! te vuelven a hacer lo mismo. Y es que el que lo hace una vez tiene posibilidades de hacerlo otra, y si lo hacen dos... no lo dudes, habrá una tercera, ¿vas a dejar que ocurra?

Imagino que muchos de los hombres que puedan leer esto no estén de acuerdo. Seguro que piensan que ellos nunca lo harían o que nunca lo han hecho, que no son así o que actuarían de otra manera. Tú, sí tú, hombre que me estás leyendo, antes de juzgar mis palabras haz un examen de conciencia y piensa si de verdad estás dispuesto a tener una relación, si de verdad tienes las ideas claras, si de verdad eres capaz de decir las cosas a la cara y no escurrir el bulto. Piensa si eres capaz de dedicar parte de tu tiempo a otra persona sin que ésta te lo pida, sino porque te apetece, si te has sentido agobiado y por qué, si tienes miedos que te cuesta reconocer. Sé sincero contigo mismo y reconoce si has superado del todo tus rupturas anteriores y si han quedado olvidados fantasmas del pasado. Piensa sí sabes asumir tus decisiones y afrontar los errores, si justificas tu conducta para no sentirte mal contigo mismo o si buscas excusas poco creíbles. Y después, me gustaría verte en una situación real y ver si realmente haces lo que piensas que harías.


En fin, no quiero ser pesimista y espero que en algún lugar haya un hombre que de verdad sea valiente como para no sólo reconocer sus errores sino que le importes lo suficiente como para que quiera quedarse de forma permanente en tu vida.

sábado, 22 de noviembre de 2014

Mentiras de Mujer

Últimamente estoy muy revolucionaria, reivindicativa e indignada con comentarios o artículos que voy encontrando en la red sobre las mujeres. Esta vez toca a las supuestas mentiras que decimos las mujeres y que los hombres no se creen. Lo que me gustaría saber es quién escribe este tipo de cosas y con qué tipo de mujeres ha dado, más que nada porque podría llegar a pensar que es algo misógino o que los comentarios están llenos de rencor y con poca veracidad. Es más, es muy común que cada uno interprete (o malinterprete) lo que quiera de unas palabras o hechos según convenga y en un contexto determinado.  Bueno, desmiguemos punto por punto esas cosas que no se creen los hombres.

Celos: Parece ser que decir "no soy celosa" no es creíble, vamos que si lo dices te van a mirar mal, casi como si tuvieras un luminoso en la cara diciendo "soy peligrosa, no me creas". También se considera que en realidad no nos gusta que nuestro novio tenga amigas o se relacione con ninguna mujer y que no te hace ninguna gracia que se vaya de fiesta con los amigos. Vaya, volvemos a ver como una y otra vez la mujer se iguala a una cárcel. Pues bien, dudo mucho que a un hombre le haga gracia que salgas muy habitualmente con tus amigas, de las cuales una de ellas es la más ligona del grupo y la que siempre lia a sus amigas con alguno. Tampoco creo que le guste mucho que te pongas escotazos y minifaldas si vas a irte de fiesta y él no va a estar presente y, por supuesto, llegar a las 6 de la mañana y bastante contentilla no va a hacer que te espere con los brazos abiertos y con el desayuno preparado. Partiendo de esta base, los celos no son buenos ni pueden considerarse como una muestra de amor, sino que demuestran inseguridad y falta de confianza. Eso sí, la confianza es algo que se gana con el tiempo y, sinceramente, un chico que coquetea con todas lo va a hacer siempre y evidentemente, no sólo va a provocar celos sino que es lo que va buscando.

Controlamos todos los planes: Debe ser que somos unas egocéntricas porque sólo queremos hacer planes que nos gusten a nosotras sin que ellos puedan intervenir. ¿En serio? Si realmente me importa la persona con la que estoy, quiero hacer cosas en las que estemos cómodos los dos, que nos diviertan y podamos compartir, incluso actividades que le gusten más a él que a mi. Lo que no es bueno es entrar en la monotonía y hacer siempre lo mismo o, simplemente, no hacer nada. Hay hombres que se apalancan al sofá y les da pereza salir de casa aunque sólo sea para dar un paseo y eso no nos gusta. Así que cuando preguntamos ¿qué te apetece hacer? es para motivar al otro, saber sus gustos, lo que opina, hacer cosas nuevas... vamos, nada que ver con esa actitud marimandona en la que nos encasillan.

La nada: ¿Somos las únicas que utilizamos la palabra NADA? Los hombres recurren a su "caja de la nada" continuamente. Olvídate de saber lo que está pensando, su respuesta siempre será "En Nada". Puede que le veas serio y pienses que ha tenido un mal día, pero cuando le preguntas, te contesta que no le pasa nada y no le insistas, no te va a contestar. Si le llamas y le preguntas por lo que está haciendo, te podrá decir que nada y no sabrás cómo seguir la conversación. Y si me enfado y no te contesto pero ves que tengo cara de cabreo, evidentemente lo que espero es que sepas el motivo de lo que has hecho y no tener que explicarlo, mas que nada porque somos pareja y como tal deberías conocerme suficiente para saber qué me gusta y qué no.

Es tu decisión: El "Haz lo que quieras" o el "Tu mismo" lo decimos cuando la discusión ha llegado a un punto muerto o cuando te das cuenta de que no vale la pena seguir si no te está entendiendo ni te va a entender. Digamos que podría traducirse también por "estoy cansada de estas tonterías porque sé que no me vas a hacer caso y me vas a cabrear mucho más". También puede pasar que tu pareja sea muy cabezota y no te quede más remedio que soltar esa amenaza que, aunque no les gusta nada, ni les intimida ni a la que hacen caso. Eso sí, ¿adivináis quien se va a ir a la cama sin fiesta o a dormir en el sofá?

Las mujeres bellas: Evidentemente sabemos qué chicas son guapas y cuales son más imponentes que tú, también sabemos los gustos de nuestra pareja y somos conscientes de que se le irán los ojos detrás de una chica con un escote impresionante (bueno, ¡si es que se me van hasta a mi de envidia!). ¿Que tenga amigas atractivas? Realmente siempre va a haber una rivalidad entre mujeres pero no hasta el punto de querer que no se acerquen a él, aunque me gustaría saber qué es lo que piensan ellos cuando resulta que quedas con tus propios amigos y hablas de uno en concreto más de lo normal y que justamente sea un chico que va al gimnasio, es inteligente y, lo más peligroso, soltero y con ganas de marcha. Y otra cosa, a nosotras también se nos van los ojos detrás de chicos más sexys, atractivos e imponentes que nuestras parejas, ¿eso quiere decir que también ellos piensan en las mil maneras de que no se acerquen a nosotras?

Cuestión de tamaño: Y dale... ¡cómo no...el temita del tamaño! Pues ¿sabéis? Eso es una cosa que os acompleja más a vosotros y son los hombres los que más importancia dan al tamaño de su miembro y perdonad que os diga pero estáis muy equivocados al pensar que lo que importa es "vuestro" tamaño. Pues no, lo que importa es el tamaño que "nosotras" podemos admitir, es decir, la capacidad. De nada sirve tener un BOING 747 si el hangar para meterlo es para una avioneta o que te encuentres con un Biplano cuando tu puedes admitir mucho más. ¿Los pechos importan? Claro que sí, pero ahora los sujetadores están tan avanzados que puedes tener dos tallas más sin problemas o mejorar la forma y visión con sujetadores de diferentes modelos. Y si no, siempre queda el bisturí aunque a mi, de momento no me convence.

Usando la tecnología: Una cosa que siempre me ha molestado y que ahora es muy común, es que mientras alguien está contigo esté usando el móvil y más si es tu pareja. En esos momentos te intriga con quien estará chateando porque si le interesa más la conversación de móvil que estar contigo será porque esa otra persona es mucho más importante para él. Pero igual que a mi no me haría gracia que me cotillease mi móvil, yo tampoco lo hago, aunque ambos lo pensemos alguna vez. ¿Acaso creéis que no se da cuenta que sonríes a la pantalla del teléfono cuando escribes? Seguramente es por un cotilleo que te está contando tu amiga pero él también pensará mal, no lo dudes.

Un gran tabú, la masturbación femenina: Por desgracia, la masturbación femenina aún es un tema "oscuro". Llevamos a rastras años y años de ocultación y de despojarnos de la oportunidad del placer porque el placer sólo estaba permitido a los hombres. Es cierto que la mentalidad cada vez es más abierta en estos temas pero no deja de ser algo demasiado intimo como para ser del todo sincera. Ojala las cosas cambien y el "amor propio" tanto masculino como femenino sea visto como algo natural y normal.

No quiero que me mantengan: Bueno, de momento no soy famosa, no soy modelo ni actriz y los chicos que conozco no son futbolistas, ni cantantes ni actores. A mi me toca vivir en el mundo real no en el de las revistas del corazón, un mundo en el que tengo que levantarme a trabajar, aguantar las tensiones de la oficina, ir a la compra, cocinar, hacer la casa... y desear que llegue el fin de semana para tumbarme en el sofá o salir con mis amigas. Y los hombres con los que me relaciono no tienen unos sueldazos, sino que cobran lo justo para pagarse sus gastos como todos tenemos que hacer. ¿Qué me gustaría que me tocase la Loteria o tener un novio como Brad Pitt? Pues mira, sí, porque de sueños también se vive aunque nunca se vayan a cumplir. Y que pasa, ¿qué los hombres no fantasean con conocer a una Angelina Jolie o Scarlett Johanson? Además, que no me digan a mi que no hay hombres que les gusta ser mantenidos, porque de esos hay tanto en el famoseo como en la vida real.

¿La primera vez?: A ver, a quien haya escrito esto... ¿con quién has dado, con una quinceañera? Por tus palabras creo que el problema lo debes de tener tú (y muy grande, además)  porque telita con el tipo de mujer que te gusta o, como dices, puede que peques de ser demasiado ingenuo. Sinceramente, no he recurrido a eso de "nunca había sentido algo así por alguien", primero porque no tengo que dar explicaciones de mi pasado y segundo, hay palabras mas cortas e incluso hechos que demuestran lo que de verdad sientes por esa persona. Además, a estas alturas de la vida y con experiencia a nuestras espaldas, la mayoría ya hemos pasado por amores imposibles, decepciones amorosas y relaciones sexuales. Por cierto, sobre todo en lo último yo ya los quiero que vengan enseñados y con la lección bien aprendida de lo que tienen que hacer. Así que, si se ha pasado ya la barrera de los 30 años, creo que esa frase no sólo está obsoleta sino que es de todo menos bonita y está fuera de lugar.

Dos caras: Vaya, así que de chicas encantadoras pasamos a seres perversos en unos meses. ¿me puedes especificar cuantos? Ni todos somos buenos buenísimos ni malos malísimos y como es normal cada uno tiene su genio que puede manifestarse de muchas formas (mal humor, gritos, silencio...). A ver si es que ahora resulta que los hombres nunca se enfadan ni sacan al ogro que llevan dentro para luego volver a su estado  natural. En ese caso, todos seriamos seres abominables, intratables y horrorosos ¿no?

Chica fácil: ¿Qué catalogas como "chica fácil? En este punto volvemos a tener esa visión negativa de una mujer que tiene sexo sin tapujos. Nuestro concepto de "chica fácil" dista mucho del que pueda tener un hombre y es que una puede tener sexo habitualmente pero la cuestión mas importante es el cómo lo consigue y, sobre todo, ni TODO vale ni TODOS valen. Es decir, no vas a llevarme al huerto cuando a ti te apetezca sino cuando yo también quiera y no me van a valer palabritas bonitas que se lleva el viento. Y tú, ¿eres un "chico fácil"?

Para ser sincera, creo que quien haya escrito esto ha tenido una reciente decepción y tiene un concepto bastante pésimo de la mujer, algo que no es ni normal ni sano. Muchas veces caemos en la generalización, bien por resentimientos o por experiencias pasadas, pero hay que ser conscientes de que las cosas siempre tienen una doble lectura y que podemos estar dando una interpretación equivocada. Un consejo, no hay mujer ni hombre perfectos pero si uno los mira bien sabrá sacar de ellos lo bueno y aceptar sus defectos porque ante todo, somos humanos.

Dejo el link del artículo del que hablo para que podáis juzgar por vosotros mismos:

sábado, 8 de noviembre de 2014

Sofa VS Cita

El próximo fin de semana tengo una cita y no sé qué ponerme. Es un chico que he conocido por internet, hablamos mucho y hace unos días me propuso quedar para conocernos y no lo dudé. La verdad es que estoy algo nerviosa pero sobre todo intrigada por cómo será en persona porque, aunque nos hemos visto por foto, realmente no puedo saber si será simpático, hablador, tímido… hasta que  nos conozcamos. Al menos es de los que sí tienen interés en tener una cita porque, por lo visto, hay hombres que prefieren un fin de semana de sofá, manta y película que quedar con una mujer, al menos eso es lo que aseguran en la revista masculina GQ. En uno de sus artículos, afirman (y están de acuerdo…claro) que el hombre del siglo XXI de unos 30 años de edad (vamos, entre los 30-40 diría yo) prefiere quedarse un viernes en casita, con su mando a distancia, su pijama de hace 15 años con agujeros, sus zapatillas de andar por casa viendo la televisión que acicalarse para una cita, es más, en su titular apostillan que el sofá y la película es mucho mejor que acostarse con alguien. Después de leer el artículo me quedo con cara de sorpresa y me pregunto… ¿esto va en serio? Ummm, no estamos en el día de los Santos Inocentes ¿no? O yo vivo en otro mundo o tengo la sensación de que los hombres han perdido fuelle, motivación y ganas. De acuerdo que en la época de nuestros padres y abuelos las cosas eran muy distintas, el concepto de la mujer era bastante sencillo (ama de casa y se acabó) y se aguantaba todo, quizás demasiado. No voy a entrar en el debate de las diferencias socio culturales de dos épocas, sólo puedo asegurar que los hombres de antaño tenían mucha más hombría de la que hoy en día muestran las nuevas generaciones. Y siguiendo con el tema de artículo, desmenuzaré punto por punto todo aquello que dicen que es tan fabuloso.

Comodidad: Según parece, el pijama gana a todo lo que pueda suceder porque todo se puede hacer en pijama mientras que arreglarse para una cita exige ponerse los llamados “calzoncillos de triunfar”. Pues bien, para nosotras tampoco es cómodo llevar tacones para que el culo nos haga más respingón, llevar un vestido lo suficientemente aparente para llamar su atención o pasarme más de una hora peinándome y maquillándome para estar atractiva. Hacemos esto por dos cosas: 1) porque si nos ponemos guapas nos sentiremos guapas y 2) porque queremos gustar y una imagen vale más que mil palabras. Evidentemente, también hay que mencionar que depilarse es un rollo, un hombre puede que se afeite a diario pero nosotras nos depilamos prácticamente enteras y ¿sabes? Eso no es cómodo precisamente. Hacerse las cejas tampoco y mucho menos usar “lencería de triunfar”, es decir, tangas y sujetadores de lazos y encajes que serán preciosos a la vista pero pican o molestan. ¡Ah! Llevar un hilito de tela que separa mis dos nalgas… pues no es lo que yo consideraría como el sumun de la comodidad ¿eh? Porque a mí también me gustaría poder llevar unas bragas de color carne o estar con mi pijama de ositos, con una coleta mal hecha y despeinada y con la cara lavada.

Tiempo: Supuestamente se gasta mucho tiempo y esfuerzo hasta llegar al objetivo de tener sexo, ya que se tienen expectativas muy altas, mientras que con la mantita y peli el tiempo invertido es escaso. Queridos amigos, ¿nunca habéis pensado que has perdido dos horas de vida en una película mala? Pues igual que una cita te puede salir rana, una película puede generar unas altas expectativas y luego ser el mayor bodrio de la historia. Además, si tu tiempo vale, el mío también, y probablemente en mi casa, mientras intento no enfundarme en unas medias sin que se rompan, yo también esté perdiendo el tiempo si es que me parece insulso, aburrido o baboso. Y por supuesto, si en la cama no se porta como debería, no cumple, me deja a medias o no da la talla, también estaré perdiendo el tiempo porque entonces, ¿para qué me he depilado y puesto mi tanga maravilloso si se pone a roncar a los 5 minutos?

Ahorro: Salir supone un gasto se mire por donde se mire, salgas con amigos, con tu familia o para una cita. Antaño se llevaba eso de invitar a la chica, algo que ahora está cada vez más en desuso, pero pague quien pague a mí también me supone un gasto: gasto perfume, gasto maquillaje, gasto los zapatos para ocasiones especiales, gasto tiempo (ya lo hemos mencionado) y gasto dinero, no sólo por desplazarme sino por las cosas que tengo que comprar o reponer cuando se gasten.

Nervios: A nosotras también nos entran los nervios. No engolamos la voz, como dice el artículo, pero no dejamos de pensar en la reacción que tendrá al vernos, los temas de conversación a tratar, no meter la pata, si caeremos bien o si le gustaremos. Según el artículo, una película aleja de la mundanidad y del aburrimiento. Vaya, no sabía yo que conocer a personas de sexo opuesto era algo mundano en las que las conversaciones sean artificiales y se consideren conversaciones de ascensor. Tampoco sabía que se pudiera catalogar aburrido conocer a alguien y no es que sea aburrido, es que la persona puede que no esté en sintonía con nosotros. He tenido citas en las que no he estado a gusto, una de ellas porque no hablaba nada y se producían silencios embarazosos, otra porque se hacía el gracioso hasta el punto de quedar ridículo y alguna otra porque sólo hablaba de sí mismo. Y todo eso sólo se ve in situ, no quedándome en casita por miedo a aburrirme. Cuando conoces a alguien y sientes que todo va fluido, lo que siempre se conoce como “hay química”, no hay lugar al aburrimiento, es más, se te pasan las horas volando sin darte cuenta e incluso te aguantas las ganas de ir al baño por no cortar la conversación. Así que, si no estás a gusto en la cita, no es por culpa de la otra persona, simplemente no conectáis y sólo lo descubrirás si tienes esa cita. ¡Ah! Un inciso, ya que hemos hablado antes de expectativas y sexo, hay veces que el sexo puede ser aburrido con un hombre que se cree que es un fiera en la cama o que lo está haciendo estupendamente, mientras que miras el reloj cuando no se da cuenta o finges un orgasmo para que se quite de encima.

Día D: Por lo visto, el artículo nos hace creer que un hombre después de la primera noche se plantea aspectos tan vitales como hacía dónde irá esto, si tiene que volver a llamar, que no está preparado para una relación… y la mejor frase que pongo literal “¡Pensé que me quedaba una semana de vida!”. Por partes. ¿Crees que por tener sexo una noche eso te convierte en alguien especial? No cielo, te equivocas. Hoy en día aún hay mujeres que ven el sexo como algo muy intimo, como algo que supone una unión, sin embargo, gracias a la liberación sexual de la mujer, para nosotras una noche loca es eso, una noche loca. Puede que te apetezca repetir pero eso no implica que nos queramos casar con nuestro amante o que ya consideremos que somos pareja, porque para eso, hace falta mucho más que unas horas retozando. De lo que aún no he salido del shock es lo de la “semana de vida”, ¿de verdad se tiene ese pensamiento de que una relación es una cárcel? Pues si un hombre va con esa mentalidad, va de pena, porque una relación no tiene que verse como algo que suponga una obligación o una pérdida de libertad, una relación se escoge libremente y se mantiene porque uno lo quiere y lo sano es poder mantener una vida independiente además de la conjunta con la pareja. Por tanto, avivar esa mentalidad de mujer=cárcel lo único que genera es perpetuar un concepto negativo que no debería de existir.


De todo lo dicho parece que estoy en contra del plan “sofá+manta+peli” y ni mucho menos. Lo cierto es que es un buen plan sobre todo en esos días fríos y lluviosos de invierno y si además tienes compañía, mejor que mejor. En lo que no coincido es en la comparación SOFÁ VS CITAS, si todos nos decantásemos por lo primero la vida sería un poco insulta y aburrida y casi pareceríamos ermitaños en lugar de seres sociables. En fin, yo estaré pensando durante estos días qué haremos, donde me llevará y si saldrá bien la primera cita…¡qué nervios!