martes, 24 de diciembre de 2013
¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!
Desde aqui quiero felicitar las fiestas a todos mis seguidores y lectores casuales. Espero que paseis estos días especiales con tranquilidad y que en vuestros corazones nunca deje de brillar la luz de la alegría y de la esperanza.
domingo, 8 de diciembre de 2013
Mujer y Sexo
Hay hombres que creen saber todo sobre la sexualidad femenina pero a
la hora de la verdad desconocen mucho sobre nosotras y el sexo. Y, por
supuesto, hay que añadir clichés sociales y culturales y los tabúes y
perjuicios que aún se mantienen sobre la sexualidad de la mujer. ¿Os habéis
fijado lo fácil que resulta la penetración en una escena de cama en cualquier
película? Se tiran en la cama, ella abre las piernas, él se coloca y… chim-pum,
ya está dentro. Ni previos, ni toqueteos ni nada de nada, bueno, es que no
tienen tiempo ni de disfrutar de los besos y caricias, parte importante para
una conclusión apoteósica. ¡Ah! Y sin olvidar la tan recurrida postura del
Misionero. ¿Acaso no hay más que se recurre siempre a la misma? Las mujeres tenemos
gustos y fantasías sexuales igual que cualquier hombre, algunas las compartimos
y otras son diferentes, en definitiva, nos gusta el sexo y queremos tener sexo.
Pero realmente ¿qué nos gusta que nos hagan? ¿Somos fáciles de
complacer? Nos gusta todo aquello que nos haga sentir. El hombre es visual,
imagina con la vista y su excitación pasa de 0 a 100 en un segundo mientras que
la mujer es más sensitiva, requiere su tiempo y necesitamos las caricias y los
besos para excitarnos y no únicamente entre las piernas sino por todo nuestro
cuerpo. El “SENTIR” lleva a “EMOCIONES”. En el sexo buscamos complicidad con el
otro, que haya pasión y algo de ternura para sentirnos deseadas. ¿Qué postura
preferimos? En este sentido cada mujer tiene sus preferencias y las variantes
son infinitas, desde estar encima para poder controlar la penetración hasta
estar tumbada boca abajo o incluso de lado. La elección de una u otra dependerá
del rol en el que se encuentre más cómoda (sumisa, dominante, activa, pasiva…)
y, sobre todo, aquella con la que el orgasmo sea más sencillo.
En la sexualidad femenina hay ciertos puntos controvertidos. Uno de
ellos es la práctica del sexo oral a la mujer. Se puede decir que practicárselo
al hombre ya se considera normal, se da por sentado que al hombre le gusta, sin
embargo, hay hombres que se muestran reticentes o que ni se plantean hacérselo
a la mujer, así como también hay mujeres que lo ven como algo desagradable.
Está claro que la anatomía es totalmente distinta y que la higiene es muy
importante, pero ¿acaso el pene no tiene los mismos inconvenientes? Pues
señores, tampoco es una maravilla vuestra “cosita” porque también puede oler,
saber, tener vello y sus fluidos no son precisamente un estupendo manjar. Otro
asunto delicado es la masturbación femenina y el uso de “juguetes”. Sucede lo
mismo que en el caso anterior, la masturbación femenina aún es un tabú, de
hecho, muy pocas mujeres son capaces de afirmar abiertamente que lo hacen y no
nos engañemos con la “falsa libertad” de la sociedad actual. Socialmente se sobreentiende
que el hombre lo hace, se ve como algo natural e incluso necesario, tanto es
así que si alguno es capaz de afirmar que no se toca, se le tacha de “raro” o
que tiene algún problema. Por tanto, si no es malo para el hombre, ¿por qué
tiene que serlo para la mujer? Tampoco hay muchas féminas que afirmen usar
juguetes sexuales, es algo que se lleva más en la intimidad y en el secreto. Lo
curioso del tema es que hay un amplio mercado de estos artilugios para nosotras
y no tanto para ellos, que se han tenido que conformar con las muñecas
hinchables y sólo hasta hace relativamente poco se han empezado a comercializar
otras variantes.
Y ya que hablamos de elementos adicionales, el mercado pornográfico se
ha dirigido principalmente al sexo masculino. No es que las mujeres no vean
películas porno, sino que mayoritariamente el perfil del consumidor suele ser
hombre y, por ese motivo, se da más relevancia a las fantasías masculinas que a
las femeninas en dichos metrajes. No obstante, me veo obligada a decir que el porno ha hecho
mucho daño al sexo. ¿Por qué? Porque hombres hechos y derechos se lo creen todo
y demuestran tener ideas preconcebidas. El cine X es útil para el divertimento
y placer pero es eso, ¡cine! Por otra parte, parece que las fantasías y deseos
sexuales de la mujer empiezan a reflejarse en la literatura, de ahí el éxito de
la famosa trilogía erótica “Cincuenta Sombras de Grey”, que en breve se va a
llevar a la gran pantalla, y la proliferación de libros eróticos dirigidos a un
público principalmente femenino.
En este punto, cualquier hombre se preguntará, ¿cuáles son las
fantasías sexuales femeninas? En general fantaseamos con situaciones que no nos
atreveríamos a hacer en la vida real o que no seríamos capaces de hacerlas, como
por ejemplo lugares públicos o concurridos o utilizar complementos como
esposas, correas o fustas. También imaginamos tríos, principalmente con dos
hombres aunque también con otra mujer, sólo que en este último caso pocas se
atreven a confesarlo. Y por supuesto, fantaseamos con hombres buenorros de
fuertes brazos y cuerpos perfectos, que nos satisfacen de mil maneras posibles
y son inagotables. A esos hombres les asignamos un prototipo y nos inventamos
una historia en la que trascurre todo el proceso de seducción y sexo. Puede ser
un jovencito mecánico lleno de aceite y sin camiseta, el monitor del gimnasio
que te ayuda a estirar después del entrenamiento, el policía que está a punto
de ponerte una multa y que es irresistiblemente atractivo o el bombero que ves
cada mañana haciendo abdominales. Estos hombres “espectaculares” de nuestra
imaginación pueden ser de otros países y culturas, ofreciendo un morbo añadido
de lo diferente y desconocido. Todo lo relacionado con la sexualidad de la mujer está dentro de un
halo de misterio y, sobretodo, existen muchos tabúes que provocan la aparición de
mitos o equívocos. Para empezar, el clítoris no es un botón que simplemente se
aprieta, es mucho más y está conectado a una gran cantidad de terminaciones
nerviosas, por lo tanto, es muy sensible y si se cuida y se trabaja con esmero los
resultados serán increíbles. También hay que recordar que los pechos no son
masas de harina para hacer pan ni los pezones son protuberancias para retorcer
o pellizcar. Cada mujer tiene un nivel de sensibilidad en los pechos y para
algunas, será placentero que se toquen con más intensidad mientras que otras
requieran más suavidad en el roce.
El gran mito por excelencia “El tamaño importa”. Pues bien, ni vamos a
ser hipócritas ni excesivamente bondadosos: el tamaño tiene una importancia
relativa. ¿Por qué? Porque sí, un tamaño impresiona pero eso no quiere decir
que nos guste, es más, cuando al tacto sientes que tu compañero sexual tiene un
miembro de gran tamaño lo primero que piensas no es “¡OH, qué bien, es
enorme!”, no, lo que piensas es “¡Madre mía! ¿Eso me va a entrar?” y ya vas con un poco de cuidado por si te va a
hacer daño. En estos casos, el susodicho ha de ser muy hábil para preparar el
terreno lo suficiente para que entre con suavidad y no como si fuera una Boa
Constrictor. También hay que tener en cuenta el grosor, mucho más importante
que la longitud aunque en ambos casos un tamaño grande dificulta el sexo oral e
incluso anal…no es necesario explicar el por qué. A este respecto, se olvida que nosotras también tenemos unas medidas y
hay un tope. Es decir, si una erección
de unos 18cm es el tamaño perfecto para una mujer en particular (cada una tiene
unas medidas distintas y admitirá tamaños distintos), más supone dolor y menos
no sentirá tanto. Así que, hombres, desprenderos de esa idea absurda de que el
tamaño importa pero no os confiéis pensando que “lo importante es que funcione”
porque funcionará en tanto en cuanto se adapte a la compañera de cama y del estupendo
trabajo que seas capaz de hacer.
Y no podemos olvidarnos de dos etiquetas que la mujer ha adquirido en
el sexo. La primera es que no nos gusta el sexo (siempre se menciona la excusa
del “dolor de cabeza”), y es un gran error, que no queramos tener relaciones
sexuales en un momento dado (principalmente porque nos hayamos enfadado con
nuestra pareja) no implica que no nos guste el sexo y es perfecto para quitar
dolores de cabeza y estrés. Y la segunda, es que preferimos hacerlo a oscuras
(lo que implica considerarnos vergonzosas), y no, a nosotras también nos gusta
ver lo que tenemos delante, así que, unas velitas o una luz tenue y todo
resuelto.
Poco a poco, la mujer se ha aceptado a sí misma y su sexualidad, algo
que ha permitido que tengamos más poder de decisión al respecto. Si te gusta
cómo te lo hace, DÍSELO, si no te gusta, ENSÉÑALE, si quieres sexo, PROPÓNSELO
y, sobre todo, NO TE CORTES.
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sábado, 23 de noviembre de 2013
Whatsapp Relaciones
Llevo
varios meses intentando quedar con mi prima Susana y no hay manera. Las dos
vivimos en la misma ciudad y más o menos tenemos unos horarios de trabajo
parecidos pero cada una tiene su vida: ella está casada y con dos críos, yo
estoy soltera, ella lleva a los niños a actividades extraescolares, yo intento
ir al gimnasio todos los días (aunque pocas veces consigo ir más de tres), los
fines de semana se va con su marido y los niños al parque o de excursión
familiar, yo quedo con amigas o con algún ligue ocasional… En fin, que
posponemos quedar a tomar café día sí y día también, eso sí, hablamos a diario
y no hay nada que no sepa de mi vida ni yo de la suya, y todo gracias a las
nuevas comunicaciones, entre ellas las redes sociales y, sobre todo, el whatsapp.
El
whatsapp, o cualquier otro servidor similar, ha revolucionado la comunicación
entre nosotros, de hecho, nos ha creado una necesidad e incluso hay adictos a
esta aplicación de móvil que no dejan ni un minuto de mandar y recibir
mensajes, así es normal que las baterías de los smartphones duren menos de un día.
Por eso, casa vez están más de moda las whatsapp relaciones. ¿Qué es una
whatsapp-relación(WR)? Es aquella relación que se basa fundamentalmente en el
contacto vía whatsapp a través de mensajes, caritas, fotos, videos… y en la que
el contacto directo es escaso o nulo, reduciéndose a una o dos citas al mes. Estoy
convencida de que sabéis de lo que hablo.
Una
WR puede ser familiar (como la mía con mi prima), amistosa o amorosa. Las
whatsapp relaciones amistosas son más llevaderas y fomentan el cotilleo. En
cuanto te instalas la aplicación no paras de hablar con tus amigos e incluso
contactos que habías borrado y te empiezan a escribir sin más. Es como un
vicio, les das los buenos días y las buenas noches, les mandas las fotos de lo
que comes y de lo que haces a cada momento, les pones caritas e iconos
divertidos. Sin embargo, cuando intentáis quedar, todo son complicaciones: que
si el viernes no puedo que tengo cena, que si el sábado me voy, que si entre
semana no se que, que si por la tarde no sé cuantos… al final no quedáis y así
pueden pasar meses. ¿De verdad se puede llamar a eso una amistad? En principio
parece que sí pero se pierde la complicidad y la confianza del contacto
directo. Es más, whatsapp puede dar lugar a confusiones en la interpretación de
lo que se escribe, ¿realmente queremos eso?
Por
otra parte están las conversaciones con ligue o pareja. Conoces a un chico y lo
primero que te pide es el whatsapp. Al principio todo es estupendo, os escribís
por la mañana, por la tarde y por la noche y os contáis cualquier cosa que se
os ocurra, por tonta que sea. Pero un buen día, no te escribe tanto o no te
contesta con rapidez y ya empiezas a comerte la cabeza porque ves que se
conecta y sigue sin saludarte. Al final decides saludarle y le propones quedar
a tomar algo, él te contesta cuatro horas después y te dice que no puede. Si es
tu pareja, te ilusiona que te despierte con un “buenos días” y un icono de una
flor, te alegra el día porque sabes que esa persona está pensando en ti. Por la
noche, metida en la cama, no puedes dejar de escribirle hasta que mandáis muchos
besos. Incluso es posible tener sexo vía whatsapp, una frase inocente con
segundas intenciones acaba con fotos insinuantes o más provocadoras. ¿Y el
contacto directo? Podríamos decir que la whatsapp relación de amor es la nueva
versión de las relaciones a distancia, se usa la tecnología para comunicarse y
sólo hay contacto directo cuando uno de los dos se traslada para ver al otro.
Seguro
que crees que como vives con pareja eso te libras de todos estos
inconvenientes. Te equivocas. Puede que
os deis los buenos días en persona y que tengáis una buena actividad sexual y
amorosa, pero el poder del whatsapp es más fuerte de lo que piensas y puede
invadir la tranquilidad de tu hogar. El whatsapp puede fomentar los celos: de
casualidad se enciende su móvil y aparece una notificación de un mensaje, “Entonces
nos vemos mañana”, el nombre de mujer no te resulta familiar y empiezas a
imaginar lo peor, pero resulta que es su compañera de trabajo. También pude
provocar falta de comunicación: Él pendiente del móvil y tú molesta porque te
hace sentir como un mueble ¿Esa es la viva imagen del amor? ¡Por favor! Dónde
han quedado los paseos por el parque, los susurros al oído en la oscuridad del
cine, los besos robados durante una cena romántica o esa pequeña flor cortada
de un jardín ajeno. Qué ha pasado con el "te quiero" y "te echo
de menos", que ya casi no nos atrevemos a decir.
La
tecnología nos une pero también separa, más aún cuando no funciona. Cuántas
veces nos hemos quedado sin batería en el móvil o sin que funcione el whatsapp,
nos sentimos aislados y con ansias de escribir o comprobar si nos han escrito.
Nos hemos hecho dependientes de los avances tecnológicos, hasta tal punto que
no podemos vivir sin ellos, y somos cada vez más individualistas, ¿eso es vida?
En fin, creo que volveré a lo tradicional, me presentaré en casa de mi prima
con unos bombones en una mano y una botella de vino en la otra, seguro que me
invitarán a comer.
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miércoles, 6 de noviembre de 2013
¿De qué se quejan los hombres?
Sin
lugar a dudas, mucho podemos quejarnos de los hombres, de hecho, da para
escribir libros y libros e incluso llevarlos al cine como ha sucedido con
“Juego de Tronos”, un exitazo en toda regla que parece que no se acaba nunca. Y
la verdad es que las mujeres nos quejamos de los hombres con razón, porque
estoy convencida, (convencidísima) de que alguna vez habréis dicho a vuestra
pareja “¡eres como un niño!” o “¡no me escuchas!”. Pensad y se os ocurrirán
cientos, miles de quejas pero y ellos ¿tienen de qué quejarse? Pues sí y, por
lo visto, más de lo que creemos.
No
soy “El mentalista”: Chicas, la serie protagonizada por el actor Simon Baker es
ficción, los hombres ¡no leen la mente! Y justo es eso de lo que se quejan los
hombres, que queremos que sepan exactamente cómo pensamos o qué queremos sin
decirles absolutamente nada. ¿Quieres que tu novio haga algo? ¡Pues díselo! Él
por sí sólo no lo va a descubrir, necesita que le guíes el camino y le digas
eso que quieres o que te apetece. Eso sí, si te lo pregunta, contéstale de
verdad y no con evasivas. Te quejas de que no hacéis nada que te guste a ti y
que siempre se hace lo que él quiere, momento en el que te pregunta y tu
respuesta es “lo que quieras”. A ver, bonita, así no, con esa respuesta eres
tonta por no proponer eso que tantas ganas tienes de hacer con él y lo peor de
todo es que luego nos arrepentimos. Entonces, ¿por qué actuamos así? Fácil,
porque si esa persona nos conoce bien no es necesario decir nada y, sobre todo,
queremos que haga las cosas porque él quiere hacerlas no porque haya que
decírselo. Es decir, queremos que nos digan “cariño, vamos a pasar un fin de
semana romántico” y no tenerles que decir “cielo, ¿cuándo vamos a pasar un fin
de semana romántico?”.
Lo
siento, no soy una mujer: Según ellos, queremos que piensen cómo nosotras o, al
menos, de la misma manera que lo haría una mujer y, sinceramente, es imposible.
Si estás esperando que tu pareja entienda por qué te encantan los bolsos o qué
te impulsa a cabrearte cuando se queda embobado en el sofá viendo la televisión
sin hacer nada, lo llevas claro, puedes esperar sentada por los siglos de los
siglos. A ver, que quede claro para todas (y me voy a incluir que a veces se me
olvida), ellos son hombres y piensan como hombres, no hay más. Cuando le gritas
enfurecida “¡es que no me entiendes!”, efectivamente, no te entiende porque no
puede entenderte. Nosotras damos importancia a cosas que para ellos son
menudencias como por ejemplo la ropa. La mujer dedica mucho tiempo en encontrar
el modelito adecuado que le quede bien, que no haga gorda y que haga juego con
los zapatos. El hombre abre el armario y coge unos pantalones cualquiera y
cualquier camisa limpia que haya, sin importarle el color. Ellos no tienen la
regla, así que, deja de quejarte porque no sabrán nunca lo que duele, lo
incómodo que es y el susto que te llevas si no te llega en su momento. Eso sí,
no les quedará más remedio que aguantar estoicamente el chaparrón de los
cambios de humor durante los días que te toque, y eso ¡mes a mes! Desde aquí,
un aplauso por esos hombres valientes.
Analizadoras
natas: Otra gran queja es ese don por analizar todo hasta el extremo y elaborar
teorías como si fuera una conspiración mundial.
Nuestra mente va a miles de revoluciones por minuto y de la nada formamos
un todo: “¿Por qué me habrá dicho eso? Puede que él quiera hacer otra cosa y
claro, para no decírmelo directamente, prefiere decirme que ya veremos y luego
me dice que no puede, así no me hago ilusiones y pienso que vamos a ir y luego
no vamos y…” Y todo ese tiempo que dedicamos a pensar acaba siendo en vano porque nada de lo que
pensamos suele ser lo que verdaderamente es pero, como nosotras nos lo creemos,
rumiamos esa idea tanto que nos obsesionamos e incluso nos cabreamos con ellos
por pensamientos creados ¡por nosotras mismas!
Generalizaciones,
no, por favor: Los hombres están hartos de que generalicemos con ellos. El que
hayas tenido un ex novio celoso no implica que el siguiente lo vaya a ser y no
tienes que volcar en el futuro novio aspectos negativos que conociste en el
pasado. El que venga será otra persona distinta, con sus virtudes y defectos
que tendrás que descubrir. Y si realmente descubres que es como tus antiguas
parejas, plantéate que el problema es buscas al mismo tipo de hombre ¡una y
otra vez! Aún así, y a pesar de que las generalizaciones no son buenas, son
inevitables y ellos también pecan en eso.
¡Estáis
todas locas!: Una gran generalización por parte de los hombres que tiene un por
qué. Ellos no entienden que digamos o pensemos una cosa y
luego hagamos justo lo contrario. He escuchado a muchas mujeres decir “él a mi
no me controla”, “no voy a hablar con él nunca más”, “voy a dejarle porque veo
que no me quiere”… y sin embargo, demostraban que las controlaban, que volvían
a hablar con él y que, por supuesto, no le dejaban. El amor nos ciega y nos
convierte en seres irracionales, aunque hay que decir que los hombres
también tienen estos momentos de “locura” y aunque sepan que tienen que olvidar
ese “amor” que no les conviene… ¡no lo hacen!
¿Cuándo
te toca a ti?: Desde siempre se considera que es el hombre quien tiene que
tomar la iniciativa para todo o casi todo.
Es cierto que en las últimas generaciones esto ha cambiado y son incluso
ellas las que más toman la iniciativa pero, a pesar de esto, ellos quieren que
actuemos, que seamos nosotras las que decidamos y que no esperemos a que nos
“roben” un beso, sino que se lo demos o que si queremos ganas de sexo, lo
busquemos. Pero esto no es nada sencillo porque los roles sociales, la
cultura y la educación recibida ejercen una gran influencia en nosotras y la
actitud ante el hombre.
No
soy el malo: Cuando no encuentras las lleves de casa ¿a quién echas la culpa? A
tu pareja. Seguro que piensas que él te las ha cambiado de sitio y por eso
ahora no las encuentras aunque la verdad es que eres un poco despistada y no
tienes ni idea de dónde las has puesto. Lo que sí es cierto es que le
culpabilizamos de todo en la mayoría de los casos, muchas veces con razón y
otras les culpabilizamos simplemente porque sí (principalmente porque hemos
elaborado una teoría conspiratoria en nuestra contra por su parte).
Tanto
ellos como nosotras tenemos motivos para quejarnos del otro pero también
deberíamos resaltar las cosas buenas, esos pequeños detalles que demuestran
mucho. Por eso, voy a disfrutar del desayuno que me ha traído a la cama: zumo
de naranja, café y una tostada... ¿no es adorable?
domingo, 20 de octubre de 2013
Nuevas experiencias (**Relato Erótico**)
Estoy a punto de entrar y ya estoy nerviosa. Realmente no sé si
debería atreverme, nunca he entrado a un sitio así y siento algo de vergüenza.
Supe de este sitio por casualidad, en una conversación con unos chicos en una
discoteca, decían que era el mejor para eso, sobre todo por la discreción. Me
preguntaron sí lo había probado y dije que no, se rieron de mi ingenuidad y me
plantearon que si quería conocerlo que les llamase. Nunca les llamé pero
investigué por mi cuenta, la curiosidad me podía. Al principio me sorprendía lo
que iba encontrando pero luego me dije "¿y por qué no?". No tengo
nada que perder, pensé, y tampoco a nadie a quien dar explicaciones, sin
embargo, algo me inquietaba, mejor dicho, me cohibía. Un día pasé por delante
para investigar. Una calle estrecha y casi vacía, tuve que volver a pasar
porque prácticamente ni lo vi. No sé por qué pero me fui corriendo, ¡cómo si
estuviera haciendo algo malo! Paré y me dije a mi misma que parecía una
quinceañera, soy una mujer madura y no hay nada de malo en experimentar, ¡la
gente lo hace y les gusta!
Dos veces fui y dos veces me marché y ahora mismo tengo la misma
tentación. Pero no, quiero intentarlo, saber qué es y qué se siente, ¿por qué
no? Estoy justo delante de la puerta, tomo aire, abro la puerta y...entro. La
verdad es que no me lo esperaba así, parece un local normal. Amplio, con dos
barras, una enfrente nada más entrar y otra al fondo a la izquierda, metida
entre unas columnas. Y hay más gente de la que esperaba, busco un sitio
retirado cerca de una de las barras y pido una copa, tengo la boca seca,
supongo que por los nervios. La decoración, sencilla y nada recargada. Las
paredes son de tela de un color rojo oscuro con algunas fotografías de desnudos
artísticos o imágenes de parejas o grupos en posiciones eróticas muy diversas.
Unos sofás con mesas recorren todo el local y justo detrás de cada una de las
barras hay unas jaulas para los bailarines, pero ahora sólo funciona la que
está al otro lado. Veo una joven morena, con los pechos descubiertos y un
diminuto tanga dorado. Sus movimientos sensuales muestran la flexibilidad de su
precioso cuerpo, piernas largas que acaban en unos increíbles tacones de aguja,
un vientre plano y un trasero que incluso desde aquí se aprecia su firmeza.
Cuando se mueve se toca de forma sugerente y no puedo dejar de mirarla, tal es mi
atención hacia ella que no me doy cuenta de que una mujer está a mi lado hasta
que voy a beber de mi copa. Creo que mi cara de sorpresa le acaba de dar la
pista de que soy una novata, aún así me pregunta, se presenta y se sienta a mi
lado. Rondará los 45 años aunque no los aparenta, pelo castaño y ojos verdes.
Es agradable y ahora me siento algo más tranquila mientras hablamos. En un
momento determinado, señala hacía un sofá y veo a un hombre con dos copas en la
mesa. Me explica que es su pareja y que a él también le gustaría conocerme.
Dudo un poco y ante mi indecisión, ella toma la iniciativa y me coge de la
mano.
Ya sentados los tres, siento un cosquilleo en el estómago pero intento
disimular. Ella le explica que es la primera vez que estoy allí y, mirándome,
me dice que ellos me ayudarán a pasar un buen rato. Me hace un gesto para irnos
y nos dirigimos a unas cortinas rojas que hay en un pequeño rincón oscuro. En
esa zona la luz es mucho más tenue. Unas pequeñas luces anaranjadas recorren un
largo pasillo y a sus laterales se encuentran pequeños cubículos cubiertos con
unas telas, de los cuales salen susurros, resoplidos y gemidos. Más adelante
hay un salón, lleno de sofás donde hay gente besándose y tocándose mientras
otras miran la escena. La mujer me susurra al oído que es donde suele comenzar
toda la gente y donde se quedan los que disfrutan siendo observados y a quienes
les excita mirar. Seguimos por otro corredor con más habitaciones a los lados,
en esta ocasión son luces azuladas y un olor a canela impregna el ambiente. Al
final del pasillo hay una habitación con la tela blanca descubierta y es el que
eligen. Titubeo un poco pero ya no hay marcha atrás, siento el corazón acelerado
y calor en las mejillas. Entramos.
Hay una cama grande ocupando todo el cuarto y una pequeña butaca roja pegada a la pared. Él se sienta en la butaca, ella se pone de rodillas en la cama y me hace un gesto para que vaya a sentarme al borde de la cama. Cierro los ojos y siento sus manos acariciando mi cabeza, mi cuello y mis hombros, muy suave, casi con las puntas de los dedos. Baja por mis brazos para volver a subir y meter los dedos entre mi pelo. Un escalofrío me recorre todo el cuerpo cuando noto sus labios rozando mi cuello a la vez que sus manos se deslizan hacia mis pechos, masajeándolos por encima de mi camisa. Los sujeta con ambas manos, hace pequeños círculos sobre ellos, sube, baja, los junta y los aprieta. Y siento que me gusta. Voy notando la humedad entre mis piernas y mis pezones cada vez están más duros con el roce de sus caricias. Sus manos ahora bajan por mi vientre y se desvían hacía mis muslos, recorriéndolos lentamente, subiéndome la falda a cada movimiento y abriéndome las piernas poco a poco. Ahora siento cómo sus dedos empiezan a recorrer la parte interna de mis muslos hasta detenerse en las ingles y acariciarme entre las piernas por encima de las braguitas. Me arden las mejillas, no imaginaba que pudiera sentir tanta excitación con unas simples caricias.
Hay una cama grande ocupando todo el cuarto y una pequeña butaca roja pegada a la pared. Él se sienta en la butaca, ella se pone de rodillas en la cama y me hace un gesto para que vaya a sentarme al borde de la cama. Cierro los ojos y siento sus manos acariciando mi cabeza, mi cuello y mis hombros, muy suave, casi con las puntas de los dedos. Baja por mis brazos para volver a subir y meter los dedos entre mi pelo. Un escalofrío me recorre todo el cuerpo cuando noto sus labios rozando mi cuello a la vez que sus manos se deslizan hacia mis pechos, masajeándolos por encima de mi camisa. Los sujeta con ambas manos, hace pequeños círculos sobre ellos, sube, baja, los junta y los aprieta. Y siento que me gusta. Voy notando la humedad entre mis piernas y mis pezones cada vez están más duros con el roce de sus caricias. Sus manos ahora bajan por mi vientre y se desvían hacía mis muslos, recorriéndolos lentamente, subiéndome la falda a cada movimiento y abriéndome las piernas poco a poco. Ahora siento cómo sus dedos empiezan a recorrer la parte interna de mis muslos hasta detenerse en las ingles y acariciarme entre las piernas por encima de las braguitas. Me arden las mejillas, no imaginaba que pudiera sentir tanta excitación con unas simples caricias.
De repente, siento que otras manos me tocan. Abro los ojos y veo al
hombre de rodillas, subiendo sus manos por mis muslos. Ella empieza a
desabrocharme los botones de la camisa, lentamente, acariciándome,
seduciéndome. Me lame, me besa y me mordisquea el cuello. Él juguetea entre mis
piernas, presiona con sus dedos y se aleja, vuelve y se va, provocando en mi un
mayor deseo y ganas de que siga tocando. Ahora noto que sus manos suben hacia
mis nalgas para coger mis braguitas, me muevo para dejar que vaya deslizándolas
hasta mis tobillos y me las quite. Sin dejar de sentir las caricias de ella, los
labios de él ascienden por mi rodilla y, sujetándome los muslos para que no
cierre las piernas, mordisquea suavemente mi piel hasta que siento la suave punta
de su lengua, primero pausado, luego más seguido. Es una sensación extraña, sentir placer de dos formas distintas a la
vez y por dos personas distintas. Los dos me excitan cada vez más, la
respiración se entrecorta y se me escapan pequeños gemidos, aún imperceptibles.
Mientras él juega con su boca y sus dedos dentro de mí, ella aprovecha para
desprenderme de la camisa y del sujetador y me echa hacia atrás. Sus manos me
acarician cada vez con más deseo y sus labios van deslizándose por mi vientre,
subiendo lentamente hasta alcanzar mis pechos. Juega con ellos, los aprieta con
los labios, los suelta y con la punta de la lengua hace círculos que consiguen
que emita un gemido más profundo. Ahora mismo, estoy sintiendo dos bocas
a la vez jugando en distintas partes de mi cuerpo y me gusta, cada vez estoy
más excitada, más húmeda. Ella empieza a lamer mi vientre y besa y mordisquea
el pubis y las ingles. Él combina sus dedos y su lengua entre mis piernas hasta
que ella se une y los dos a la vez me dan placer oral. Es una sensación muy
intensa que nunca había sentido, sintiendo como sus lenguas se turnan y juegan
al mismo tiempo o lo combinan con sus dedos, introduciéndolos a la par,
rozándome por arriba y por abajo con tanta habilidad que me hacen perder el
control. Empiezo a notar un suave cosquilleo que va aumentando de intensidad
provocando que tensione todo mi cuerpo y un gemido de placer sale de mis
labios. Sus lenguas acompañan el ritmo de mis espasmos y poco a poco van
deteniéndose, se retiran y acarician mi cuerpo extenuado. La sensación es increíble, varias manos
acariciándome después de un orgasmo tan excitante.
Abro los ojos y veo que él se incorpora y ella le sigue. Empiezan a
besarse y a acariciarse. Les miro embelesada, sus cuerpos buscándose y
deseándose, sus bocas sedientas y sus manos desnudándose mutuamente. Voy
perdiendo la timidez, me aventuro a probar y me uno al grupo. Nos colocamos de
pie, una a cada lado de él, quedando sus piernas abiertas entre las nuestras.
Primero imito los movimientos de ella y luego voy investigando por mi cuenta.
Cuatro manos tocándole el pecho, los hombros y la espalda, pasando nuestras
lenguas por sus pezones y su torso. Ella le desabrocha el pantalón y queda al
descubierto su erección. Me coloco detrás y masajeo su espalda, descendiendo
por los costados y presionando sus nalgas, las mordisqueo y subo con mi lengua
haciendo un recorrido serpenteante y pausado. Ella se encuentra arrodillada
jugando con su boca y sus manos y el sujeta su cabeza con las suyas, metiéndole
los dedos entre su pelo y apretándola más hacia él. Su excitación cada vez es
mayor, la respiración se le entrecorta y gime de satisfacción. Me arrodillo y
voy acariciando desde atrás sus piernas y la parte interna de sus muslos. Palpo
sus testículos y los dejo entre mis manos. Ella me cede el lugar y, mientras yo
continuo con la boca, se levanta para colocarse delante de él, se desprende de
la poca ropa que queda y le seduce acariciándose ella misma todo su cuerpo y se
tumba en la cama mientras sigue tocándose deseosa de que vayamos junto a ella.
Él se retira de mí y me hace un gesto para que me levante y me dé la vuelva.
Nos tumbamos a su lado y vamos acariciándola lentamente. Yo me centro
en sus pechos al igual que ella hizo conmigo. Sus pezones están totalmente
erectos, los acaricio con las yemas de los dedos, los pellizco suavemente y
dejo que la punta de mi lengua juegue con ellos. Él besa sus labios y su cuello
a la vez que sus dedos se deslizan hacia su vientre y se meten en su interior.
Siento que una de las manos de ella busca mi cuerpo, me toca y finalmente
sostiene una de mis manos y la pone entre sus piernas, dejándome claro lo que
quiere. Siento entre mis dedos la suavidad de sus pliegues mojados y entre él y
yo conseguimos que gima y se retuerza de placer. Sin darle tiempo a que se
recupere, él está tan excitado y con una gran erección que la da la vuelta, la
pone a cuatro patas y empieza a penetrarla con fuerza. Me coloco de rodillas delante de ella y con mis manos sujeto sus
pechos bamboleantes y acaricio su espalda. Él disfruta viendo como la toco,
se deleita observando las curvas de mi cuerpo y el movimiento natural de mis
pechos. Me hace un gesto para que me acerque, me muevo de tal manera que sigo
tocándola mientras él me acaricia. Una de sus manos alcanza mi
pecho, lo sostiene con firmeza, lo suelta y lo vuelve a coger. Da pequeños
pellizcos en el pezón, que va endureciéndose a su tacto. A ella cada vez la
penetra con más fuerza mientras mete la mano entre mis piernas sintiendo que
aún estoy muy mojada. Los tres gemimos cada vez más alto, ella y yo volvemos a
retorcernos de placer casi al mismo tiempo y él alcanza el éxtasis gracias a
nuestros espasmos y gemidos. Arquea la espalda y todo su cuerpo se tensiona, disminuyendo el
ritmo de sus acometidas hasta que queda totalmente parado y exhausto. Ella se
retira y deja que quede tumbado en la cama boca abajo.
Ella se levanta y empieza a recoger su ropa. Me mira de arriba abajo y
me dice que le encantaría volver a repetir la experiencia conmigo y que espera
que me haya gustado. Se acerca a mí, me coge la barbilla con sus manos y me da
un beso en los labios a modo de despedida y salé de la habitación. Él se
levanta y también recoge sus pantalones. No
me habla, sólo me mira, me sonríe y desaparece tras la tela blanca. No sé el
tiempo que ha pasado pero ya es hora de retirarse. Recojo toda mi ropa y me siento en la butaca. Me pongo las braguitas y no puedo evitar pensar en lo ocurrido. Recupero
el sujetador y la camisa y un escalofrío recorre todo mi cuerpo al recordar
cada sensación, cada caricia, cada gemido. Ya vestida, salgo y deshago el
camino andado: el pasillo de luces azuladas, el salón de los sofás, ahora
vacío, el pasillo de luces anaranjadas y al fondo las cortinas rojas. Salgo de
aquel local con la sensación extraña de haber vivido un sueño, como si nada de
aquello haya sido real. Miro hacia atrás y allí está la puerta por la que antes
entré tímida y vacilante. No, no ha sido ningún sueño, ha sido todo muy real,
una experiencia intensa e increíblemente excitante.
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miércoles, 2 de octubre de 2013
Vamos a contar mentiras
¿Habéis mentido
alguna vez? ¿No? Venga, vamos a ser sinceros al menos por unos instantes y
pensemos en cuántas veces hemos mentido a nuestros padres, amigos o parejas.
¿Nunca? Uiuiui, me parece que a muchos les va a crecer la nariz… Venga,
entonces digamos… ¿una? No, no, eso tampoco se ajusta a la realidad. Vamos, que
no pasa nada, rasquemos un poco más en nuestro interior que seguro que
encontramos algo más. Hoy quiero ser vuestro “Pepito Grillo” y hablar de las
mentiras, las mentiras piadosas.
Mentir es
mentir, lo miremos por donde lo miremos pero hay que distinguir el tipo de
mentira y, sobre todo, el motivo por el que se miente. ¿Hay mentiras más
grandes que otras? Por supuesto. ¿Hay motivos más lícitos que otros? Sí, porque
no es lo mismo ocultar información para enriquecerse, algo que hacen muy bien
ciertos personajillos de las altas esferas de nuestra sociedad, que encubrir
pequeños detalles que no hacen mal a nadie y que incluso pueden evitar el
malestar de alguien.
Todos hemos
mentido a nuestros padres en la adolescencia y lo seguimos haciendo en la edad
adulta. De jóvenes intentamos cubrirnos las espaldas cuando sabemos que nos van
a regañar bien por llegar tarde, bien por hacer algo que sabes que no deberías
de haber hecho. Hora estipulada para llegar a casa los fines de semana: 22:30.
Son las 23:15 y aún no has llegado, no lo has hecho aposta, no pretendías
incumplir las normas pero te lo estabas pasando genial con tus amigas y, para
colmo, en el último momento te han presentado a un chico guapísimo, dos años
mayor que tú, al que, por supuesto, no le vas a decir que te tienes que ir ya
porque tus padres te van a regañar, ¡se va a pesar que soy una cría! De hecho,
te pidió el número de teléfono y ¡hasta te guiñó un ojo! Te vas loquita a casa
por la proeza conseguida pero la alegría se desvanece cuando miras el reloj en el
portal de tu casa. Inmediatamente tu cerebro se pone en funcionamiento a mil
por hora, “¿Qué digo? ¿Qué digo?”. Piensas y vas elaborando pequeñas mentiras
piadosas hasta llegar a la que puede ser más coherente: “Es que… a una amiga le
han robado el bolso y claro, no iba a dejarla sola”. Y montas una historia
sobre esa mentira por si acaso te preguntan. Lo que no sabes es que tus padres
saben que estás mintiendo por dos motivos. El primer lugar, porque ellos lo
hicieron con sus padres (¿en serio? ¡Mis padres mintiendo a mis abuelos!), y en
segundo lugar, porque das demasiadas explicaciones, información innecesaria que
te delata. Sí, esa es la mejor forma de coger a un mentiroso, cuantos más
detalles cuenta más rebuscada será la historia y más fácil es pillarle y si lo
cuenta sin que tú le hagas preguntas, más probabilidades de que esté mintiendo.De
adultos también mentimos a nuestros padres, aunque en este caso lo hacemos para
no preocuparles. Puede que te vaya mal en el trabajo o con tu pareja, que te
hayas puesto enfermo pero no sea de gravedad, así que ¿para qué preocuparles?
Piensas que no tiene mucho sentido causarles una preocupación innecesaria y si
tu madre te llama para preguntarte qué tal estás, le dices que todo va bien y
haces como si nada. ¿Y piensas que tu madre no se va a dar cuenta? Pues sí, se
da cuenta porque tu voz te delata y, sobre todo, porque las madres tienen un
sexto sentido para las mentiras y lo saben, pero se hacen las tontas y te hacen
creer que no se enteran, pero ¡vaya si se enteran! A una madre no se le escapa
ni una, ¡no puedes mentirlas!
Mentimos a
nuestros amigos porque les queremos y queremos protegerles, puede que no
hagamos bien en hacerlo pero es inevitable, en ese momento creemos que es lo
mejor aunque la experiencia demuestra que no es lo correcto. Sales a pasear al
perro y pasas por un jardín por el que nunca has ido y, casualidades de la
vida, descubres al novio de tu mejor amiga besándose con otra. Al principio
piensas que es alguien que se parece pero cuanto más te fijas más se confirman
tus sospechas y decides marcharte antes de que te descubra. Tu amiga está
perdidamente enamorada, no deja de hablar de él así que ¡cómo le vas a dar la
mala noticia! Tu conciencia sale a la luz y, como en los dibujos animados, a un
lado tienes a tu “yo ángel” y a tu “yo demonio”. “Díselo, ella tiene que
saberlo, es por su bien”, te dice el ángel pero el demonio te susurra al oído “¡No!
No lo digas, está enamorada y no te va a creer. Romperá la amistad contigo y se
quedará con él, ¿quieres eso?”. Y así te pasas un buen rato pensando qué
deberías hacer y como esto es mejor compartirlo, llamas a una amiga común para
que te dé su opinión. Al fin y al cabo, las mentiras compartidas son más
llevaderas y no se ven como mentiras sino más bien como un pacto de silencio.
Si vuelves a coincidir con el novio de tu amiga, le verás con otros ojos, te
caerá mal y, sin querer, le criticarás con la intención de que tu amiga vea por
sí misma la verdad sin tener que intermediar. También se miente por mentir, sin
preocuparse de las posibles consecuencias, pensando que nunca lo descubrirán
porque es algo insignificante. Sin embargo, lo malo de mentir a los amigos es que
al final se acaban enterando, te piden
explicaciones y no sabes cómo salir airoso, te pones nervioso, tartamudeas, no
sabes qué decir y se enfadan. Se enfadan contigo no por lo que has ocultado
sino por el mero hecho de mentir, has faltado su confianza, les has
decepcionado.
¿Mentimos a
nuestras parejas? Difícil contestar ¿eh? Si dices que no seguramente estés
mintiendo y si dices que sí… mejor que no tengas a tu lado a tu pareja o esta
noche duermes en casa de tu madre. Aunque suene incoherente pero mentimos por
amor: “A mí tampoco me apetece ir” (aunque realmente sí quieres ir),”no pasa
nada” (sí pasa pero no quiero discutir), “no te preocupes, yo tampoco iba a
poder” (si puedo pero si estás ocupado, yo también). Ellos no se libran de mentirnos y en muchos
casos lo sabemos pero lo pasamos por alto. “¿Me queda bien? Sí, cariño, estás
muy guapa”, “¡He cogido unos kilos!Así estás preciosa y no se te nota”. A ver,
¿qué crees que va a decir? Puede que ese pantalón te quede demasiado apretado y
que tengas un poco más de tripita pero como te quiere intentará regalarte los
oídos aunque no tengas las medidas perfectas. Aunque también, y es algo que no
está bien, mentimos por desamor e incluso a veces
queremos provocar la ruptura.
Entonces, ¿es
lícito mentir? ¿Es ético siempre y cuando sea por una buena causa? Es algo
demasiado subjetivo como para dar una única respuesta. Ciertas mentiras
piadosas pueden evitar preocupaciones a ti o a los demás sin embargo no dejes
que esas pequeñas mentiras sean el centro de tu vida. Y tú ¿qué harías si
descubres una mentira piadosa o no?jueves, 12 de septiembre de 2013
Lo que no hay que criticar de los hombres
Qué
difícil es aceptar una crítica ¿verdad? A todos nos ha pasado alguna vez que
alguien nos haga una crítica bien intencionada y nos lo tomemos a mal,
fruncimos el ceño e incluso contestamos de malas formas porque nos han herido
un poco el orgullo. Un ejemplo, más de dos horas en la cocina para preparar la
comida y cuando vas a servirla, uno de tus invitados dice que a la crema le
falta sal o que el pollo está seco. En ese momento, sientes que tu mal humor
empieza a aflorar y necesitas mucho esfuerzo para contenerte y no decir algo
inapropiado, es más, te entran ganas de decirle “si no te gusta, no te lo
comas” pero aguantas el tipo. ¿Por qué sucede? Porque nos sentimos atacados
directamente, en este caso es como si te dijeran que eres mala cocinera y, seguramente,
esa no era la intención. Si esto nos sucede a nosotras, a los hombres les pasa
lo mismo pero duplicado…¡qué digo! ¡Triplicado! Así que, hay que tener en
cuenta en qué cosas no puedes criticar a
un hombre.
Su
coche: No te metas con su coche porque su coche es sagrado. No importa que sea
pequeño o que tenga muchos años y se caiga a pedazos, es su precioso y
maravilloso coche y sólo lo cambiará cuando él mismo se da cuenta de que ya no
hay nada que hacer. ¿El interior del vehículo es un cúmulo de polvo y desorden?
Si quieres evitar polémicas mejor coge el trasporte público, si críticas que el
coche da asco es como si le estuvieras calificando de guarro y muy dejado
(evidentemente es lo que es… ¿cómo estará su casa?). Además, se suele decir que
para un hombre el coche es una prolongación de su miembro, esta teoría vendría
a confirmar porque los hombres prefieren coches grandes y robustos, sin
embargo, si realmente esto es así… creo que no les favorece nada si acumulan
mucha basura dentro ¿no?
Su
forma de conducir: Si el coche es un elemento importante en su vida, su forma
de conducir dice mucho de él y criticarla puede ser perjudicial. ¿Corre como un
loco? ¿Se muestra impaciente, agresivo, intolerante? ¿Quiere demostrar que él
es más fuerte y que nadie le va a adelantar? No sé muy bien por qué ocurre pero
es muy habitual que los hombres se trasformen al volante. Estás hablando tan
tranquilamente mientras el semáforo os prohíbe el paso. De repente, unos
niñatos borrachos del coche de al lado tiran algo que da en el coche de tu
chico y salen pitando en cuanto el semáforo cambia de color. ¿Qué ocurre? Que
tu chico se cree el nuevo James Bond y va tras ellos como si de unos mafiosos
se tratase, y mientras tú en el coche con los ojos como platos preguntándote cómo
se ha ido la situación de las manos. No todos son así (¡gracias a Dios!) pero
en el caso de que se produzca una trasformación al estilo Jekyl y Mr Hyde, por
mucho que le digas que no sea así o le critiques su actitud, no vas a conseguir
cambiarlo.
Su
casa: Igual que el coche, su casa es suya y la colocará y mantendrá como él
considere oportuno, para eso es él quien paga la luz, el gas o el agua. Mucho
menos aún cambies las cosas de lugar, él sabe dónde tiene todo y puede que
piense que estás hurgando en sus cosas para cotillear. Si en un futuro tenéis
pensado vivir juntos, entonces establece unas normas que los dos tendréis que
cumplir para una buena convivencia, pero mientras duermas con él los fines de
semana, intenta que los comentarios sobre la forma en la que tiene su hogar no
sean despectivos ni pueda tomarlas como críticas directas.
Habilidades:
A todos se nos da mejor hacer unas cosas que otras, sin embargo, se da por
sentado que un hombre tiene que ser hábil en cosas típicas de hombres. ¿Todas
las mujeres tenemos que saber coser? No. ¿Todas las mujeres tenemos que saber
cocinar? No. Entonces, si para nosotras es así para ellos es igual y no todos
los hombres son hábiles en montar muebles, arreglar enchufes, cambiar un grifo,
colocar un espejo… Sea lo que sea que no se le dé bien, no le critiques por
ello, a ti no te gustaría que alguien te insistiera en eso que no sabes hacer
porque te haría sentirte inútil ¿no? Así que, mejor es que valoremos aquellas
cosas que hace bien para minimizar aquellas que no controla tanto, además, todo
es cuestión de ponerse y aprender ¿cierto?
Amigos
y Familia: Ojo, si va a hablar de sus amistades y su familia busca bien las
palabras para evitar malentendidos. ¿Tiene un amigo que va de gracioso pero que
a ti no te hace ni pizca de gracia? ¿Su hermano es pedante y prepotente? Es
difícil lidiar con esto porque tampoco es que te tengas que callar a todo pero
es mejor no malmeter o, al menos intentarlo. ¿Y qué pasa con tu suegra? Para él
su madre es una santa, una buena mujer que le da sus caprichos y le hace su
plato favorito cada vez que va a visitarla a casa. ¿Crees que vas a hacerle
creer que su madre te tiene manía? Va a ser que no. Te dirá que eso no es
cierto, que le caes fenomenal y que te quiere como a una hija. ¿Perdona? ¿Cómo
a una hija? Disculpa pero no, la única que me ve como una hija es mi madre, su
madre me ve como una bruja arpía que le ha robado al niño de sus ojos y que no
va a saber cuidarle tan bien como ella (échate a temblar si tu novio no tiene
más hermanos). En fin, que mantener una relación relativamente “amistosa” con
su encantadora mamá es extremadamente difícil.
Pero
lo que por encima de todas las cosas no puedes criticar es su MIEMBRO, con mayúsculas,
porque es un aspecto muy importante para ellos, igual que para nosotras pueden
ser nuestros pechos o nuestro trasero. Hay unos que son más bonitos que otros,
tanto en tamaño como en la forma, pero ninguno es perfecto del todo, de la
misma manera que no hay pechos perfectos (que sean totalmente naturales, por
supuesto). Ellos ya saben con qué tipo de herramienta cuentan, por eso ahórrate
cualquier comentario que pueda resultar hiriente, porque sí, les molesta.
Siempre está la típica frase de "importa la calidad y no la
cantidad", pero en el fuero interno de cada uno de ellos es algo que les
importa.
¿Por
qué molestan tanto las críticas? Simple y llanamente, porque dañan nuestra
autoestima, nos hacen ser conscientes de que no somos perfectos o que nos ven
de forma diferente a como nosotros mismos nos vemos. Nosotras también tenemos
puntos débiles que no nos gusta que nos critiquen pero eso lo dejaremos para
otra ocasión.
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