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domingo, 13 de diciembre de 2015

SOLTERA A PARTIR DE LOS TREINTA

Tengo amigas casadas y con niños que me dicen que tengo mucha suerte por estar soltera, que ellas con los niños y los maridos no tienen ratos de relax para ellas mismas, de tirarse en el sofá durante varias horas sin hacer nada más que leer, escuchar música o ver una película. Otras me dicen que tengo más libertad, que no tengo que dar explicaciones, que puedo viajar, cambiarme de ciudad o de trabajo sin contar con nadie más, que no tengo que hacer visitas a los suegros ni me hacen visitas sin avisar. En pocas palabras, que hago lo que quiera, cuando quiera y como quiera. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce y estar soltera no es lo mejor que hay en el mundo y menos aún cuando pasas la barrera de los 30 años. Actualmente al estado de Soltera o, como ahora se llama, Single se le ha dado una visión de extravagancia y glamur más propio de las películas de Hollywood que lo que en realidad es.

Para empezar, la soltería a partir de los 30 tiene dos aspectos importantes que son más destacados en las mujeres que en los hombres, principalmente por el tipo de educación recibida: Soledad y Frustración. Cuando llegas a casa después de trabajar, no puedes decir “¡Hola! Ya estoy en casa” y no hay nadie que salga a recibirte. Tampoco puedes hablar con nadie de las cosas buenas que te han ocurrido en el día y no te queda otro remedio que llamar por teléfono, usar el email o los Whatsapp. De la misma manera, no hay nadie a quien contar tus penas en el momento en el que te suceden, nadie te abraza ni te anima justo cuando más lo necesitas y, nuevamente, tienes que recurrir a la tecnología, mucho más fría para hablar de sentimientos y emociones. Por otra parte, la generación de mujeres de los 70-80 (las que en estos momentos rondamos la treintena), hemos crecido con el lema subliminal de que el matrimonio y los hijos son el objetivo máximo al que toda mujer debe aspirar. No sé cómo serán las generaciones de mujeres de los 90 en adelante, parecen más independientes que nosotras, pero creo que la presión social hacia el matrimonio poco entiende de fechas de nacimiento.  También hay que tener en cuenta que la gente de tu misma edad de tu entorno ya ha alcanzado ese punto, es evidente que en tu caso has fracasado y te crea una sensación de frustración al pensar que no eres lo suficiente buena para nadie como para ejercer de esposa y madre. Para agravar más la situación, te ves como un bicho raro porque mientras que tus amigas hablan de cambiar pañales, de lo difícil que es compaginar el trabajo con llevar a los niños a la guardería o al cole o el elevado desembolso económico que tienen que hacer para adquirir el material escolar, tu sólo puedes hablar de tu ajetreada semana con miles de actividades después del trabajo, los after-works con los compañeros de trabajo, las salidas nocturnas, tus ligues o tus viajes. Vamos, que notas que no encajas en absoluto y te frustras más aún.

Susan Sarandon y Genna Davis en "Thelma y Louise"
Pasados los 30 años se hace cada vez más difícil encontrar pareja, y no porque no tengas posibilidades, sino porque las cosas no se ven de la misma manera que con unos cuantos años menos, las prioridades y las circunstancias en la vida son diferentes a las etapas anteriores, hay más responsabilidades y tienes más claro lo que buscas (y lo que no) en una pareja. Pasada cierta edad, tenemos menos capacidad de aguante y menos ganas de que alguien nos trastoque nuestra independencia, además nos volvemos más egoístas y nos cuesta pensar en la comodidad de otros, centrándonos en la propia y en nuestras necesidades. Es decir, que si conoces a un hombre y al mes ya está con pamplinas de que si está ocupado, que no tiene tiempo o que simplemente empieza a desaparecer, se te quitan todas las ganas de seguir conociéndole y que le aguante su madre. En lo único en lo que te fijas es en el grado de interés que pone y si busca tu compañía, algo que si no hace te da pie a perder la ilusión y desentenderte. Puede que fallemos en no entender que el otro tiene también una vida, sin embargo, lo que está claro es que cuando algo de verdad te importa, pones todo tu empeño para conseguirlo o buscas la forma de lograrlo, y si no se demuestra…algo no cuadra.

Relacionado con el poco aguante, tenemos también las Manías. Según vamos madurando, vamos creando pequeñas o grandes manías en nuestra rutina del hogar y como cada uno tiene las suyas propias, cuando se juntan las manías de otra persona con las tuyas, la convivencia puede resultar algo complicada. Ya sea por el amor o la confianza que da el tiempo, cuando llevas con alguien desde más joven, estas situaciones son más llevaderas porque ya se han incluido en tu rutina de vida y no te son desconocidas. Es como cuando vives con tus padres, la familiaridad hace que ellos aguanten tus rarezas al igual que tu aguantas las suyas sin problemas. Sin embargo, no es tan sencillo cuando tienes que adaptarte a las de alguien relativamente nuevo en tu vida. Y no se trata únicamente del tópico de no bajar la taza del wáter o dejar la pasta de dientes abierta, sino que me refiero a manías sobre la limpieza y orden, ducha, hábitos de sueño, horarios de comidas, forma de cocinar…

Cartel de "Cincuenta sobras de Grey"
Otra cosa que nos pasa a las treintañeras de hoy en día es que no sabemos qué les sucede a los hombres de nuestra generación. Es como si estuvieran encerrados en un mundo aparte, centrados en ellos mismos y totalmente al margen de relaciones o compromisos. Así que, te planteas dos alternativas: hombres más mayores o más jóvenes que tú. Los que para ti son mayores, aproximadamente rondando los 50 años, ya están curtidos y con un trato más atento, ya sea por la edad o por la educación que recibieron. Sin embargo, notas que no encajas en su mundo en el momento en el que te invita a una cena con amigos. Intentas estar comedida, reír las gracias que no tienen gracia, evitar las miradas de envidia de las mujeres presentes y hablar lo justo para no meter la pata. Además, sus amigos le criticarán y le echarán en cara que tienes unos años más que su hija y a ti te dirán que podría ser tu padre. Por tanto, pruebas con chicos algo más jóvenes que tú, de unos 25 años. Están en su apogeo sexual, con ganas de demostrarte que pueden hacerte ver las estrellas no una sino hasta siete veces o las que sean necesarias y tú les enseñas las habilidades amatorias propias de una mujer experimentada. Pero… sigues sin encajar cuando te encuentras en la fiesta en casa de un amigo suyo, rodeada de chavalinas mal pintadas pero con pantalones tan cortos y escotes tan pronunciados que los chicos no las mirarán a la cara y más aún cuando acaben bastante borrachos. Eso sí, en este caso, sus amigos tendrán envidia por saber cómo es hacerlo con una madurita sexy mientras que sus amigas se reirán a tus espaldas por ser una viejuna aparentando tener 15 años menos. Y sí, te sientes mayor viendo aquel percal y cuando escuchas canciones de grupos musicales que son totalmente desconocidos para ti.

Y aquí no acaba la cosa porque por suerte o por desgracia, la madurez nos hace ser más exigentes, no todo vale. Por eso, juegas al descarte: Casado, no que es problemático. Casado y con hijos, no que es más problemático aún. Divorciado, peligroso porque puede estar resentido. Divorciado con hijos, puede pero va a haber dificultades con respecto a sus hijos ya que son lo primero. Soltero, hay que tener cuidado porque si con la edad que tiene sigue sin pareja por algo será y seguro que alguna pega tiene. Celoso, malo porque vamos a tener peleas todos los días. Excesivamente romántico, como sea de los que quiere estar pegado a todas horas no vamos a acabar bien. Pesimista, escuchar quejas a todas horas no me hace ninguna gracia. Hiperactivo, me va a tener de un lado para otro y sin ningún fin de semana para los dos tranquilos en casa. Pedante, sólo va a hablar de sí mismo y de lo bueno que es. Deportista, se va a pasar todo el día con la bici, corriendo o en la montaña. Musculoso, va a adorar su cuerpo más que el mío y se va a pasar horas y horas en el gimnasio. En fin, que no das con uno que sea medianamente normal o al menos con el que veas que puedes compaginar bien.


Ah! Y por supuesto, no puedo olvidarme de lo que cuesta encontrar pareja cuando has adquirido  experiencia en relaciones amorosas, pero esto lo dejaré para el próximo artículo. En definitiva, todo tiene su lado bueno y su lado malo, y la soltería no es ninguna excepción a esta regla. Te adaptas a las circunstancias e intentas hacer de tu vida un poco mejor acompañada por familia, amigos y tus actividades diarias y buscas ser feliz con lo que tienes. 

domingo, 21 de diciembre de 2014

El arte de seducir

Tengo amigos y amigas que dicen que el amor no debería ser complicado, que si te gusta alguien y que si a esa persona también le gustas, por qué no decirlo sin más, sin rodeos ni miramientos. Y, aunque tienen parte de razón, el amor no puede ser simple porque le influyen muchos factores: ambiente, carácter, físico, química, sensaciones, emociones, pensamientos… Pero hay algo fundamental de lo que no podemos olvidarnos: La seducción. Seducir es un arte. Igual que el pintor se forma una idea de cómo será su cuadro o un escultor va moldeando a su gusto su obra, el seductor tiene que saber cómo seducir y a quién va seducir. Además, la seducción es un juego. Es un juego en el que hay que hacer el papel del seductor y del seducido, a retirarse de la partida en el momento adecuado y retomarla donde se quedó, a confundir al contrario y procurar que no nos confunda. ¿Fácil? No, no es fácil pero sí es posible aprender y, aunque no hay reglas específicas, dejo unos consejos básicos que seguro que vienen muy bien.

La actitud es muy importante, ya que afecta no sólo a nuestra forma de pensar sino a nuestra postura y a cómo nos ven los demás. Seguro que a una entrevista de trabajo no vas cabizbajo, ni desanimado ni con la certeza de que no vas a pasar el proceso de selección ¿verdad? Todo lo contrario, vas elegante, con el curriculum bien aprendido y pensando cómo convencer al entrevistador de que eres el candidato perfecto. Pues en las citas es exactamente lo mismo, tú eres el “producto” y vas a venderlo a un posible comprador, por lo tanto, tienes que saber venderte. Para ello, lo fundamental es la confianza y la seguridad. Confianza en que realmente eres lo que necesita y seguridad a la hora de expresarlo. Como mujer, piensa que eres estupenda y que puedes conseguir a quien te propongas. Ojo, no estoy diciendo que mires por encima del hombro ni vayas de divina por la vida, se trata de gustar no de parecer arrogante. Como hombre, debes demostrar que sabes lo que quieres, que no dudas ni tienes miedos, y digo demostrar, no que realmente sea así. Siempre se piensa que a las mujeres sólo nos atraen los hombres caraduras y no los buenazos, que preferimos aquellos que nos hacen sufrir más que a los que nos tratan bien desde el principio. Pues os equivocáis. El problema es que los caraduras tienen una seguridad que hace que nos fijemos en ellos, tienen desparpajo, son resueltos, convincentes y no dudan en decirte lo que quieres oír, esto hace que bajemos la guardia. Es decir, son profesionales del engaño, camaleones que se camuflan dependiendo de cómo sea la mujer a la que van conquistar. Sin embargo, los buenazos no están seguros de que vayan a gustar, no saben muy bien qué decir o qué hacer para no parecer pesados o su propio miedo hace que sean demasiado empalagosos. También suelen hacer un amplio despliegue de medios de caballerosidad que más que dejarnos sorprendidas y caer en sus brazos, nos hace sospechar y nos mantenemos alerta, algo que hace que las posibilidades de triunfo sean más escasas.

Por eso, hay que ir poco a poco, con calma y con paciencia. Dejarse llevar por los impulsos nos hace cometer errores garrafales que dan al traste con nuestros propósitos. No valen las declaraciones en las primeras citas ni mostrarse ansioso por saber cuándo os volveréis a ver. Tampoco son bien recibidos los reproches, las escenas de enfados sin venir a cuento ni las quejas por no mantener un contacto diario. El interés se va mostrando despacio porque si uno da todo desde el principio ¿qué más queda por dar? Hay que conseguir que la otra persona vaya cogiendo el gusto a estar contigo, que quiera seguir conociéndote porque le gusta lo que ve. Hoy enseñas un poco, mañana otro poco y así hasta que llega el momento ideal en el que no hace falta declararse porque sobran las palabras, las miradas lo dicen todo.

Y ya que hablamos de miradas, para seducir hay que observar. ¿Está receptivo? ¿Está a gusto? ¿Le interesa lo que digo? ¿Se aburre? ¿Le atraigo? Todo esto podemos saberlo por su comportamiento pero, sobre todo, por su postura. Si estáis sentados en una mesa, fíjate en cómo está sentado, si tiene una postura cómoda y relajada o si parece en tensión. Por ejemplo, si la persona con la que estás hablando está frente a ti, sentada de lado y con un brazo apoyado delante de la mesa cubriendo parte de cuerpo, eso es una barrera, está cerrando tu campo de visión y se protege. Los brazos cerrados significarían algo similar, es no estar dispuesto a “abrirse” al otro y recostarse en la silla es “alejarse”. Cuando su postura indique comodidad aprovecha a imitarle o fíjate si te imita, inconscientemente solemos imitar aquello que nos es grato o con lo que estamos a gusto. Hay muchos libros  sobre comunicación no verbal que pueden darte más detalles pero el mejor indicativo es la experiencia y puedes practicar esta observación en cualquier grupo de amigos.

Y si no se de él en un tiempo, ¿debo escribir? ¿Espero? Hay una norma no escrita por la que no se suele llamar o escribir el mismo día después de la cita o el día de después, esto resultaría precipitado y ansioso. En caso de que lo haga es que muestra interés pero también hay que tener en cuenta lo que se dice, un “lo he pasado genial y espero repetir, he estado muy a gusto” aunque parece que no dice mucho pero suena igual que una declaración. Lo normal es dejar unos dos o tres días después de la cita, si pasa una semana y sigue sin dar señales, ve pensando que la cosa no va a funcionar. En este caso, puedes dar el paso, eso sí, sin reproches ni preguntas de por qué no ha llamado. Puedes arriesgar y aventurarte a proponer una nueva cita pero en lugar de preguntar directamente, tantea el terreno primero. Si no contesta o te da un no por respuesta, no insistas más. La pelota ya está en su tejado y es el otro quien debe proponer si tiene interés. ¿Pasan los días y no da señales? Haz tu vida, sigue con tus planes, no esperes a que te llame para planificar y no te molestes en volver a preguntar, ya que no merece la pena escribir a quién no tiene tiempo de contestar. Sabe como localizarte, si no lo ha hecho, por algo será. Acabará llamando y puede que te proponga un plan y justo tú ya tenías los tuyos, no los deshagas, ha llegado tarde y tendrá que esperar, si quiere verte, esperará. Hay que saber decir que no, aunque tampoco constantemente porque eso cansaría, simplemente es demostrar que tu tiempo también es importante y que no pueden usarte de alfombra cuando quieran. Vamos, si te valoras, te valorará y si marcas los límites sabrá exactamente que eres un “rival” duro de ganar.


Seducir requiere tiempo, dedicación, práctica. Se cometen errores y de ellos se aprende y se vuelve a intentar. Seducir es adaptarse al otro porque no somos iguales y cada uno tenemos puntos fuertes y débiles distintos. Seducir es conocer, observar, interpretar, conquistar. Seducir no es engañar ni mentir, es resaltar tus cualidades y disminuir tus defectos, es crear y fomentar el interés del otro hasta que ese interés se mantenga por sí sólo. Por todo esto, Seducir es un arte.

jueves, 5 de junio de 2014

Los caprichos del destino

El destino es muy curioso y, muchas veces, nos pone las cosas difíciles y más en el tema del amor. Seguro que os habrá pasado alguna vez conocer a alguien con quien congenias muy bien y con quien harías una buena pareja pero que no estáis en el mismo momento. Cuando esto ocurre, da rabia, mucha rabia, porque no es nada fácil encontrar una persona con quien no sólo tengas afinidad sino que haya compenetración en muchos o en todos los sentidos.

A mi me ha pasado en varias ocasiones, una veces por él, otras por mi y otras por os dos. En una ocasión conocí a un chico que me gustó para algo más pero, cosas de la vida, él tenía unas circunstancias particulares y no prosperó. Yo estaba más receptiva a una relación mientras que él se centraba en sus cosas sin casi prestarme atención. La verdad es que en ese momento me dolió, pero con el tiempo entendí que no estábamos hechos el uno para el otro porque no buscábamos las mismas cosas, vamos, que íbamos por caminos muy distintos. También he estado en la tesitura de ser yo quien no quería nada serio y por más que la otra persona se esforzase o intentase atraerte, en tu interior hay algo que te dice que no va a funcionar. Es más, a veces cuanto más insisten o más cariñosos intentan ser más molesto resulta, y aunque suena incongruente, el motivo por el que esas tácticas no funcionan es porque no estás abierta a sentir. Probablemente ese interés te lo demuestren en el momento adecuado y haga su efecto, pero como no lo sea... apaga y vámonos.

Recientemente una amiga mía ha terminado una relación con vistas a una posible boda. Aún le cuesta olvidar y está intentando reponerse saliendo con las amigas o haciendo cosas nuevas. Hace unos meses se apuntó a un curso de cocina (hay que decir que se le da genial), según dice le relaja y sobre todo, consigue liberar la mente en esos ratitos. Pues, casualidades de la vida, un compañero de clase la está "rondando" y congenian muy bien. Sin ir más lejos, fui a buscarla hará unos días y nos acompañó a tomar algo. Se nota mucho filling entre ellos y hay una química especial cuando se mirar o se hablan. Se ve que tienen muchas cosas en común, creo que hacía tiempo que no veía a mi amiga con una sonrisa tan sincera y en una de las veces que fuimos al baño juntas le llegué a decir que ¡si les dejaba solos! Ahora mismo ella no quiere nada y, otra casualidad más, el chico también ha salido de una relación y tampoco busca un compromiso, están en el mismo momento. Lo peligroso de una situación así es que muy pocas veces se mantiene en el tiempo y al final, uno de los dos empezará a sentir algo más, puede que no hasta el punto de tener algo a largo plazo pero sí de conocer más a esa persona y, quién sabe, si intentarlo. ¿Que los dos evolucionan al mismo lado? Sería lo ideal pero, como he dicho, ocurre más a menudo que cada uno vaya en direcciones opuestas.

Más trampas del destino, una ruptura no deseada. ¿Es posible esto? Sí, claro y las circunstancias tienen mucho que ver. Aunque, también he de decir, que si se buscan alternativas puede llegar a funcionar, la cuestión es ponerse a buscarlas y motivarse por ponerlas en práctica, algo que en ocasiones puede fomentar la inestabilidad de una buena pareja. Tu chico se queda sin trabajo una temporada o se ve obligado a trabajar más de la cuenta. O puede que seas tú la que tienes que estar de aquí para allá con miles de historias (hijos, padres o abuelos a quienes cuidar, trabajo, quehaceres varios...) o tengas que echar una mano en un negocio familiar (o tuyo propio) y estés día y noche pegada al ordenador, viendo facturas, y a la calculadora, haciendo números para equilibrar las cuentas. El caso es que sea por los motivos que sean, no tenéis tiempo para dedicaros a vosotros, no os veis y sobre todo, no disfrutáis el uno del otro. Qué pena ¿no? Que sepas que si las cosas fueran de otra manera quizás pudiese salir algo bueno de esa historia de amor pero resulta tan imposible nadar a contracorriente que se tira la toalla. Como he comentado, se puede llegar a intentar algo, por supuesto, pero tiene que ser por parte de los dos y que se lleve a cabo si no, todo queda en nada.

El destino también es un poco puñetero y nos pone en el camino a personas que nos ciegan pero para mal, es decir, que nos utilizan, nos exprimen y nos dejan tirados. Mi amigo Gustavo ha pasado por esa experiencia, ¿el resultado? Se ha quedado chafado y desilusionado. Él pensaba que la chica tenía interés y que podría funcionar, pero no se dio cuenta de que ella lo único que buscaba era alguien que le diera un cariño que le faltaba, que la prestase atención y sentirse atractiva. Una vez que consiguió aumentar su autoestima, ya pudo valerse por sí sola para conocer a otros y desaparecer. ¿Mala persona? Sí, no se puede utilizar así a alguien, lo que sí es cierto es que no estaban en el momento idóneo para que se encendiese la llama del amor.

Pero bueno, tampoco seamos tan crueles con el destino, él también nos tiene preparados momentos muy buenos y provoca el encuentro de gente maravillosa, gente que te hace abrir los ojos y mirar hacia adelante, olvidando los baches del pasado. Personas que se convertirán en grandes amigos, con quienes compartirás muchas risas entre vinos y cenas. A lo mejor algunos serán ligues, que te harán vibrar de placer y con quienes sacarás esa mujer sexy que llevas dentro. O vete tú a saber si con el tiempo se cruza alguien que te haga ver la vida de otro color, que te haga sonreír y te ilusiones de nuevo y que, por esa casualidad de la vida, ambos tengáis ganas de iniciar algo juntos. Mientras ese día llega, simplemente, se feliz. 

domingo, 8 de diciembre de 2013

Mujer y Sexo

Hay hombres que creen saber todo sobre la sexualidad femenina pero a la hora de la verdad desconocen mucho sobre nosotras y el sexo. Y, por supuesto, hay que añadir clichés sociales y culturales y los tabúes y perjuicios que aún se mantienen sobre la sexualidad de la mujer. ¿Os habéis fijado lo fácil que resulta la penetración en una escena de cama en cualquier película? Se tiran en la cama, ella abre las piernas, él se coloca y… chim-pum, ya está dentro. Ni previos, ni toqueteos ni nada de nada, bueno, es que no tienen tiempo ni de disfrutar de los besos y caricias, parte importante para una conclusión apoteósica. ¡Ah! Y sin olvidar la tan recurrida postura del Misionero. ¿Acaso no hay más que se recurre siempre a la misma? Las mujeres tenemos gustos y fantasías sexuales igual que cualquier hombre, algunas las compartimos y otras son diferentes, en definitiva, nos gusta el sexo y queremos tener sexo.

Pero realmente ¿qué nos gusta que nos hagan? ¿Somos fáciles de complacer? Nos gusta todo aquello que nos haga sentir. El hombre es visual, imagina con la vista y su excitación pasa de 0 a 100 en un segundo mientras que la mujer es más sensitiva, requiere su tiempo y necesitamos las caricias y los besos para excitarnos y no únicamente entre las piernas sino por todo nuestro cuerpo. El “SENTIR” lleva a “EMOCIONES”. En el sexo buscamos complicidad con el otro, que haya pasión y algo de ternura para sentirnos deseadas. ¿Qué postura preferimos? En este sentido cada mujer tiene sus preferencias y las variantes son infinitas, desde estar encima para poder controlar la penetración hasta estar tumbada boca abajo o incluso de lado. La elección de una u otra dependerá del rol en el que se encuentre más cómoda (sumisa, dominante, activa, pasiva…) y, sobre todo, aquella con la que el orgasmo sea más sencillo.

En la sexualidad femenina hay ciertos puntos controvertidos. Uno de ellos es la práctica del sexo oral a la mujer. Se puede decir que practicárselo al hombre ya se considera normal, se da por sentado que al hombre le gusta, sin embargo, hay hombres que se muestran reticentes o que ni se plantean hacérselo a la mujer, así como también hay mujeres que lo ven como algo desagradable. Está claro que la anatomía es totalmente distinta y que la higiene es muy importante, pero ¿acaso el pene no tiene los mismos inconvenientes? Pues señores, tampoco es una maravilla vuestra “cosita” porque también puede oler, saber, tener vello y sus fluidos no son precisamente un estupendo manjar. Otro asunto delicado es la masturbación femenina y el uso de “juguetes”. Sucede lo mismo que en el caso anterior, la masturbación femenina aún es un tabú, de hecho, muy pocas mujeres son capaces de afirmar abiertamente que lo hacen y no nos engañemos con la “falsa libertad” de la sociedad actual. Socialmente se sobreentiende que el hombre lo hace, se ve como algo natural e incluso necesario, tanto es así que si alguno es capaz de afirmar que no se toca, se le tacha de “raro” o que tiene algún problema. Por tanto, si no es malo para el hombre, ¿por qué tiene que serlo para la mujer? Tampoco hay muchas féminas que afirmen usar juguetes sexuales, es algo que se lleva más en la intimidad y en el secreto. Lo curioso del tema es que hay un amplio mercado de estos artilugios para nosotras y no tanto para ellos, que se han tenido que conformar con las muñecas hinchables y sólo hasta hace relativamente poco se han empezado a comercializar otras variantes.

Y ya que hablamos de elementos adicionales, el mercado pornográfico se ha dirigido principalmente al sexo masculino. No es que las mujeres no vean películas porno, sino que mayoritariamente el perfil del consumidor suele ser hombre y, por ese motivo, se da más relevancia a las fantasías masculinas que a las femeninas en dichos metrajes. No obstante,  me veo obligada a decir que el porno ha hecho mucho daño al sexo. ¿Por qué? Porque hombres hechos y derechos se lo creen todo y demuestran tener ideas preconcebidas. El cine X es útil para el divertimento y placer pero es eso, ¡cine! Por otra parte, parece que las fantasías y deseos sexuales de la mujer empiezan a reflejarse en la literatura, de ahí el éxito de la famosa trilogía erótica “Cincuenta Sombras de Grey”, que en breve se va a llevar a la gran pantalla, y la proliferación de libros eróticos dirigidos a un público principalmente femenino.


En este punto, cualquier hombre se preguntará, ¿cuáles son las fantasías sexuales femeninas? En general fantaseamos con situaciones que no nos atreveríamos a hacer en la vida real o que no seríamos capaces de hacerlas, como por ejemplo lugares públicos o concurridos o utilizar complementos como esposas, correas o fustas. También imaginamos tríos, principalmente con dos hombres aunque también con otra mujer, sólo que en este último caso pocas se atreven a confesarlo. Y por supuesto, fantaseamos con hombres buenorros de fuertes brazos y cuerpos perfectos, que nos satisfacen de mil maneras posibles y son inagotables. A esos hombres les asignamos un prototipo y nos inventamos una historia en la que trascurre todo el proceso de seducción y sexo. Puede ser un jovencito mecánico lleno de aceite y sin camiseta, el monitor del gimnasio que te ayuda a estirar después del entrenamiento, el policía que está a punto de ponerte una multa y que es irresistiblemente atractivo o el bombero que ves cada mañana haciendo abdominales. Estos hombres “espectaculares” de nuestra imaginación pueden ser de otros países y culturas, ofreciendo un morbo añadido de lo diferente y desconocido. Todo lo relacionado con la sexualidad de la mujer está dentro de un halo de misterio y, sobretodo, existen muchos tabúes que provocan la aparición de mitos o equívocos. Para empezar, el clítoris no es un botón que simplemente se aprieta, es mucho más y está conectado a una gran cantidad de terminaciones nerviosas, por lo tanto, es muy sensible y si se cuida y se trabaja con esmero los resultados serán increíbles. También hay que recordar que los pechos no son masas de harina para hacer pan ni los pezones son protuberancias para retorcer o pellizcar. Cada mujer tiene un nivel de sensibilidad en los pechos y para algunas, será placentero que se toquen con más intensidad mientras que otras requieran más suavidad en el roce.  

El gran mito por excelencia “El tamaño importa”. Pues bien, ni vamos a ser hipócritas ni excesivamente bondadosos: el tamaño tiene una importancia relativa. ¿Por qué? Porque sí, un tamaño impresiona pero eso no quiere decir que nos guste, es más, cuando al tacto sientes que tu compañero sexual tiene un miembro de gran tamaño lo primero que piensas no es “¡OH, qué bien, es enorme!”, no, lo que piensas es “¡Madre mía! ¿Eso me va a entrar?” y ya vas con un poco de cuidado por si te va a hacer daño. En estos casos, el susodicho ha de ser muy hábil para preparar el terreno lo suficiente para que entre con suavidad y no como si fuera una Boa Constrictor. También hay que tener en cuenta el grosor, mucho más importante que la longitud aunque en ambos casos un tamaño grande dificulta el sexo oral e incluso anal…no es necesario explicar el por qué. A este respecto, se olvida que nosotras también tenemos unas medidas y hay un tope.  Es decir, si una erección de unos 18cm es el tamaño perfecto para una mujer en particular (cada una tiene unas medidas distintas y admitirá tamaños distintos), más supone dolor y menos no sentirá tanto. Así que, hombres, desprenderos de esa idea absurda de que el tamaño importa pero no os confiéis pensando que “lo importante es que funcione” porque funcionará en tanto en cuanto se adapte a la compañera de cama y del estupendo trabajo que seas capaz de hacer.

Y no podemos olvidarnos de dos etiquetas que la mujer ha adquirido en el sexo. La primera es que no nos gusta el sexo (siempre se menciona la excusa del “dolor de cabeza”), y es un gran error, que no queramos tener relaciones sexuales en un momento dado (principalmente porque nos hayamos enfadado con nuestra pareja) no implica que no nos guste el sexo y es perfecto para quitar dolores de cabeza y estrés. Y la segunda, es que preferimos hacerlo a oscuras (lo que implica considerarnos vergonzosas), y no, a nosotras también nos gusta ver lo que tenemos delante, así que, unas velitas o una luz tenue y todo resuelto.

Poco a poco, la mujer se ha aceptado a sí misma y su sexualidad, algo que ha permitido que tengamos más poder de decisión al respecto. Si te gusta cómo te lo hace, DÍSELO, si no te gusta, ENSÉÑALE, si quieres sexo, PROPÓNSELO y, sobre todo, NO TE CORTES.





domingo, 20 de octubre de 2013

Nuevas experiencias (**Relato Erótico**)

Estoy a punto de entrar y ya estoy nerviosa. Realmente no sé si debería atreverme, nunca he entrado a un sitio así y siento algo de vergüenza. Supe de este sitio por casualidad, en una conversación con unos chicos en una discoteca, decían que era el mejor para eso, sobre todo por la discreción. Me preguntaron sí lo había probado y dije que no, se rieron de mi ingenuidad y me plantearon que si quería conocerlo que les llamase. Nunca les llamé pero investigué por mi cuenta, la curiosidad me podía. Al principio me sorprendía lo que iba encontrando pero luego me dije "¿y por qué no?". No tengo nada que perder, pensé, y tampoco a nadie a quien dar explicaciones, sin embargo, algo me inquietaba, mejor dicho, me cohibía. Un día pasé por delante para investigar. Una calle estrecha y casi vacía, tuve que volver a pasar porque prácticamente ni lo vi. No sé por qué pero me fui corriendo, ¡cómo si estuviera haciendo algo malo! Paré y me dije a mi misma que parecía una quinceañera, soy una mujer madura y no hay nada de malo en experimentar, ¡la gente lo hace y les gusta!

Dos veces fui y dos veces me marché y ahora mismo tengo la misma tentación. Pero no, quiero intentarlo, saber qué es y qué se siente, ¿por qué no? Estoy justo delante de la puerta, tomo aire, abro la puerta y...entro. La verdad es que no me lo esperaba así, parece un local normal. Amplio, con dos barras, una enfrente nada más entrar y otra al fondo a la izquierda, metida entre unas columnas. Y hay más gente de la que esperaba, busco un sitio retirado cerca de una de las barras y pido una copa, tengo la boca seca, supongo que por los nervios. La decoración, sencilla y nada recargada. Las paredes son de tela de un color rojo oscuro con algunas fotografías de desnudos artísticos o imágenes de parejas o grupos en posiciones eróticas muy diversas. Unos sofás con mesas recorren todo el local y justo detrás de cada una de las barras hay unas jaulas para los bailarines, pero ahora sólo funciona la que está al otro lado. Veo una joven morena, con los pechos descubiertos y un diminuto tanga dorado. Sus movimientos sensuales muestran la flexibilidad de su precioso cuerpo, piernas largas que acaban en unos increíbles tacones de aguja, un vientre plano y un trasero que incluso desde aquí se aprecia su firmeza. Cuando se mueve se toca de forma sugerente  y no puedo dejar de mirarla, tal es mi atención hacia ella que no me doy cuenta de que una mujer está a mi lado hasta que voy a beber de mi copa. Creo que mi cara de sorpresa le acaba de dar la pista de que soy una novata, aún así me pregunta, se presenta y se sienta a mi lado. Rondará los 45 años aunque no los aparenta, pelo castaño y ojos verdes. Es agradable y ahora me siento algo más tranquila mientras hablamos. En un momento determinado, señala hacía un sofá y veo a un hombre con dos copas en la mesa. Me explica que es su pareja y que a él también le gustaría conocerme. Dudo un poco y ante mi indecisión, ella toma la iniciativa y me coge de la mano.

Ya sentados los tres, siento un cosquilleo en el estómago pero intento disimular. Ella le explica que es la primera vez que estoy allí y, mirándome, me dice que ellos me ayudarán a pasar un buen rato. Me hace un gesto para irnos y nos dirigimos a unas cortinas rojas que hay en un pequeño rincón oscuro. En esa zona la luz es mucho más tenue. Unas pequeñas luces anaranjadas recorren un largo pasillo y a sus laterales se encuentran pequeños cubículos cubiertos con unas telas, de los cuales salen susurros, resoplidos y gemidos. Más adelante hay un salón, lleno de sofás donde hay gente besándose y tocándose mientras otras miran la escena. La mujer me susurra al oído que es donde suele comenzar toda la gente y donde se quedan los que disfrutan siendo observados y a quienes les excita mirar. Seguimos por otro corredor con más habitaciones a los lados, en esta ocasión son luces azuladas y un olor a canela impregna el ambiente. Al final del pasillo hay una habitación con la tela blanca descubierta y es el que eligen. Titubeo un poco pero ya no hay marcha atrás, siento el corazón acelerado y calor en las mejillas. Entramos. 

Hay una cama grande ocupando todo el cuarto y una pequeña butaca roja pegada a la pared. Él se sienta en la butaca, ella se pone de rodillas en la cama y me hace un gesto para que vaya a sentarme al borde de la cama. Cierro los ojos y siento sus manos acariciando mi cabeza, mi cuello y mis hombros, muy suave, casi con las puntas de los dedos. Baja por mis brazos para volver a subir y meter los dedos entre mi pelo. Un escalofrío me recorre  todo el cuerpo cuando noto sus labios rozando mi cuello a la vez que sus manos se deslizan hacia mis pechos, masajeándolos por encima de mi camisa. Los sujeta con ambas manos, hace pequeños círculos sobre ellos, sube, baja, los junta y los aprieta. Y siento que me gusta. Voy notando la humedad entre mis piernas y mis pezones cada vez están más duros con el roce de sus caricias. Sus manos ahora bajan por mi vientre y se desvían hacía mis muslos, recorriéndolos lentamente, subiéndome la falda a cada movimiento y abriéndome las piernas poco a poco. Ahora siento cómo sus dedos empiezan a recorrer la parte interna de mis muslos hasta detenerse en las ingles y acariciarme entre las piernas por encima de las braguitas. Me arden las mejillas, no imaginaba que pudiera sentir tanta excitación con unas simples caricias.

De repente, siento que otras manos me tocan. Abro los ojos y veo al hombre de rodillas, subiendo sus manos por mis muslos. Ella empieza a desabrocharme los botones de la camisa, lentamente, acariciándome, seduciéndome. Me lame, me besa y me mordisquea el cuello. Él juguetea entre mis piernas, presiona con sus dedos y se aleja, vuelve y se va, provocando en mi un mayor deseo y ganas de que siga tocando. Ahora noto que sus manos suben hacia mis nalgas para coger mis braguitas, me muevo para dejar que vaya deslizándolas hasta mis tobillos y me las quite. Sin dejar de sentir las caricias de ella, los labios de él ascienden por mi rodilla y, sujetándome los muslos para que no cierre las piernas, mordisquea suavemente mi piel hasta que siento la suave punta de su lengua, primero pausado, luego más seguido. Es una sensación extraña, sentir placer de dos formas distintas a la vez y por dos personas distintas. Los dos me excitan cada vez más, la respiración se entrecorta y se me escapan pequeños gemidos, aún imperceptibles. Mientras él juega con su boca y sus dedos dentro de mí, ella aprovecha para desprenderme de la camisa y del sujetador y me echa hacia atrás. Sus manos me acarician cada vez con más deseo y sus labios van deslizándose por mi vientre, subiendo lentamente hasta alcanzar mis pechos. Juega con ellos, los aprieta con los labios, los suelta y con la punta de la lengua hace círculos que consiguen que emita un gemido más profundo. Ahora mismo, estoy sintiendo dos bocas  a la vez jugando en distintas partes de mi cuerpo y me gusta, cada vez estoy más excitada, más húmeda. Ella empieza a lamer mi vientre y besa y mordisquea el pubis y las ingles. Él combina sus dedos y su lengua entre mis piernas hasta que ella se une y los dos a la vez me dan placer oral. Es una sensación muy intensa que nunca había sentido, sintiendo como sus lenguas se turnan y juegan al mismo tiempo o lo combinan con sus dedos, introduciéndolos a la par, rozándome por arriba y por abajo con tanta habilidad que me hacen perder el control. Empiezo a notar un suave cosquilleo que va aumentando de intensidad provocando que tensione todo mi cuerpo y un gemido de placer sale de mis labios. Sus lenguas acompañan el ritmo de mis espasmos y poco a poco van deteniéndose, se retiran y acarician mi cuerpo extenuado.  La sensación es increíble, varias manos acariciándome después de un orgasmo tan excitante.

Abro los ojos y veo que él se incorpora y ella le sigue. Empiezan a besarse y a acariciarse. Les miro embelesada, sus cuerpos buscándose y deseándose, sus bocas sedientas y sus manos desnudándose mutuamente. Voy perdiendo la timidez, me aventuro a probar y me uno al grupo. Nos colocamos de pie, una a cada lado de él, quedando sus piernas abiertas entre las nuestras. Primero imito los movimientos de ella y luego voy investigando por mi cuenta. Cuatro manos tocándole el pecho, los hombros y la espalda, pasando nuestras lenguas por sus pezones y su torso. Ella le desabrocha el pantalón y queda al descubierto su erección. Me coloco detrás y masajeo su espalda, descendiendo por los costados y presionando sus nalgas, las mordisqueo y subo con mi lengua haciendo un recorrido serpenteante y pausado. Ella se encuentra arrodillada jugando con su boca y sus manos y el sujeta su cabeza con las suyas, metiéndole los dedos entre su pelo y apretándola más hacia él. Su excitación cada vez es mayor, la respiración se le entrecorta y gime de satisfacción. Me arrodillo y voy acariciando desde atrás sus piernas y la parte interna de sus muslos. Palpo sus testículos y los dejo entre mis manos. Ella me cede el lugar y, mientras yo continuo con la boca, se levanta para colocarse delante de él, se desprende de la poca ropa que queda y le seduce acariciándose ella misma todo su cuerpo y se tumba en la cama mientras sigue tocándose deseosa de que vayamos junto a ella. Él se retira de mí y me hace un gesto para que me levante y me dé la vuelva.

Nos tumbamos a su lado y vamos acariciándola lentamente. Yo me centro en sus pechos al igual que ella hizo conmigo. Sus pezones están totalmente erectos, los acaricio con las yemas de los dedos, los pellizco suavemente y dejo que la punta de mi lengua juegue con ellos. Él besa sus labios y su cuello a la vez que sus dedos se deslizan hacia su vientre y se meten en su interior. Siento que una de las manos de ella busca mi cuerpo, me toca y finalmente sostiene una de mis manos y la pone entre sus piernas, dejándome claro lo que quiere. Siento entre mis dedos la suavidad de sus pliegues mojados y entre él y yo conseguimos que gima y se retuerza de placer. Sin darle tiempo a que se recupere, él está tan excitado y con una gran erección que la da la vuelta, la pone a cuatro patas y empieza a penetrarla con fuerza. Me coloco de rodillas delante de ella y con mis manos sujeto sus pechos bamboleantes y acaricio su espalda. Él disfruta viendo como la toco, se deleita observando las curvas de mi cuerpo y el movimiento natural de mis pechos. Me hace un gesto para que me acerque, me muevo de tal manera que sigo tocándola mientras él me acaricia. Una de sus manos alcanza mi pecho, lo sostiene con firmeza, lo suelta y lo vuelve a coger. Da pequeños pellizcos en el pezón, que va endureciéndose a su tacto. A ella cada vez la penetra con más fuerza mientras mete la mano entre mis piernas sintiendo que aún estoy muy mojada. Los tres gemimos cada vez más alto, ella y yo volvemos a retorcernos de placer casi al mismo tiempo y él alcanza el éxtasis gracias a nuestros espasmos y gemidos. Arquea la espalda  y todo su cuerpo se tensiona, disminuyendo el ritmo de sus acometidas hasta que queda totalmente parado y exhausto. Ella se retira y deja que quede tumbado en la cama boca abajo.


Ella se levanta y empieza a recoger su ropa. Me mira de arriba abajo y me dice que le encantaría volver a repetir la experiencia conmigo y que espera que me haya gustado. Se acerca a mí, me coge la barbilla con sus manos y me da un beso en los labios a modo de despedida y salé de la habitación. Él se levanta y también recoge sus pantalones.  No me habla, sólo me mira, me sonríe y desaparece tras la tela blanca. No sé el tiempo que ha pasado pero ya es hora de retirarse. Recojo toda mi ropa y me siento en la butaca. Me pongo las braguitas y no puedo evitar pensar en lo ocurrido. Recupero el sujetador y la camisa y un escalofrío recorre todo mi cuerpo al recordar cada sensación, cada caricia, cada gemido. Ya vestida, salgo y deshago el camino andado: el pasillo de luces azuladas, el salón de los sofás, ahora vacío, el pasillo de luces anaranjadas y al fondo las cortinas rojas. Salgo de aquel local con la sensación extraña de haber vivido un sueño, como si nada de aquello haya sido real. Miro hacia atrás y allí está la puerta por la que antes entré tímida y vacilante. No, no ha sido ningún sueño, ha sido todo muy real, una experiencia intensa e increíblemente excitante.