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domingo, 31 de enero de 2016

Mujeres experimentadas

Muchos hombres opinan que las mujeres somos rebuscadas, malpensadas y frías. Consideran que somos inaguantables cuando nos ponemos a la defensiva o que acabamos echando en cara muchos reproches del pasado. Pues bien, aunque sí que es cierto que a veces nos pasamos un poco cuando nos enfadamos con nuestras parejas/maridos, y hombres en general, lo principal es buscar la raíz del problema: ELLOS. Sí, ellos mismos son los que han provocado que acabemos siendo tan “especiales”. Evidentemente, cualquier hombre que lea esto o al que se lo diga, no sólo lo negará sino que me dirá que eso mismo confirma esa teoría masculina, puesto que también se suelen quejar de que siempre les echamos la culpa de todo.

Cuando eres una adolescente, crees en los cuentos de hadas, en el Amor a primera vista y en el Amor Verdadero. En esa época, somos más inocentes y mucho más vulnerables ya que tenemos un total desconocimiento de las relaciones Hombre/Mujer tanto en el plano físico como en el emocional. Que a los 16-18 años un chico te pida salir es fantástico y todo lo que ello conlleva: los arrumacos a la salida de clase, las notitas amorosas, las salidas nocturnas, las nuevas experiencias… Pero la cosa cambia cuando empieza a hacerte menos caso, menos llamadas, le ves que tontea con otras o se acaba en ruptura. Esto es sólo una experiencia de las tantas que pueden surgir y es justo por eso, por la experiencia, por la que cuando pasamos la barrera de los 30 años nos cuesta mucho más encontrar una pareja estable, por el mero hecho de que estamos más “maleadas”.

He tenido citas en las que me han halagado hasta el extremo, que me han prometido escapadas fabulosas, que se me han declarado abiertamente o que estaban ansiosos por conocerme o volver a verme. De estas ocasiones, los que consiguieron sexo, acabaron desapareciendo y los que, por diversas circunstancias, no lo obtuvieron también desaparecieron. Es decir, se aprende a no creer en palabras bonitas a la primera de cambio y a desconfiar de aquellos que se exceden tanto en elogios como en promesas que sabes que nunca se van a cumplir. También se aprende a huir de los que sólo hablan de sí mismos o de aquellos que derivan cualquier conversación al plano sexual. Está bien tratar abiertamente el tema del sexo pero cuando es una constante, está claro hacia donde se dirige esa cita y si no es lo que buscas, no merece la pena perder el tiempo.  Si evitamos a los “aguilillas”, los que “nunca se atreven” corren la misma suerte porque es más que probable que en una relación con ellos tengas que llevar la iniciativa la mayor parte del tiempo (por no decir siempre), y es que lo que al final importa son los hechos.

Los hechos son los que demuestran todo de una persona, tanto para lo bueno como para lo malo y son el indicativo perfecto para saber si a alguien le importas o no. Me han llegado a decir que soy “controladora de tiempos” a la hora de contestar mensajes por Whatsapp o llamadas de teléfono. Pues bien, teniendo en cuenta que si me tardan en contestar, incluso hasta tres días, que no esperen que cuando lo hagan esté ansiosa por escribirles o llamarles. Su acción demuestra el poco interés que tienen en mí, por tanto, no voy a perder tiempo (aunque sean unos minutos) en ellos. No aguanto eso de que dejen las conversaciones a medias y que cuando lo haces tú te lo echen en cara o te digan el típico “claro, es que te has olvidado de mí”, puedo entender que haya momentos en los que no se pueda contestar pero ¿Qué se olviden? , no, por ahí no paso. Una vez escuché la siguiente frase “no pierdas el tiempo en escribir a quien no tiene tiempo de contestar” y es una gran verdad que se aprende con la experiencia.

Otro hecho muy significativo: dar plantón. Se te queda una cara de idiota cuando ves que pasa el tiempo y sigues esperando sin que aparezca tu cita. Crees que se ha retrasado por el transporte y das unos 15 minutos de margen para intentar localizarle. Lo haces y o bien no te contesta o si lo hace te suelta una excusa que suena a mentira por todos los lados por donde lo quieras mirar. Eso demuestra una cobardía y una falta de educación sin igual y ¿qué pasa? Pues que aprendes la lección y te cuidas muy mucho de con quién vas a quedar, cómo, cuándo y dónde. Tengo por norma que sean ellos los que me lo propongan y si no se molestan en confirmar la cita, doy por sentado que es un “No” y no insisto para buscar una confirmación. Puede sonar un poco a tópico eso de que mejor sean ellos los que lleven la iniciativa, pero lo hago por dos cuestiones. La primera, si una mujer toma la iniciativa en la mayor parte de los casos, los hombres se amedrentan, no entiendo muy bien por qué pero es así (repito, mayoría de los casos, no todos). La segunda, si son ellos los que manifiestan interés no sólo en quedar sino en confirmar la cita e incluso se prestan a irte a buscar donde te encuentres, me aseguro de que sí van a aparecer. Otra cosa de la que se olvidan muchos hombres es de los detalles. Tener o no ciertos detalles (no sólo me refiero a materiales) dice mucho de la persona y de su implicación en la relación que tengáis.


Decir lo que piensas o sientes al poco tiempo de conocer a alguien es todo un error en el mundo de las conquistas. Cuando dices un “me gustaría volver a verte”, “quiero seguir conociéndote”, “te he echado de menos”… tienes que tener en cuenta a quien se lo vas a decir y si habrá reciprocidad en sus palabras y hechos. Principalmente porque te estás descubriendo, estás abriendo una puerta a los sentimientos y le demuestras que te importa bastante más que para unas cuantas citas esporádicas. Como en el juego de las cartas, para ganar hay que apostar y jugar, a veces se pierde y a veces se gana, pero antes tienes que haber observado a tu adversario, calcular qué cartas puede tener, qué actitud tiene… En el caso de las relaciones es lo mismo, no puedes apostar a ciegas, primero hay que observar y tantear el terreno antes de tirarse a la piscina. Y para conseguir esto, hay que haber perdido muchas veces y ganado en otras, dándote una visión de lo que conviene o no según las circunstancias y, lo más importante, según como sea tu carácter y tu forma de actuar. Lógicamente llega un punto en el que hay que poner las cartas sobre la mesa y saber a qué juega cada jugador y eso suele darse con el tiempo, la cercanía y, nuevamente, los hechos.

Se suele pensar que las mujeres lo tenemos más fácil que los hombres a la hora de ligar porque si queremos ligar, ligamos. Cualquiera que piense eso dudo mucho que sea mujer. Lo que sí es cierto es que acabamos escogiendo nosotras y no ellos, pero eso no significa que sea sencillo porque he recibido “Noes” como respuesta en bastantes ocasiones. Esto también forma parte del aprendizaje, el aceptar el rechazo. La primera vez duele, ¡vaya si duele! No sé a vosotras pero a mí me pasó en mi época de instituto al enamorarme de alguien que no me correspondía. Pero suele impactar más en la época adulta, cuando ya eres más consciente de las cosas y te planteas de una forma más seria el por qué de ese rechazo.

Y cuando tienes éxito y llegas a intimar… ¡la de batacazos que te llevas con el tema sexual! De los que tardan menos de 3 minutos en terminar y se olvidan de que existes, pasando por los que se duermen, los que aprietan demasiado fuerte, los que no hacen orales bajo ningún concepto pero sí quieren que se los hagas, hasta los que no ponen ningún entusiasmo, los que parecen que no terminan nunca, los que pasan de preliminares, los que no quieren usar protección porque les aprieta… Vamos, que hay de todo. Y aquí lo que aprendes es a descubrir las reacciones de tu cuerpo y a saber lo que te gusta y lo que no, pero, sobre todo, a disfrutar del sexo. “La primera vez” no es que se diga que sea la mejor de todas y durante la adolescencia, con la explosión hormonal, se va descubriendo mucho, sí, pero sin los matices que se adquieren a partir de la madurez cuando todo ese conocimiento se unifica y ramifica en más conocimiento a través de más experiencias desde una perspectiva más sensitiva y enfocada al placer no únicamente a la investigación.

Por este motivo, por la experiencia, una mujer madura puede hacerse la inocente sin serlo, la que no sabe nada pero sabiendo, la que no se entera de nada pero enterándose de todo, la que hace la vista gorda pero que lo ve todo, la que sabe reconocer una mentira aunque aparente que se la cree, la que se hace la olvidadiza sin olvidar nada… Y esto es muy peligroso


domingo, 22 de noviembre de 2015

LAS MATEMÁTICAS DEL AMOR

Hanna Fry (imagen de su web oficial)
Debido a mis estudios y mi pasión por las palabras (de ahí que me guste escribir) siempre me he considerado una mujer de Letras y no he tenido muy buena imagen de las Matemáticas. Sin embargo, creo que voy a tener que replantearme está cuestión al conocer las explicaciones de Hanna Fry, Profesora de Matemáticas en el University College de Londres. ¿Por qué mi cambio de opinión? Pues bien, la profesora Fry ha publicado un libro que seguramente muchas y muchos deberíamos leer para encontrar nuestra pareja perfecta y conservarla: “Las Matemáticas del Amor”. Di con él tras leer un artículo en una revista y desde entonces esta idea me ha estado obsesionando día tras día, lo que me ha llevado a  buscar por internet esta teoría de Hanna Fry y he encontrado un interesante video sobre cómo las Matemáticas influyen en el Amor.  Aquí va un resumen de las teorías.


“Atrévete”: Según parece, los atrevidos tienen más posibilidades de encontrar el Amor. Es decir, cuantas más veces arriesgues, llegarás a tener una opción posible mientras que si prefieres esperar a que te elijan, podrás acabar con la opción menos mala de las posibles que hubiese, aspecto que se calcula con el algoritmo de Gale-Shapley. Pero vayamos a lo real para verificar este hecho. Estás en una fiesta y te animas a coquetear con el rubiales que está pidiendo una copa. Entablas una pequeña conversación con él pero ves que no te está prestando la atención suficiente y te vas. Media hora más tarde aparece un grupo de tres hombres y uno de ellos te ha dejado fascinada, ¿cómo acercarse para hablar con él a solas? No, cielo, anímate y habla con los tres puede ser que justo uno de los acompañantes tenga una conversación más interesante y acabes fijándote en él mucho más que en su amigo. Además, seguro que el hecho de que tomes la iniciativa a conocerles les llama más la atención que si te quedas sentada en un sofá a esperar que alguno cruce la mirada contigo. Es decir, cuantas más veces lo intentes, más probabilidad tendrás de acertar en alguna ocasión. Lo cierto es que a muchas mujeres les da miedo tomar la iniciativa por miedo a ser rechazadas, sin embargo, ese hecho es bueno ya que poco a poco una misma se fortalece con los Noes recibidos hasta el punto de que no le importa que se los digan porque tiene la certeza de que habrá alguno que diga un sí.


“Práctica, Práctica, Práctica”: Evidentemente todo en la vida, o casi todo, lo vamos aprendiendo con el tiempo y la práctica. Unos son muy buenos tocando el piano, otros pintando, escribiendo, bailando… A cada uno nos gusta algo en concreto y lo vamos potenciando de tal forma que lo que al principio suponía un esfuerzo luego se convierte en algo fácil de realizar. Esto mismo sucede con el Sexo. ¿El Sexo? Sí, porque, evidentemente, ninguno nacemos sabiendo “TODO” sobre Sexo, sino que se aprende y la mejor forma de aprender es practicándolo. Bueno, dado lo que me he encontrado en mi vida sexual, puede que alguno tenga que practicar más o no haya prestado demasiada atención en sus prácticas pasadas… En las Matemáticas se habla de los “Supernodos” a través de la “Ley potencial”, que en las relaciones amorosas viene a significar que las personas que tengan muchas parejas sexuales son “Supernodos” que tienen más probabilidades de tener más conquistas sexuales. Volvamos a la realidad. Cuanta más experiencia coges, no sólo te llevas ese aprendizaje sino que te afecta emocionalmente tanto de forma positiva como negativa. La forma positiva es que cuanto más éxito se tiene en las conquistas, más seguridad se va adquiriendo, y la negativa sería lo contrario (lo que antes comentaba del rechazo) algo que en algunas personas les crea inseguridad para seguir intentándolo (un grave error, por supuesto). No necesariamente tienes que ser un bellezón para ligar o seducir, pero si eres capaz de conseguir muchos éxitos, te sentirás más sexy y más capaz de conseguir nuevas citas, es decir, la visión que tienes de ti misma es positiva y lo reflejarás en tu forma de vestir, de andar, de mirar, de hablar, de comportarte… en una palabra, te crees que puedes y, por tanto, lo consigues porque los otros son capaces de ver esa actitud y les llamará la atención. No obstante, tener muchas parejas sexuales lleva aparejado un riesgo: estar más expuesto a enfermedades de transmisión sexual o incluso un embarazo no deseado si no se toman las precauciones necesarias. Siempre  hay que realizar el Sexo seguro pero hay momentos en los que nos dejamos llevar por la pasión y, sin pensarlo, no hacemos las cosas bien, así que, por favor, seamos conscientes y usemos la cabeza antes de tener una relación sexual de una noche loca.

“Saber venderse”: En el mundo del Marketing y la Publicidad es un lema fundamental y los matemáticos demuestran que en las relaciones sentimentales se debe tener muy en cuenta, como así. En su video explicativo, Hanna Fry explica que hay que destacar eso que te hace ser diferente al resto y que es más ventajoso que no todos nos consideren atractivos, eso implica que quien tenga interés tendrá menos competencia y, por tanto, más opciones de éxito, mientras que si muchos creen que eres una preciosidad no querrán arriesgarse porque no tendrán éxito. ¿Cierto? Si me baso en las conversaciones con amigos, cuando ven a una chica realmente increíble en una discoteca, por ejemplo, no paran de mirarla pero muy pocos (o casi ninguno) se atreven a lanzarse ya que saben que no van a estar a la altura y que no van a ser de su agrado. También me han comentado que ante un grupo de amigas es mejor lanzarse a las que son más normalitas y no a la que destaque más por su belleza, con las amigas pondrán tener más probabilidades mientras que si “atacan” a la guapa no sólo es que les puede rechazar, sino que sólo tendrán una única opción. si en el campo del Amor lo relacionamos con el atrevimiento, las opciones se multiplicarán.

“¿Pareja Perfecta? Es posible”: Según las matemáticas, se utiliza la “Parada óptima”, por la cual en un tramo de entre los 15 y 35 años, el primer 37% de nuestras relaciones ha de descartarse como opción sería de matrimonio y se debe elegir a la siguiente persona que sea mejor que todas las anteriores. La profesora Fry advierte que no es eficaz al 100 por 100 y que se pueden dar dos tipos de riesgos: que la pareja perfecta aparezca en ese primer tramo del 37% que rechazamos y que no encontraremos a nadie que sea mejor que lo anterior, o que el 37% inicial no se adapte por completo a ti y que el siguiente sea “menos malo” y te quedes con esa opción aunque no es realmente buena para ti. Parce que solemos funcionar así y en la época de juventud se suele “juguetear” mientras que pasado el tiempo se intenta tener relaciones más estables. No obstante, me planteo varias cuestiones. Qué sucedería si conoces a esa persona siguiente de tu 37% con el cual deberías quedarte y, sin embargo, para él, tú te encuentras en su primer 37% que tiene que descartar o cómo se explicaría que haya personas que se casen con su primera pareja, algo muy común antiguamente y no tanto en el siglo XXI aunque algún caso sí he conocido. También me gustaría saber cómo calcular cuándo has llegado a tu 37%, puesto que has podido salir de una relación duradera y, como en ese tiempo no has ligado, aún no has cumplido tu 37% a pesar de poder estar en un tramo de edad superior a los 25-30 años, es decir, has pasado el rango del “juego” y te encuentras en el rango de “seriedad”, según las estadísticas, en este caso ¿se intenta jugar para tener más experiencia en todos los aspectos o nos quedamos con una alternativa que sea mejor que lo ya conocido? El problema es que cuando se supera la barrera de los 35 años es muy probable que la soltería comience a pesar, el reloj biológico de la mujer (que por desgracia es el que es y no se puede cambiar) suena cada vez con más intensidad y se comete el error de buscar a la desesperada, desear pareja lo antes posible y generar frustración cuando se producen rechazos o las opciones se tienen que descartar.

“Positividad”: ¿Quieres que tu relación prospere y no acabe en divorcio? La solución está en el umbral de negatividad. Hanna Fry menciona el estudio del equipo del psicólogo John Gottman, en el que se demuestra que parejas positivas tienen menos riesgo de divorcio. A este estudio se suma la ecuación de “Espiral de negatividad” del matemático James Murray, en la que interviene el estado de ánimo de cada miembro de la pareja y como se influyen entre sí. Los resultados indican que para que una relación funcione hay que tener un bajo umbral de negatividad que se caracteriza por no pasar las cosas por alto y que haya espacio para las quejas para que cosas triviales no se conviertan en problemas serios. En definitiva, tener una visión positiva del matrimonio. En este punto la realidad es mucho más compleja que las matemáticas aunque, por supuesto, siguen dándoles la razón. En las discusiones de pareja muchas veces nos dejamos llevar por las emociones y caemos en el error de los gritos, los reproches o incluso insultos o faltas de respeto. Obviamente, esto no es lo más ventajoso, al igual que estar discutiendo permanentemente. Lo que hay que encontrar es un término medio, en el que hablar las cosas sin llegar al “enfado extremo”, tener cada uno su espacio pero mantener espacios comunes en los que no sólo disfrutar el uno del otro sino también de hablar de lo que nos preocupa y ofrecer soluciones positivas. Lo malo de esto es que prácticamente es imposible llevarlo a cabo porque en la actualidad tenemos tan poco tiempo que lo último que queremos cuando llegamos a casa es mantener una discusión “cordial” con tu pareja, básicamente lo que queremos es estar tranquilos e ignoramos los problemas que puedan estar ocurriendo en nuestra relación. También nos hemos hecho más egoístas y nos cuesta escuchar a los demás y, por supuesto, hay que contar con el gran impedimento que supone el intentar hablar con un hombre de sus sentimientos, de lo qué está pensando o si le pasa algo, vamos, toda una misión imposible.

La verdad es que nunca creí que pudiese darse una relación entre las Matemáticas y el Amor ni mucho menos que nuestro comportamiento pudiese estar fundamentado de forma inconsciente en ecuaciones matemáticas o probabilísticas. Lo que sí es cierto es que el Amor, igual que las Matemáticas, no es sencillo y requiere del esfuerzo de ambos miembros de la ecuación para conseguir que 1+1 sea igual a 2.

Par saber más:


http://www.hannahfry.co.uk/


lunes, 26 de octubre de 2015

Infidelidad en la web

Cada vez más proliferan las webs de contactos para encontrar sexo fortuito y, aunque algunas las promocionan como un buscador de pareja estable, la realidad es muy distinta. Páginas como Badoo, Meetic, E-Darling, POF, C-Date o Adopta un tío son sólo algunos ejemplos de tantos como podemos encontraren la red. En cuanto a Adopta un tío, ¿os imagináis que hubiese una web llamada Adopta una tía? Bueno, la que se liaría sería increíble, miles de feministas poniendo el grito en el cielo y proclamando a los cuatro vientos que el cuerpo de la mujer se está exhibiendo como carnaza para los hombres. ¿Y en el caso de los hombres no es así? ¿Nadie dice nada por la exposición masculina en un mercado de carne virtual? No, claro, en este caso parece ser que no, como la mujer puede elegir y meter en el carro a quien quiera (tal como aparece en su logotipo) eso sí se considera lícito… Por otra parte, existen webs que incitan a tener encuentros sexuales fuera del entorno de pareja, y aunque muchos de los perfiles pueden llegar a ser falsos (aconsejo el reportaje de “Equipo de Investigación” de la Sexta sobre el tema, lo cierto es que muchas mujeres y hombres casados acceden a internet en busca de sexo. ¿En serio? ¿Hasta ese punto hemos llegado que necesitamos ser infieles para que “funcione” un matrimonio/pareja? Lo más triste de todo es que así es. Claro que también hay solter@s que quieren darse una alegría al cuerpo pero en las páginas de contactos encuentras a hombres que te preguntan si no te importa el hecho de que tengan pareja o te lo ocultan tanto como pueden. Un ejemplo de ello: los que pueden quedar únicamente entre semana con horarios reducidos o en fines de semana pero en horario de mañana, los que ponen excusas para no llevarte a sus casas, los que te aseguran que no pueden estar pegados al móvil por el trabajo, los que no quieren que te subas a sus coches (para no dejar rastros)… si te dan alguna de estas excusas, mantente alerta. Con todo esto, lo que yo me pregunto es ¿por qué somos infieles? ¿Es por lo prohibido? ¿Preferimos Sexo sin Amor? ¿Estamos cansados de lo que tenemos?

Lo cierto es que la rutina y la monotonía juegan un papel relevante en la búsqueda de una aventura. Si bien al principio de una relación todos hacemos buenos propósitos, al estilo de los propósitos de Año Nuevo de los que muchos de ellos no se cumplen, según pasa el tiempo nos vamos acomodando y dejamos de hacer cosas nuevas e interesantes con nuestra pareja. Y no sólo eso, sino que también te despreocupas de tu pareja: ni piropos, ni sexo pasional, ni interés por el día que ha tenido en la oficina… ¿Cuándo fue la última vez que le dijiste a tu novio que estaba guapo con esa camisa? ¿Y a tu novia cuanto hace que no le llevas el desayuno a la cama? ¿Cuánto hace que no vais a un concierto, al cine o un fin de semana fuera? Esa dejadez es la que tanto a hombres como a mujeres les motiva más mantener relaciones extramatrimoniales, por la sencilla razón de que en esas personas casuales van a encontrar lo que no tienen en casa.

La apatía tiene mucho que ver con esta dejadez que cada vez suele ser más habitual de lo que parece. Las mujeres se multiplican para poder llegar a hacer todo en el mismo día y no es raro que lleguen tan irritadas a casa que a la mínima les salten a sus maridos, aunque sea por alguna tontería. Los hombres se enfrascan tanto en sus trabajos que llegan a casa cansados con el único propósito de tirarse en el sofá y no hacer nada o bien salen a desestresarse a correr o al gimnasio y sólo les quedan fuerzas para cenar y marcharse a la cama. Cuando hay niños, la situación se complica mucho más, no por los niños en sí mismos, sino por el estrés que genera la repartición de las tareas tanto del hogar como de los peques (llevarles al cole, recogerles, bañarles, prepararles la cena…). Caso 1: La mujer está harta de no poder tener sexo con su pareja porque siempre dice que está cansado y sin ganas. Esto le lleva a pensar que ya no le atrae, que no es sexy y se siente menos mujer. Utiliza webs de contactos para que le levanten un poco el ego, sentirse mejor y, si se decide, tener el calor humano que no recibe en casa (no sólo sexo, sino caricias, besos…). Caso 2: Hombre que prefiere quedarse trabajando hasta tarde para pasar menos horas en casa, bien por evitar discusiones, bien porque siente que se agobia en casa.  Empieza a poner excusas para llegar tarde a casa, se inventa reuniones cuando en realidad se va a tomar cervezas con varios compañeros. Decide flirtear con otras mujeres que le van a tratar como un rey. Son sólo dos casos hipotéticos de los muchos que podemos encontrar, pero todos ellos tienen en común sentimientos de soledad, frustración, incomprensión e insatisfacción.

Además de “abandonar”  a nuestra pareja, nos abandonamos a nosotros mismos aparcando actividades personales e incluso relegamos a nuestros amigos a un segundo plano. Y no es que hagamos esto por obligación sino que lo hacemos porque queremos y de forma progresiva, casi sin darnos cuenta, y se paga un alto precio por ello. Esto es más común en las féminas pero en el sector masculino también hay alguno que se olvida de los amigos y no hace nada si no va siempre con su chica. ¿No habéis conocido parejas así? Yo sí, bastantes. Todo lo hacen juntos y donde va el uno va el otro, así que, olvídate de planificar una noche de amigas porque seguramente tu amiga emparejada no parará de estar con el móvil en la mano escribiendo a su novio y se irá antes de medianoche cual Cenicienta porque así puede estar también con él. Eso o se trae al novio y se acabó el ambiente de “Noche de Chicas”. Otra cosa que solemos hacer muchísimo las mujeres, relegar cualquier plan a la espera de hacer algo con tu pareja, algo que muchas veces sale mal porque no se llega a hacer nada ni con unos ni con el otro. Con el tiempo, estas situaciones se vuelven en contra de la pareja porque ninguno de los dos tiene su espacio definido y conocer gente nueva se convierte en una válvula de escape para esa excesiva dependencia.

Y si hablamos de dependencia, la Dependencia Emocional también cuenta como un factor a tener en cuenta en la búsqueda de ligues en la red. Un exhaustivo control de dónde está, con quién, cuándo vuelve, lo que hace puede llegar a ser agotador y ese día que tenga libre para hacer lo que quiera, saldrá desatado/a y hará todo lo que no se le permite en condiciones normales. Otra forma de dependencia es para algunos la “necesidad” de estar con él/ella y miedo a perderle/la. Esto hace que en lugar de tener una relación “sana”, se vuelvan obsesivos, inseguros y miedosos y provoquen eso que no quieren, alejamiento de la persona que quieren. Ese alejamiento puede ser un simple cambio de comportamiento en casa (te habla menos, te evita, se va a la cama antes o después de que lo hagas tú, llena sus horas libres con actividades para sí mismo…) o un verdadero alejamiento físico en el que la frase “vamos a darnos un respiro” puede salir a la luz. De esto es muy fácil llegar a las mentiras y a crearse un perfil en una página de contactos, puede que al principio sin intención de llegar más lejos pero una vez metido en el asunto es muy probable que se llegue hasta el final.


Sin entrar en quién es más infiel, si hombres o mujeres, lo que se aprecia es que pasado un cierto tiempo las relaciones de pareja flaquean por diferentes circunstancias y, si no se ataja el problema a tiempo, puede llegar la dejadez y la monotonía y estás a su vez pueden desembocar en la búsqueda de nuevas experiencias que no encuentras en tu relación. ¿Tu relación no funciona? ¿Estás insatisfecha? ¿No eres feliz? ¿Necesitas algo nuevo? Antes de iniciarte en el mundo de la infidelidad sopesa lo que tienes, lo que ganas, lo que pierdes y el precio a pagar por esa aventura. Piensa que si pones en un segundo plano tu relación será porque no te interesa tanto como antes, entonces ¿por qué seguir? Pero lo más importante, recuerda que detrás del placer que recibes por una aventura fugaz, detrás hay una persona a la que engañas y deberías ponerte en su lugar ya que es muy probable que a ti no te gustas que fuesen infieles contigo, por lo tanto, no hagas lo que no te gustaría que te hicieran a ti.

Incluyo enlaces a reportaje sobre la Infidelidad de "Equipo de Investigación" (la Sexta) emitido el 23/10/15: 


viernes, 9 de octubre de 2015

Mindfulness

Últimamente se ha puesto muy de moda el Mindfulness, o lo que es lo mismo, el “Aquí y Ahora” que ha promulgado el Yoga desde tiempos inmemorables, lo que pasa es que ahora queda más “fashion” llamarlo así. Está más que comprobado que el Yoga y otras técnicas de relajación que promulgan este concepto son muy saludables y no solo ayudan a mantener una mente sana sino también un equilibrio entre cuerpo y mente. Sin embargo, eso de vivir el “Aquí y ahora” puede que no sea del todo realista teniendo en cuenta la pura realidad biológica, es decir, nuestro cerebro. Según una serie de estudios científicos, el cerebro tarda unos 3 segundos en procesar la información que recibimos, por lo tanto, estamos permanentemente manejando datos pasados. Que incoherente ¿no? No pretendo hacer de este artículo un texto científico pero de lo que sí quiero hablar es de nuestra forma de ver el pasado, el presente y el futuro.

Por una razón que no logro entender, pasamos más tiempo pensando en el pasado y en el futuro que centrándonos en el presente. Vivo ejemplo de ello son muchas de mis amigas que continuamente se empeñan en rememorar el pasado, sobre todo lo negativo, y hacer miles de planes a futuro que acaban quedando en sus fantasías. Mi amiga Liliana cada vez que conoce a un chico nuevo le aplica actitudes y comportamientos de los hombres con quienes ha tenido malas experiencias. No se da tiempo a conocerles, empieza a agobiarse y a dar por hecho que las cosas son como ella las ve. Muchas veces me dice “¿ves? Te digo que está pasando de mi, está claro”. Por otra parte, otra de mis amigas sigue sin superar la ruptura con su ex después de dos años y le sigue teniendo en la cabeza.  A ver, siempre es complicado y cada uno tenemos un tiempo para asimilarlas, a unos más a otros menos, pero nunca se va a superar si día si y día también se rememora el pasado, de esta manera no se consigue avanzar. Esto demuestra que el Amor es el que más tiempo se queda anclado en el pasado pero también nos sucede con otros aspectos de nuestra vida. Puede que nos arrepintamos de no haber hecho algo (los famosos “y si hubiera”), que pensemos en amistades perdidas, que sintamos remordimientos por algo que hicimos mal... Evidentemente  recordar el pasado no siempre es malo, también nos hace recordar buenos momentos vividos o a personas queridas pero lo realmente importante es la forma en la que vamos a asimilar esas experiencias pasadas.

Si vivir en el pasado no es bueno, estar continuamente pensando en el futuro tampoco es alentador. Conozco personas que planifican a largo plazo y se comportan como el cuento de “La Lechera”: cuando tenga dinero, podré comprarme un hermoso vestido, tener una casa grande, trabajaré en lo que me gusta, podré viajar... Suelen ser personas ambiciosas y que curiosamente todo eso lo quieren conseguir lo antes posible. También hay quienes tienen totalmente determinado los momentos importantes de sus vidas: me casaré a los 29 años, tendré 3 hijos, viviré en una casa con piscina... Y tanto unos como otros, si ven que sus planes no llegan cuando ellos pensaban o no salen las cosas como querían, se llenan de frustración. Otra cosa que hacemos al pensar en el futuro: imaginar. Sí, tenemos la curiosa manía de adelantarnos a los acontecimientos e imaginar lo que ocurrirá: “Me van a echar del trabajo”, “no voy a aprobar”, “mi relación está acabada”.  Una cosa es que preveamos las consecuencias y otra muy distinta que nos atormentemos por lo que aún no ha sucedido. ¿De verdad eso es sano? No, para nada, y cuanto más pensamos en esto más nos agobiamos y más nos alejamos de la realidad.

Con todo ello, dejamos de lado al presente y, mientras nos centramos en el pasado y en el futuro, nos perdemos muchas cosas que nos están ocurriendo “Aquí y ahora”. También lo que nos está pasando es que hacemos las cosas de forma rutinaria, simplemente porque hay que hacerlas, y cosas que a lo mejor antes nos gustaban ahora las hacemos con desgana o hemos dejado de hacerlas por falta de tiempo, cambio de circunstancias, cambio de prioridades… El caso es que nos abandonamos poco a poco y perdemos oportunidades de disfrutar, de vivir, de sentir.


Yo soy la primera que cometo todos estos errores y por eso en lugar de apuntarme a cursos de Mindfullness, me he apuntado a clases de Yoga y voy progresando. Centrarme en la respiración y en cómo se encuentra mi cuerpo en esos momentos no sólo me ayuda a liberarme de todo el estrés sino que me relaja tanto que me ayuda a conciliar el sueño por las noches con más facilidad que antes. Mi siguiente reto es mantener el “Aquí y ahora” en todos los aspecto de mi vida. Y vosotros ¿os animáis a intentarlo?





miércoles, 16 de septiembre de 2015

Hombre Llorón

Ya sabemos que hay muchos tipos de hombres, de algunos ya he hablado y soy consciente de que es casi imposible abarcar a todos los que puedan existir, no sólo porque las características puedan ser infinitas sino porque un mismo hombre puede pertenecer a varias clasificaciones, por lo que tendríamos que hablar de clasificaciones intermedias y, por lo tanto, nunca acabaríamos. No obstante, hoy quiero hablar de los hombres tristes o mejor dicho, los “Hombres Llorones”.

El “Hombre Llorón” es aquel que sólo habla de su triste vida y lo mal que lo ha pasado, (de ahí el apodo), y sobre todo, no deja de hablar de lo mal que le han tratado las mujeres. ¿No os habéis encontrado ninguno así? Pues suerte tenéis si no os habéis topado con un individuo de estas características. Yo he dado con unos cuantos y, sinceramente, agotan, pero la que sí ha tenido más encontronazos con este tipo de hombre es mi amiga Susana, gracias a ella y a sus confidencias escribo este artículo, es decir, está basado en sucesos reales, aunque a veces parezca difícil de creer.

En este hombre, las quejas son continuas, tanto que sólo hablan de sí mismos y su penosa vida sentimental. Parece ser que se piensan que dando pena conseguirán conquistar a alguna mujer, una mujer buena que les quiera y que no les haga daño. Resumiendo, van de victimas. Sus frases más comunes suelen ser: “no encuentro una mujer que me sepa valorar”, “no atraigo a las chicas” entre otras muchas del mismo estilo. Al conocerles intentas animarles diciéndoles que seguro que no es así, que tendrán cosas buenas, que no todas las mujeres son de esa manera o que con el tiempo conocerán a alguien especial que les corresponda. Lo malo es que confunden amabilidad con interés y ya piensan que eres la mujer de su vida y en ese momento empiezas a arrepentirte de ser cortés con la gente y escuchar las penas de los demás.

Actualmente las redes sociales y páginas de contactos están en auge para conocer gente, ligar o tener sexo sin compromiso, según lo que se vaya buscando, y en estas webs se esconden muchos “Hombres Llorones” camuflados de chicos normales. ¿Cómo saber si el chico que te acaba de saludar a través de una de estas páginas es de este tipo de hombres? Aquí dejo algunas pistas: suelen enseñar poco en la foto de perfil, principalmente fotos de la cara o de lejos o que no tengan que ver con ellos, como dibujos, animales, paisajes... Suelen utilizar frases profundas del tipo “lo que importa es lo de dentro” y en el apartado específico para que hablen de ellos, escriben textos enormes en donde explican que son maravillosos y enumeran lo que no quieren de una mujer y lo que esperan de ellas, eso sí, no se cortan a la hora de pedir ya que quieren una mujer elegante, guapa, inteligente, femenina, buena compañera, con inquietudes y que "no sean ni chonis ni princesas o taradas que no hayan superado relaciones anteriores" (está frase es literal). Vamos, que lo quieren todo, una mujer perfecta, casi una venus, una diosa mas bien. Yo me pregunto, ¿para qué un texto tan largo? ¿No pueden resumir? Yo también me he topado con perfiles similares y, personalmente, no les presto atención porque me canso de leer y, claro está, cuando veo una descripción en la que seguramente no encajo, ni me molesto porque no, no soy perfecta, ni yo ni ninguna mujer pero de sueños también se vive ¿no?  Lógicamente, no todos los perfiles que te encuentres con estas características indican que sean así, pero al menos ya estás alerta para desenmascararle poco a poco en la conversación, algo que será fácil porque empezarán a hablarte de sus experiencias negativas con las mujeres. ¡Ah! Seguro que te dirán que se van a borrar de la web porque ninguna chica les habla o que sólo se burlan de ellos pero pasa el tiempo y siguen ahí buscando el amor de su vida.

Dos anécdotas quisiera mencionar de mi amiga Susana que me ha dado su consentimiento para plasmarlas por escrito. En una un chico que en un principio parecía majo acabo contándole  una cita que tuvo en la cual, la chica con la que había quedado se llevó también a unas amigas y que se pasaron la tarde riéndose de él. La verdad es que cuando he quedado con un chico, no se me ocurre llevarme a mis amigas de teloneras ya que nunca se sabe lo que puede ocurrir, ¿y si el muchacho te gusta tanto que quieres algo más en esa primera cita? ¿Miedo a que sea un psicópata? Pues quedas en un lugar céntrico y concurrido y solucionado. No obstante, pensar que todo el mundo (en este caso las chicas) se ríe de él me parece exagerado ¿no creéis? La segunda anécdota fue en vivo y en directo. El chico se empeño en ir al cine en la primera cita y como él se ofreció a invitarla a tomar algo, ella tomo la decisión de comprar las entradas del cine. La velada fue torciéndose con los comentarios que hacía sobre las mujeres, estaba enfadado con todas las mujeres del mundo, le detalló sus malas experiencias, lo mal que le habían tratado y que hasta se habían reido de él muchas veces. (Como veis, esto se repite a menudo). No hablaron de otros temas ni siquiera le preguntó sobre ella, no, todo era él, él y él y su vida llena de tristezas y sinsabores. Con este estupendo panorama, dan ganas de marcharse ¿no? Eso mismo pensó Susana pero ya había pagado las entradas así que, aguantó como pudo y fue al cine. El remate fue que el muchacho debía ser un pelín tacaño y lo único a lo que invitó fue a una cocacola, así que, mi amiga no se cortó y a la salida del cine le dijo que tenían que hacer cuentas, que todo lo pagaban a medias, algo que le pillo por sorpresa por la cara que puso. Ahí terminó todo porque Susana se fue y no volvieron a hablar. Imagino que a partir de entonces ella ha pasado a formar parte de esas mujeres malas que tanto daño le han hecho.

El “Hombre Llorón” únicamente se centra en la culpabilidad de las mujeres, eluden toda responsabilidad y sólo hablan de sí mismos. Eso les hace ser egocéntricos, en tanto que no prestan atención a los demás, y cobardes, ya que no sólo no saben asumir sus errores sino que tampoco quieren afrontar sus miedos. Todos nos equivocamos e intentamos aprender de los errores, ellos parece que son más listos que los demás y nunca se equivocan, ¿no se dan cuenta de que eso es un fallo? Cierto que hay mujeres que se portan mal con los hombres pero si en la vida de estos Hombres Llorones han pasado muchas mujeres así, ¿no será que ellos tienen algo que ver? Si constantemente te fijas en la persona equivocada, tienes que hacértelo mirar porque la culpa de la mala elección es tuya. Una vez asimilada parte de la culpabilidad, habrá que averiguar que haces para que te ocurra lo mismo una y otra vez ¿no crees? Pues esto es lo que deberían saber estos hombres, que caen en la misma piedra miles de veces porque ellos mismos quieren no porque otros les pongan la piedra delante. Sin embargo, no aprenden y siguen llorando.

Sea como fuere, estos hombres no se dan cuenta que la técnica de la pena funciona poco o mas bien nada. Todos tenemos momentos en los que estamos más decaídos o desanimados pero no como una constante. Así mismo, no creo que resulte agradable estar al lado de una persona que siempre se queja de todos y de todo, que vive anclado en el pasado y no para de ver el lado negativo de las cosas. Prefiero a alguien optimista para quien los sucesos no tan buenos sean una forma de aprendizaje y lo transforme en un empuje para alcanzar sus objetivos. Prefiero a alguien que disfrute conmigo y de mí sin necesidad de que me cuente al detalle cada infortunio amoroso. Prefiero a alguien que tenga los pies en la tierra y su ideal de mujer esté dentro del mundo real, sin buscar quimeras o super mujeres que sólo se encuentran en los comics. Prefiero a alguien que sepa hablar de más cosas que de sí mismo y que sepa ver que yo también puedo tener un mal día y necesitar palabras de apoyo en lugar de frases llenas de quejas. Por eso los “Hombres Llorones” no tienen éxito, porque sus lágrimas les ocultan la realidad, porque sus lagrimas no les dejan ver el sol. 


lunes, 15 de junio de 2015

CELOS

Los celos qué malos son y qué difícil es no tenerlos o, al menos, intentar controlarlos. Somos todo amor y todo encanto hasta que nos sacan ese monstruo que llevamos dentro y hacemos y decimos cosas sin pensar en las consecuencias, convirtiéndonos en una especie de Dr. Jekyll y Mr Hyde en versión moderna. Muchos dicen que los celos demuestran amor y que en pequeña cantidad sí son buenos, sin embargo, los celos, muchos o pocos, lo primero que demuestran es inseguridad en uno mismo y lo segundo es un marcado deseo de posesión. Imagino que cualquiera de nosotros rechazará la idea de que somos inseguros, pensaremos "¿inseguro yo ¡Qué dices! Tengo muy claro lo que quiero", pero sólo es un engaño. Los celos surgen cuando creemos que la otra persona puede encontrar a alguien mejor que uno mismo o cuando no logramos que nos presten toda la atención que queremos. Es decir, pensamos que no somos lo suficientemente válidos en comparación con otras personas que pueden ser más guapos, más atractivos, más interesantes, más simpáticos... y el error que cometemos es intentar forzar la atención del otro a través de la insistencia, el acoso y la mayor parte de las veces con reproches y pidiendo explicaciones  que llevan a un resultado nefasto.

Por otra parte, los celos son un indicativo de un carácter posesivo y, en la mayoría de los casos, controlador. Las personas no son posesiones ni tenemos ningún derecho sobre ellas al igual que nadie tiene derecho sobre nosotros. Somos libres de decidir dónde ir, con quién quedar y con quién queremos estar por lo que no tenemos ningún derecho en obligar a nadie a que vaya con nosotros, quiera quedar con nosotros o quiera estar con nosotros. Tampoco es sano  controlar al otro en lo que hace, lo que dice, dónde y con quién va...si no lo aceptas o no lo entiendes el problema es tuyo, no del otro, porque son los miedos los que afloran en esos momentos de ataque de celos, principalmente miedo al abandono y al rechazo aunque siempre hay otros detrás que les acompañan.

Todos hemos sentido celos alguna vez ¿cierto? Y no por eso somos  posesivos o controladores pero nos cuesta mucho controlar los celos. Mi amiga Estefanía está en una racha de celos que a veces roza lo exagerado. Ella se enamora fácilmente y ha conocido a un chico por el que se ha quedado prendida aunque sólo se han visto unas cuantas veces. Si no sabe de él, busca la excusa para hablarle, piensa que ya se ha buscado a otra y que no volverá a saber de él más, hasta que el susodicho da señales de vida y ella no tarda ni un segundo en estar pendiente de lo que dice. Y si ha conocido a otra ¿qué? ¿Acaso son pareja y se le puede recriminar algo? No, por eso, este tipo de celos no sólo son infundados sino que no tienen razón de ser porque no hay nada entre ellos. ¿Tener pareja justifica los celos? Ni mucho menos, lo que pasa es que cuando surgen con tu pareja pueden ser con  motivos o sin ellos. Cuando son celos con motivos, más que celos es intuición, es decir, notas algo raro que te enciende esa lucecita roja en la cabeza y empiezan a surgir las sospechas. Cambios continuados en sus horarios, fines de semana en los que le salen compromisos irrechazables a los que no puede llevarte... A no ser que registres su email, su móvil o su cuenta bancaria, nunca vas a saber si son ciertas tus sospechas así que para eso una alternativa útil es que tú también cambies el comportamiento: más salidas con las amigas, apuntarte a un curso, llegar más tarde a casa... Él, al igual que tú, se quedará intrigado por ese cambio tan repentino y puede que intente un acercamiento para mejorar la situación aunque si las sospechas son ciertas, ¿merece la pena solucionarlo? Quién lo hace una vez lo hará más veces así que, ojito y piensa muy bien qué es lo mejor para ti.

Estas mismas sospechas con tu pareja pueden surgir con los celos sin motivo ninguno y yo los he experimentado en mí misma. En este caso, a cualquier cosa que pueda decirnos le buscamos segundas intenciones y un "me voy a casa de mis padres" se convierte en un pensamiento como "claro, va a casa de sus padres porque no quiere quedar conmigo" o un "hoy tengo cena en casa de unos amigos" en tu cabeza es "¿amigos? ¿los conozco?¿de quién es la casa?¿cuántos van?¿solteros?¿van mujeres solteras?¿por qué me lo dice ahora y no antes? ¿será verdad?". Todas estas preguntas (y muchas más) van provocándote no sólo malestar sino que empiezas a enfadarte y a ponerte a la defensiva. Es decir, que si te llama no es que se note que estás de morros sino que además se te escapará algún reproche o lanzarás dardos envenenados con tus palabras. Con esta actitud consigues dos cosas: cabrearte sin necesidad y que la otra persona se distancie o te oculte ciertas cosas para evitar tus celos.

Como ya he dicho, hay personas que piensan que los celos son positivos e incluso hay algunos que consideran excitante que su pareja les de celos. En una ocasión, conocí a un chico a través de internet (gracias a Dios que no fue en persona) que me resultó muy particular. Lo primero de todo, es que aseguraba que quería algo serio, eso sí, siempre me hablaba de sexo y si me desviaba de la conversación él volvía a retomarla, ni que decir tiene que no le interesó preguntarme por mis gustos o aficiones para conocerme. Vamos, que eso de "quiero una relación" es un cuento chino y que lo dicen como cebo para que caiga alguna ilusa. La cuestión es que me contó que a él le gustaba que le dieran "Celos Extremos". ¿Extremos? Sí, me quedé algo perpleja y me explicó que le gustaba ver como su chica coquetea con otros hombres, que le miren el escote o que intenten ligar con ella, cuanto más descarado todo mejor. También le resultaba excitante que ella le contase los detalles de esos flirteos mientras practicaban el sexo. A mi ese tipo de cosas no me van y ante su pregunta de "¿cómo me darías celos extremos?" decidí cortar por lo sano y zanjar la conversación, si estaba de calentón, que él solito se busque las maneras de bajárselo.

Los celos, al fin y al cabo, se generan de las emociones y sentimientos, lo que hace que sea muy costoso controlarlos. Mi pequeña recomendación, es que antes de descontrolarte y decir o hacer algo que no debes, piensa en las posibles consecuencias y no eches la culpa siempre al otro, tú también cometes errores ¿no? y por supuesto, nunca tomes una decisión en caliente.


lunes, 2 de febrero de 2015

Amar para toda la vida

¿Fidelidad? ¿Amor para toda la vida? ¿Amor verdadero? Parece el guión de una película romántica o de un cuento de hadas, o ambas cosas, como ocurría en la famosa película "La princesa prometida", donde promueven la idea de que el amor lo puede todo y que existe ese amor sincero para toda la vida. Pero este sueño ¿puede ser real? ¿puede llegar a cumplirse? No es por ser pesimista pero en la época en la que vivimos actualmente lo veo muy complicado, demasiado diría yo. Y sin embargo, es lo que todos buscamos, encontrar a esa persona ideal con la que compartir nuestros días, nuestras noches y nuestro futuro por siempre.

Nuestro gran problema: el egoísmo. Sí, admitámoslo, todos queremos mantener nuestra vida, nuestra independencia, que nadie se entrometa en nuestras decisiones. Nos cuesta hacer algo por otros y no queremos cambiar, es más, nos negamos a cambiar, a adaptarnos, porque nos gusta nuestra forma de vida tal como está. Ahora el amor se hace más difícil porque ninguno quiere ceder, en lugar de buscar la manera de que las cosas mejoren o de trabajar en equipo, cada uno tira hacia su lado y ninguno quiere ceder porque tenemos la idea de que "si tu ganas, yo pierdo". Lo malo es que la cuerda acaba tensándose tanto que acaba rompiéndose por algún lado y todos pierden.  ¿Quién no ha tenido una experiencia similar? Sin ir más lejos, yo misma, resistencia a adaptarse por su parte y cansancio de esperar por la mía. Quizás fuese el miedo al compromiso que tanto abunda en los hombres del siglo XXI, dificultad para adaptarse llegada una cierta edad de madurez o simplemente el concepto "compartir" se viera como antagónico de "independiente". Y pasó lo que tenía que pasar, tiré la toalla aunque ambos queríamos estar juntos. Ridículo ¿verdad? Pues esto es más típico de lo que parece, porque, aunque las circunstancias hacen mucho, somos nosotros mismos los que ponemos nuestras propias trabas.

Cuando se habla de Amor es inevitable hablar de Fidelidad, ¿es posible? Vuelvo a ser pesimista aunque no me gusta serlo: hoy en día la fidelidad es un valor prácticamente inexistente. La infidelidad siempre ha existido, incluso en épocas pasadas: hombres que buscaban el calor de otras mujeres cuando sus mujeres quedaban en cinta (o bien para evitar que esto ocurriera), mujeres insatisfechas y faltas de cariño. Eso no ha cambiado nada porque la verdadera razón para ser infiel reside en dos aspectos: Monotonía y el Conformismo. Cuando en una relación comienza la apatía, el aburrimiento, ambos integrantes se distancian tanto entre sí que llegan a convertirse casi en extraños, sólo alguien con quien compartir la cama para dormir pero se convierte en un trato más de compañeros de piso que de amantes. Pero nos conformamos con lo que tenemos y aceptamos que las cosas tienen que ser así, nos engañamos pensando que el amor evoluciona así, que eso es el matrimonio/relación, que hay que aparentar por la unión familiar...y muchas más excusas que nos decimos a nosotros mismos implemente por no salir de nuestro conformismo. Pero ¿eres feliz en una relación que no te llena? Seguramente no, y cuando eso ocurre, tienes todas las papeletas de ser infiel ¿por qué? Porque lo que tienes en casa ya no cumple tus expectativas y puede aparecer un tercero que sí las cumpla, momento en el que empiezan las dudas y el peligro. En la actualidad, el peligro de infidelidad es mayor debido a la tecnología: redes sociales, webs para solteros, webs que fomentan las relaciones extramaritales, webs para ligar, moviles, skype...

Y es que ahora aguantamos mucho menos. Hombres y mujeres nos hemos vuelto muy exigentes debido a las experiencias pasadas y por eso somos tan reticentes a ceder. Nosotras, que ya no nos casamos con el primer novio que tenemos, queremos que la otra persona no sólo colabore en las tareas del hogar sino que sea parte activa en todos los sentidos porque no se trata de hacer la compra, sino también de hacer la comida, no se trata de jugar dos horas con los críos, sino de llevarles al colegio, vestirles, acostarles, educarles. Ellos, que ya pueden estar independizados sin tener que casarse, no aguantan los reproches, las escenas melodramáticas ni que les pongan entre la espada y la pared, porque para eso prefieren estar solos sin que nadie les haga sentirse culpables cada dos por tres.

El sexo fácil también influye en este tipo de cosas, no sólo el sexo físico sino la posibilidad de encontrarlo. Ya no es sorprendente ver unos pechos desnudos ni a un hombre totalmente destapado por la web, es más, podemos encontrar artículos sobre sexo, consejos para mejorar (muchas veces basados en la propia experiencia y no desde un punto de vista del sexólogo profesional), imágenes y videos eróticos, compra on line de productos eróticos... La tecnología nos ha permitido mayor acceso a esta información, pero sólo hace falta echar un vistazo a la calle para darnos cuenta cómo ha cambiado la sociedad debido a la moda. No sólo son las adolescentes las que van enseñando más de la cuenta, mujeres adultas con escotes prominentes acaban proporcionando sexo a cambio de un poco de cariño y luego se quejan de que sólo las ven como trozos de carne. Una cosa es utilizar ciertas armas de seducción, otra cosa es que a la primera cita acabes con las piernas abiertas, que si eso es lo que buscas y lo tienes claro, estupendo, pero querer empezar una relación desde el sexo a la larga no va a funcionar. Y puesto que tanto para hombres como para mujeres el sexo llega a ser fácil, pierde novedad y el interés, es más, hay hombres que en este tema están apáticos. Eso sí, si encuentran algo que despierte su interés y les haga salir de la monotonía, no dudarán en buscarlo, más aún si es algo prohibido.


Divorcios express, rupturas después del verano, parejas que se pasan mirando el móvil mientras están juntos... el panorama la verdad es que no resulta muy alentador ¿verdad? Y sin embargo, en lo más dentro de nosotros deseamos, buscamos y anhelamos ese sueño del que tanto nos han hablado pero hay que recordar que "los sueños, sueños son".

domingo, 11 de enero de 2015

Vínculos emocionales y Dependencia emocional

Somos emocionales por naturaleza, y las mujeres más aún, principalmente porque nos han educado en expresar las emociones mientras que a los hombres les han inculcado el ocultarlas, así que, aunque ambos las tenemos, las expresamos de distintas maneras. Dentro de las emociones tenemos que hablar del apego o los vínculos emocionales. ¿Qué es el apego? Es ese lazo invisible que nos une sentimentalmente con familia, amigos o pareja. Esos vínculos no sólo son necesarios sino positivos aunque, a veces, nos dejamos llevar demasiado por ellos y no sólo nos perjudican sino que nos hacen caer en la impulsividad, los celos y, lo que es peor, en la dependencia.

En las relaciones hombre-mujer, hay personas que se vinculan emocionalmente más que otras. Tengo un amigo que quiere estar a buenas con todo el mundo y eso de quedar a malas con alguien o de dejar de hablarse no lo lleva nada bien. Y cuando se trata de mujeres se emociona demasiado pronto, las agasaja con desmesura y le acaban dejando en la estacada, bien porque le utilizan, bien porque le ven como “amigo” y se quedan con otro. A mi amiga Arancha le pierden las emociones cuando conoce a un hombre, si el muchacho le hace algo de tilín y sabe conquistarla, ella empieza a sentir emociones cada vez más fuertes, se deja llevar y, evidentemente, acaba sufriendo. ¿Por qué? Porque cuando lo emocional se suelta de golpe asusta. Es como una bomba de relojería que estalla en tus manos y no sabes muy bien cómo reaccionar. A mí me ocurrió en una cita con un chico que acababa de conocer hacía poco. Él era algo tímido pero la velada fue agradable. Al día siguiente, me escribió un mensaje en el que casi se me declaraba. ¡Pero si aún no me conoce! Dicen que los flechazos existen pero yo no soy de esa opinión, sólo puedo asegurar que alguien que se declara rápido, rápido se va.

Como he dicho, las emociones nos juegan malas pasadas y cometemos errores de impulsividad y celos. A ver, si estás conociendo a alguien las cosas tienen que seguir su curso, dejar que fluyan los acontecimientos y no precipitarse, sobre todo para ver qué camino va tomando vuestra primera toma de contacto. Puede que al ver que el otro no reacciona queramos tomar la iniciativa y aunque tomar las riendas es bueno hay que ser cauteloso y saber cómo hacerlo. El problema es que si las cosas no salen como uno quiere, nos entran los ataques de nervios y de ansiedad, no pensamos y reaccionamos a la ligera. Esto nos hace decir cosas de las que nos arrepentimos más tarde o bien actuar de una manera poco apropiada ante esa situación. Y como no podemos obligar a que el otro tenga las mismas emociones que las nuestras, debemos respetar sus acciones (aunque esto nos moleste) porque seguramente haya un motivo detrás que desconocemos. Es decir, nada de montar escenitas ni reproches y aceptar que probablemente no seas la mujer u hombre de su vida porque ¿cómo nos sentiríamos si nos lo hacen a nosotros? La vida da muchas vueltas y puede que ese no sea vuestro momento, quién sabe si en otras circunstancias podría salir bien, así que, por si acaso, no lo estropees porque quizás haya un mañana y, si no lo hay, no pasa nada.

El mayor error que cometemos es la dependencia emocional. Necesitamos que el otro nos diga lo bien que estamos, lo guapas que somos y que nos dé un cariño que nos falta para rellenar un vacío bien en nuestras vidas o bien en nuestros corazones. Alto ahí, ¡ALTO! ¿Qué alguien nos diga lo que somos? ¿Algo que nos falta? ¿Vacío? ¡Por favor! ¡Así estamos buscando a alguien que controle nuestra vida! Nadie tiene que decirnos lo que somos, eso tenemos que saberlo nosotros y creer en nosotros, porque si esa persona te dice que eres fea ¿te lo crees? Si te dice que no vales nada ¿te lo crees? Si no te sientes a gusto contigo mismo da igual que alguien te diga que vales mucho, nunca te lo vas a creer y eso te da todas las papeletas para depender de alguien emocionalmente. Tampoco es bueno buscar el amor para evitar la soledad o para sentirnos queridos. Hay personas que al no valorarse no se sienten merecedoras de cariño pero ansían a alguien que les haga sentirse queridos y suele ocurrir que dan con personas con caracteres más fuertes y dominantes que les exprimen, les anulan y por desgracia, pueden llegar al maltrato físico y psicológico. Y, por supuesto, el amor no consiste en tapar huecos porque no todo vale y tienes que saber qué quieres. Por tanto, lo primero de todo es quererte, valorarte y respetarte y lo segundo, ser tú quien lleve el control de tu vida.

Otra característica del “dependiente emocional” es que siempre está. Es decir, siempre está cuando el otro le reclama, acepta sus condiciones y llega un momento en el que no se sabe parar. Una situación muy típica es que el otro haga lo que quiera (que está en su derecho), que desaparezca de nuestras vidas y vuelva a aparecer, que nos ignore, que nos utilice… y un largo etcétera que nosotros nos vemos obligados a aceptar. Ojo, no somos nosotros los que hemos tomado la decisión de hacer lo que queramos, desaparecer/aparecer… es el otro quien lo hace porque hemos dejado que él controle la situación en todo momento. Ahora bien, como todos somos adultos y somos conscientes de que cada acto tiene unas consecuencias, ya sean positivas o negativas, cuando nos vuelva a reclamar se demostrará lo que estamos dispuestos o no a aguantar. Un ejemplo sencillo, si a un perrillo pequeño no le enseñas que no tiene que hacer sus necesidades en tus zapatos, siempre lo hará y no será culpa del perro sino tuya por no educarle. Pues bien, si en el momento en el que te reclaman aceptas sin más, no estás respetando tus propias emociones (seguramente estás dolida), actúas en contra de tus verdaderos pensamientos (en realidad sabes que no se merece que le hagas caso o le veas), dejas que te “pise” sin y demuestras que, haga lo que haga, siempre estarás para cuando él necesite y, por tanto, estás dando pie a que la situación se vuelva a repetir. Resumiendo, la culpa será tuya por no haberte dado a respetar desde el primer momento. Por tanto, si quieres evitar estas situaciones, aprende a decir “NO”: “No puedo”, “ahora mismo no me viene bien”, “me va a resultar imposible”, “ya te avisaré cuando esté libre”, “ya te llamo yo y quedamos”, “ya tengo planes”. Vamos, es demostrar que sigues con tu vida, participe o no en ella, que también tienes cosas importantes que hacer y gente con la que quedar y que no estás disponible sólo cuando él lo desee sino cuando ambos os pongáis de acuerdo.


En las emociones también ocurre algo peculiar, conectar con alguien tanto que, pase el tiempo que pase, cuesta deshacer ese vínculo, incluso aunque lo intenten ellos mismos o terceras personas. Hablo no sólo de parejas, sino de otras personas que nos han marcado en nuestras vidas (pueden ser amigos o incluso familiares) y que forman o han formado parte de nuestro entorno. Hace no mucho estaba en una fiesta con amigos y me acordé de alguien especial para mí que me hubiera gustado que estuviese allí. ¿Os ha pasado? Imagino que sí. Es ese deseo de compartir esos buenos momentos con alguien que te importa: un concierto, un viaje, una película muy buena. Estar ligado emocionalmente a alguien, pensando en que sea recíproco, nos hace ser nosotros mismos y sentimos al máximo. El inconveniente es que somos un libro abierto y, por tanto, más vulnerables, las cosas buenas las magnificamos y las cosas malas nos afectan con más intensidad. ¿Podemos controlar las emociones? No. ¿Podemos controlar nuestro comportamiento? Sí. ¿Podemos aprender a no depender emocionalmente de otro? Sí. Sólo necesitas una cosa: Confiar en ti.

domingo, 21 de diciembre de 2014

El arte de seducir

Tengo amigos y amigas que dicen que el amor no debería ser complicado, que si te gusta alguien y que si a esa persona también le gustas, por qué no decirlo sin más, sin rodeos ni miramientos. Y, aunque tienen parte de razón, el amor no puede ser simple porque le influyen muchos factores: ambiente, carácter, físico, química, sensaciones, emociones, pensamientos… Pero hay algo fundamental de lo que no podemos olvidarnos: La seducción. Seducir es un arte. Igual que el pintor se forma una idea de cómo será su cuadro o un escultor va moldeando a su gusto su obra, el seductor tiene que saber cómo seducir y a quién va seducir. Además, la seducción es un juego. Es un juego en el que hay que hacer el papel del seductor y del seducido, a retirarse de la partida en el momento adecuado y retomarla donde se quedó, a confundir al contrario y procurar que no nos confunda. ¿Fácil? No, no es fácil pero sí es posible aprender y, aunque no hay reglas específicas, dejo unos consejos básicos que seguro que vienen muy bien.

La actitud es muy importante, ya que afecta no sólo a nuestra forma de pensar sino a nuestra postura y a cómo nos ven los demás. Seguro que a una entrevista de trabajo no vas cabizbajo, ni desanimado ni con la certeza de que no vas a pasar el proceso de selección ¿verdad? Todo lo contrario, vas elegante, con el curriculum bien aprendido y pensando cómo convencer al entrevistador de que eres el candidato perfecto. Pues en las citas es exactamente lo mismo, tú eres el “producto” y vas a venderlo a un posible comprador, por lo tanto, tienes que saber venderte. Para ello, lo fundamental es la confianza y la seguridad. Confianza en que realmente eres lo que necesita y seguridad a la hora de expresarlo. Como mujer, piensa que eres estupenda y que puedes conseguir a quien te propongas. Ojo, no estoy diciendo que mires por encima del hombro ni vayas de divina por la vida, se trata de gustar no de parecer arrogante. Como hombre, debes demostrar que sabes lo que quieres, que no dudas ni tienes miedos, y digo demostrar, no que realmente sea así. Siempre se piensa que a las mujeres sólo nos atraen los hombres caraduras y no los buenazos, que preferimos aquellos que nos hacen sufrir más que a los que nos tratan bien desde el principio. Pues os equivocáis. El problema es que los caraduras tienen una seguridad que hace que nos fijemos en ellos, tienen desparpajo, son resueltos, convincentes y no dudan en decirte lo que quieres oír, esto hace que bajemos la guardia. Es decir, son profesionales del engaño, camaleones que se camuflan dependiendo de cómo sea la mujer a la que van conquistar. Sin embargo, los buenazos no están seguros de que vayan a gustar, no saben muy bien qué decir o qué hacer para no parecer pesados o su propio miedo hace que sean demasiado empalagosos. También suelen hacer un amplio despliegue de medios de caballerosidad que más que dejarnos sorprendidas y caer en sus brazos, nos hace sospechar y nos mantenemos alerta, algo que hace que las posibilidades de triunfo sean más escasas.

Por eso, hay que ir poco a poco, con calma y con paciencia. Dejarse llevar por los impulsos nos hace cometer errores garrafales que dan al traste con nuestros propósitos. No valen las declaraciones en las primeras citas ni mostrarse ansioso por saber cuándo os volveréis a ver. Tampoco son bien recibidos los reproches, las escenas de enfados sin venir a cuento ni las quejas por no mantener un contacto diario. El interés se va mostrando despacio porque si uno da todo desde el principio ¿qué más queda por dar? Hay que conseguir que la otra persona vaya cogiendo el gusto a estar contigo, que quiera seguir conociéndote porque le gusta lo que ve. Hoy enseñas un poco, mañana otro poco y así hasta que llega el momento ideal en el que no hace falta declararse porque sobran las palabras, las miradas lo dicen todo.

Y ya que hablamos de miradas, para seducir hay que observar. ¿Está receptivo? ¿Está a gusto? ¿Le interesa lo que digo? ¿Se aburre? ¿Le atraigo? Todo esto podemos saberlo por su comportamiento pero, sobre todo, por su postura. Si estáis sentados en una mesa, fíjate en cómo está sentado, si tiene una postura cómoda y relajada o si parece en tensión. Por ejemplo, si la persona con la que estás hablando está frente a ti, sentada de lado y con un brazo apoyado delante de la mesa cubriendo parte de cuerpo, eso es una barrera, está cerrando tu campo de visión y se protege. Los brazos cerrados significarían algo similar, es no estar dispuesto a “abrirse” al otro y recostarse en la silla es “alejarse”. Cuando su postura indique comodidad aprovecha a imitarle o fíjate si te imita, inconscientemente solemos imitar aquello que nos es grato o con lo que estamos a gusto. Hay muchos libros  sobre comunicación no verbal que pueden darte más detalles pero el mejor indicativo es la experiencia y puedes practicar esta observación en cualquier grupo de amigos.

Y si no se de él en un tiempo, ¿debo escribir? ¿Espero? Hay una norma no escrita por la que no se suele llamar o escribir el mismo día después de la cita o el día de después, esto resultaría precipitado y ansioso. En caso de que lo haga es que muestra interés pero también hay que tener en cuenta lo que se dice, un “lo he pasado genial y espero repetir, he estado muy a gusto” aunque parece que no dice mucho pero suena igual que una declaración. Lo normal es dejar unos dos o tres días después de la cita, si pasa una semana y sigue sin dar señales, ve pensando que la cosa no va a funcionar. En este caso, puedes dar el paso, eso sí, sin reproches ni preguntas de por qué no ha llamado. Puedes arriesgar y aventurarte a proponer una nueva cita pero en lugar de preguntar directamente, tantea el terreno primero. Si no contesta o te da un no por respuesta, no insistas más. La pelota ya está en su tejado y es el otro quien debe proponer si tiene interés. ¿Pasan los días y no da señales? Haz tu vida, sigue con tus planes, no esperes a que te llame para planificar y no te molestes en volver a preguntar, ya que no merece la pena escribir a quién no tiene tiempo de contestar. Sabe como localizarte, si no lo ha hecho, por algo será. Acabará llamando y puede que te proponga un plan y justo tú ya tenías los tuyos, no los deshagas, ha llegado tarde y tendrá que esperar, si quiere verte, esperará. Hay que saber decir que no, aunque tampoco constantemente porque eso cansaría, simplemente es demostrar que tu tiempo también es importante y que no pueden usarte de alfombra cuando quieran. Vamos, si te valoras, te valorará y si marcas los límites sabrá exactamente que eres un “rival” duro de ganar.


Seducir requiere tiempo, dedicación, práctica. Se cometen errores y de ellos se aprende y se vuelve a intentar. Seducir es adaptarse al otro porque no somos iguales y cada uno tenemos puntos fuertes y débiles distintos. Seducir es conocer, observar, interpretar, conquistar. Seducir no es engañar ni mentir, es resaltar tus cualidades y disminuir tus defectos, es crear y fomentar el interés del otro hasta que ese interés se mantenga por sí sólo. Por todo esto, Seducir es un arte.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Decepciones con los hombres

Hace unos días estuve cenando con varias amigas y todas llegamos a la misma conclusión: estamos decepcionadas con los hombres. Las mujeres de un rango de edades de entre los 30-40 años estamos no sólo desencantadas sino desconcertadas con la actitud de los hombres de hoy en día. Sí, y no se trata de una generalización sino que partimos de experiencias propias, tanto pasadas como recientes, y vemos como una y otra vez los hombres tienen un comportamiento que no les deja en muy buen lugar. Podríamos decir que hay excepciones, que siempre hay alguno que se salva, esos hombres buenazos que casi son tan achuchables como ositos de peluche...pero esa idea la hemos tenido que tirar por tierra porque también hemos sido víctimas de este tipo de hombres.

Lo que viene siendo habitual es un repentino cambio de actitud. Hoy eres su musa y mañana ni te habla, de pasar horas y horas hablando contigo por whatsapp a desaparecer durante varias semanas, de echar de menos vuestras citas a evitarlas. Por favor, ¿alguien me puede explicar este cambio de un día para otro? Porque puedo entender que con el tiempo las cosas cambien, las circunstancias no sean las mismas, no se tengan los mismos intereses o prioridades… pero estamos hablando de un cambio de idea ¡en un día! Así, sin más, y tú que ni te lo esperas cuando esto ocurre lo primero que piensas es en el por qué ha sucedido, qué ha pasado para que sin una explicación aparente tenga este comportamiento. ¿Lo primero que haces? Preguntarle. Craso error, siempre te va a decir que no pasa nada, lo único que puedes lograr es que te diga que son cosas suyas o que tiene muchas cosas en la cabeza. Perfecto, sí, eso me deja más tranquila y me da una explicación satisfactoria ¿verdad? Pues mira bonito, no, esto no me vale porque, evidentemente, algo pasa y no es precisamente bueno. En esta época en la que las redes sociales están en auge y que podemos comunicarnos de forma inmediata, aquel que deje de hacerlo no es porque no puede, sino porque no quiere. Hay tiempo de sobra para enviar un “buenos días” o un “hola, ¿qué tal?” porque hasta ese momento seguro que siempre lo ha habido, así que, ¿por qué ya no? Muy sencillo. Miedo.

Bueno, más que miedo, habría que decir, agobios porque parece ser que los hombres de ahora son muy sensibles con el tema del Amor, los sentimientos, las relaciones… y no sé muy bien qué les pasa pero ellos mismos se forman una película en sus cabecitas y debe ser que se les enciende esa lucecita de “echa a correr mientras puedas”. Y aunque nosotras nos rebanemos los sesos pensando que hemos hecho algo, no, no nos equivoquemos, son ellos los que se crean sus propias fantasías, muy probablemente porque o bien no tienen superada su última ruptura, que suele ser muy normal aunque no quieran reconocerlo, o bien que teman perder su libertad e independencia. Así que, hacen como el avestruz, cabeza a tierra, no quiero saber nada y desaparezco. Esto, señores, es de cobardes, porque si no se tienen las cosas claras, si se está agobiado, si no se tiene un buen día… ¿tan difícil es decirlo a la cara? A ver, puede que cueste decirlo, que sepas que a esa persona no le va a gustar lo que le digas pero la callada por respuesta no es la mejor alternativa. Es más, a mí cuando un hombre actúa de esta manera me hace desconfiar porque me planteo que ante otros problemas que puedan surgir, de mayor o menor gravedad, su reacción siempre va a ser la huida en lugar de afrontarlos. Y esto me sorprende y me desconcierta mucho más cuando lo hacen hombres a los que crees que tienen las cosas claras y parecen seguros de sí mismos.

Lo más curioso de todo esto es que justifican su huida cambiando de forma de pensar:”bueno, es que como no tenemos nada en común, para qué vamos a perder el tiempo, “como no quiero hacerle daño voy a dejar enfriar la situación”. Vamos, es buscar una simple excusa para no verse como los malos aunque son conscientes de que no lo están haciendo bien. Otra forma de excusarse es culpándote a ti o involucrarte en el problema. Frases como “yo no te prometí nada”, “hemos ido demasiado rápido”, “me estoy agobiando” suelen ser de las más usadas. A esto tengo que decir que conocer a las personas lleva su tiempo y de un día para otro sólo se ve lo superficial. Tampoco hablamos de promesas porque cuando te interesa alguien y estás cómodo con esa persona, haces las cosas porque sí, no como una obligación y es el tiempo el que va demostrando si algo funciona o no. Lo que pasa es que cuesta asumir ciertos riesgos y a veces esperamos que lo haga el otro. En este caso es el “me alejo para que la otra persona se percate” o “me porto mal con esa persona para que me deje”, algo que, por cierto, me parece penoso pero que lo he oído decir en boca de varios hombres.

Un tema peculiar y que veo que se relaciona, de alguna u otra manera, con estás huidas de los hombres es el Sexo. No sé por qué (y la verdad es que no lo entiendo) pero a veces ocurre algo que les hace cambiar su perspectiva y no te ven de la misma manera como mujer, vamos, que no te desean o dejan de hacerlo. No me refiero a que no les guste como hagas ciertas cosas sino que en el proceso pueden surgir “cosillas” que luego les hagan dudar de ellos mismos. Hablo de eyaculaciones precoces, gatillazos, roturas de preservativos, quedarse dormidos… o simplemente el hecho de saber que en la siguiente cita ocurrirá algo más que cuatro besitos en los labios y puede que no lo tengan del todo claro. Lo primero, muchos de los problemas sexuales son psicológicos, no físicos y segundo, no creo que seamos críos como para no poder tratar estos temas abiertamente, al menos con una persona que estás cogiendo confianza y que puede que ya has visto sin ropa. Quizás no es un tema de conversación para tratar en un bar con unas cervezas en la mesa, pero nosotras también tenemos nuestros propios miedos, tabúes o dificultades en el tema sexual, ¿por qué no se va a poder hablar de ello y comentar las cosas que le gustan o disgustan a uno?

Sea como sea, las mujeres cuando nos encontramos ante este tipo de situaciones pasamos por varias etapas, es el proceso que yo llamo IDI: Indignación, Decepción, Indiferencia. En el momento en el que ves que directamente te ignoran te sientes rechazada por una persona que había logrado tener tu confianza. Ese chico que creías que era simpático, educado, agradable de trato, con el que te sentías a gusto, que sabía cómo sacarte una sonrisa o los colores. Ese chico encantador que te decía lo guapa que estabas y se le notaba ansioso por besarte y que besaba bien. Resulta que es el mismo chico que te retira la palabra, que no da explicaciones y que se siente molesto si se las pides, que se agobia si le insistes y que ya no quiere verte. Te indignan las formas y que ha demostrado que no te ha valorado. Pero realmente te enfadas contigo misma por haber depositado tu confianza en alguien que no la merecía o, al menos, en haber confiado demasiado pronto dejándote llevar por sus palabras bonitas y su cara de niño bueno. Le sigue la decepción, una decepción no sólo como hombre sino como persona y puede que en algún caso como amigo. Una decepción que se generaliza a todos los hombres al darte cuenta de que al final todos acaban teniendo una actitud similar, que conozcas al hombre que conozcas lo más probable es que te acabe decepcionando igual. Y por último llegas a la indiferencia cuando deja de importarte no sólo lo ocurrido sino la persona que te lo hizo porque ¿para qué tener en tu vida a una persona que es capaz de tratarte así?

El problema es que en muchas ocasiones acaban volviendo y no sabes qué hacer. Unos escriben como si nada pasase, otros no tienen muy claro qué decir. Son momentos peligrosos porque aún estás decepcionada y puedes ser como un volcán a punto de explotar pero una nunca puede perder los papeles. Nada de reproches ni pedir explicaciones, te ha escrito ¿no? Deja que hable y saber lo que quiere. Parece que vuelve a interesarse pero cuidado con estas cosas, las segundas oportunidades son como las segundas partes de las películas, nunca fueron buenas (eso dicen). Eso sí, esto no lo sabes hasta que has dado varias segundas oportunidades y ¡oh, sorpresa! te vuelven a hacer lo mismo. Y es que el que lo hace una vez tiene posibilidades de hacerlo otra, y si lo hacen dos... no lo dudes, habrá una tercera, ¿vas a dejar que ocurra?

Imagino que muchos de los hombres que puedan leer esto no estén de acuerdo. Seguro que piensan que ellos nunca lo harían o que nunca lo han hecho, que no son así o que actuarían de otra manera. Tú, sí tú, hombre que me estás leyendo, antes de juzgar mis palabras haz un examen de conciencia y piensa si de verdad estás dispuesto a tener una relación, si de verdad tienes las ideas claras, si de verdad eres capaz de decir las cosas a la cara y no escurrir el bulto. Piensa si eres capaz de dedicar parte de tu tiempo a otra persona sin que ésta te lo pida, sino porque te apetece, si te has sentido agobiado y por qué, si tienes miedos que te cuesta reconocer. Sé sincero contigo mismo y reconoce si has superado del todo tus rupturas anteriores y si han quedado olvidados fantasmas del pasado. Piensa sí sabes asumir tus decisiones y afrontar los errores, si justificas tu conducta para no sentirte mal contigo mismo o si buscas excusas poco creíbles. Y después, me gustaría verte en una situación real y ver si realmente haces lo que piensas que harías.


En fin, no quiero ser pesimista y espero que en algún lugar haya un hombre que de verdad sea valiente como para no sólo reconocer sus errores sino que le importes lo suficiente como para que quiera quedarse de forma permanente en tu vida.