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domingo, 31 de enero de 2016

Mujeres experimentadas

Muchos hombres opinan que las mujeres somos rebuscadas, malpensadas y frías. Consideran que somos inaguantables cuando nos ponemos a la defensiva o que acabamos echando en cara muchos reproches del pasado. Pues bien, aunque sí que es cierto que a veces nos pasamos un poco cuando nos enfadamos con nuestras parejas/maridos, y hombres en general, lo principal es buscar la raíz del problema: ELLOS. Sí, ellos mismos son los que han provocado que acabemos siendo tan “especiales”. Evidentemente, cualquier hombre que lea esto o al que se lo diga, no sólo lo negará sino que me dirá que eso mismo confirma esa teoría masculina, puesto que también se suelen quejar de que siempre les echamos la culpa de todo.

Cuando eres una adolescente, crees en los cuentos de hadas, en el Amor a primera vista y en el Amor Verdadero. En esa época, somos más inocentes y mucho más vulnerables ya que tenemos un total desconocimiento de las relaciones Hombre/Mujer tanto en el plano físico como en el emocional. Que a los 16-18 años un chico te pida salir es fantástico y todo lo que ello conlleva: los arrumacos a la salida de clase, las notitas amorosas, las salidas nocturnas, las nuevas experiencias… Pero la cosa cambia cuando empieza a hacerte menos caso, menos llamadas, le ves que tontea con otras o se acaba en ruptura. Esto es sólo una experiencia de las tantas que pueden surgir y es justo por eso, por la experiencia, por la que cuando pasamos la barrera de los 30 años nos cuesta mucho más encontrar una pareja estable, por el mero hecho de que estamos más “maleadas”.

He tenido citas en las que me han halagado hasta el extremo, que me han prometido escapadas fabulosas, que se me han declarado abiertamente o que estaban ansiosos por conocerme o volver a verme. De estas ocasiones, los que consiguieron sexo, acabaron desapareciendo y los que, por diversas circunstancias, no lo obtuvieron también desaparecieron. Es decir, se aprende a no creer en palabras bonitas a la primera de cambio y a desconfiar de aquellos que se exceden tanto en elogios como en promesas que sabes que nunca se van a cumplir. También se aprende a huir de los que sólo hablan de sí mismos o de aquellos que derivan cualquier conversación al plano sexual. Está bien tratar abiertamente el tema del sexo pero cuando es una constante, está claro hacia donde se dirige esa cita y si no es lo que buscas, no merece la pena perder el tiempo.  Si evitamos a los “aguilillas”, los que “nunca se atreven” corren la misma suerte porque es más que probable que en una relación con ellos tengas que llevar la iniciativa la mayor parte del tiempo (por no decir siempre), y es que lo que al final importa son los hechos.

Los hechos son los que demuestran todo de una persona, tanto para lo bueno como para lo malo y son el indicativo perfecto para saber si a alguien le importas o no. Me han llegado a decir que soy “controladora de tiempos” a la hora de contestar mensajes por Whatsapp o llamadas de teléfono. Pues bien, teniendo en cuenta que si me tardan en contestar, incluso hasta tres días, que no esperen que cuando lo hagan esté ansiosa por escribirles o llamarles. Su acción demuestra el poco interés que tienen en mí, por tanto, no voy a perder tiempo (aunque sean unos minutos) en ellos. No aguanto eso de que dejen las conversaciones a medias y que cuando lo haces tú te lo echen en cara o te digan el típico “claro, es que te has olvidado de mí”, puedo entender que haya momentos en los que no se pueda contestar pero ¿Qué se olviden? , no, por ahí no paso. Una vez escuché la siguiente frase “no pierdas el tiempo en escribir a quien no tiene tiempo de contestar” y es una gran verdad que se aprende con la experiencia.

Otro hecho muy significativo: dar plantón. Se te queda una cara de idiota cuando ves que pasa el tiempo y sigues esperando sin que aparezca tu cita. Crees que se ha retrasado por el transporte y das unos 15 minutos de margen para intentar localizarle. Lo haces y o bien no te contesta o si lo hace te suelta una excusa que suena a mentira por todos los lados por donde lo quieras mirar. Eso demuestra una cobardía y una falta de educación sin igual y ¿qué pasa? Pues que aprendes la lección y te cuidas muy mucho de con quién vas a quedar, cómo, cuándo y dónde. Tengo por norma que sean ellos los que me lo propongan y si no se molestan en confirmar la cita, doy por sentado que es un “No” y no insisto para buscar una confirmación. Puede sonar un poco a tópico eso de que mejor sean ellos los que lleven la iniciativa, pero lo hago por dos cuestiones. La primera, si una mujer toma la iniciativa en la mayor parte de los casos, los hombres se amedrentan, no entiendo muy bien por qué pero es así (repito, mayoría de los casos, no todos). La segunda, si son ellos los que manifiestan interés no sólo en quedar sino en confirmar la cita e incluso se prestan a irte a buscar donde te encuentres, me aseguro de que sí van a aparecer. Otra cosa de la que se olvidan muchos hombres es de los detalles. Tener o no ciertos detalles (no sólo me refiero a materiales) dice mucho de la persona y de su implicación en la relación que tengáis.


Decir lo que piensas o sientes al poco tiempo de conocer a alguien es todo un error en el mundo de las conquistas. Cuando dices un “me gustaría volver a verte”, “quiero seguir conociéndote”, “te he echado de menos”… tienes que tener en cuenta a quien se lo vas a decir y si habrá reciprocidad en sus palabras y hechos. Principalmente porque te estás descubriendo, estás abriendo una puerta a los sentimientos y le demuestras que te importa bastante más que para unas cuantas citas esporádicas. Como en el juego de las cartas, para ganar hay que apostar y jugar, a veces se pierde y a veces se gana, pero antes tienes que haber observado a tu adversario, calcular qué cartas puede tener, qué actitud tiene… En el caso de las relaciones es lo mismo, no puedes apostar a ciegas, primero hay que observar y tantear el terreno antes de tirarse a la piscina. Y para conseguir esto, hay que haber perdido muchas veces y ganado en otras, dándote una visión de lo que conviene o no según las circunstancias y, lo más importante, según como sea tu carácter y tu forma de actuar. Lógicamente llega un punto en el que hay que poner las cartas sobre la mesa y saber a qué juega cada jugador y eso suele darse con el tiempo, la cercanía y, nuevamente, los hechos.

Se suele pensar que las mujeres lo tenemos más fácil que los hombres a la hora de ligar porque si queremos ligar, ligamos. Cualquiera que piense eso dudo mucho que sea mujer. Lo que sí es cierto es que acabamos escogiendo nosotras y no ellos, pero eso no significa que sea sencillo porque he recibido “Noes” como respuesta en bastantes ocasiones. Esto también forma parte del aprendizaje, el aceptar el rechazo. La primera vez duele, ¡vaya si duele! No sé a vosotras pero a mí me pasó en mi época de instituto al enamorarme de alguien que no me correspondía. Pero suele impactar más en la época adulta, cuando ya eres más consciente de las cosas y te planteas de una forma más seria el por qué de ese rechazo.

Y cuando tienes éxito y llegas a intimar… ¡la de batacazos que te llevas con el tema sexual! De los que tardan menos de 3 minutos en terminar y se olvidan de que existes, pasando por los que se duermen, los que aprietan demasiado fuerte, los que no hacen orales bajo ningún concepto pero sí quieren que se los hagas, hasta los que no ponen ningún entusiasmo, los que parecen que no terminan nunca, los que pasan de preliminares, los que no quieren usar protección porque les aprieta… Vamos, que hay de todo. Y aquí lo que aprendes es a descubrir las reacciones de tu cuerpo y a saber lo que te gusta y lo que no, pero, sobre todo, a disfrutar del sexo. “La primera vez” no es que se diga que sea la mejor de todas y durante la adolescencia, con la explosión hormonal, se va descubriendo mucho, sí, pero sin los matices que se adquieren a partir de la madurez cuando todo ese conocimiento se unifica y ramifica en más conocimiento a través de más experiencias desde una perspectiva más sensitiva y enfocada al placer no únicamente a la investigación.

Por este motivo, por la experiencia, una mujer madura puede hacerse la inocente sin serlo, la que no sabe nada pero sabiendo, la que no se entera de nada pero enterándose de todo, la que hace la vista gorda pero que lo ve todo, la que sabe reconocer una mentira aunque aparente que se la cree, la que se hace la olvidadiza sin olvidar nada… Y esto es muy peligroso


domingo, 22 de noviembre de 2015

LAS MATEMÁTICAS DEL AMOR

Hanna Fry (imagen de su web oficial)
Debido a mis estudios y mi pasión por las palabras (de ahí que me guste escribir) siempre me he considerado una mujer de Letras y no he tenido muy buena imagen de las Matemáticas. Sin embargo, creo que voy a tener que replantearme está cuestión al conocer las explicaciones de Hanna Fry, Profesora de Matemáticas en el University College de Londres. ¿Por qué mi cambio de opinión? Pues bien, la profesora Fry ha publicado un libro que seguramente muchas y muchos deberíamos leer para encontrar nuestra pareja perfecta y conservarla: “Las Matemáticas del Amor”. Di con él tras leer un artículo en una revista y desde entonces esta idea me ha estado obsesionando día tras día, lo que me ha llevado a  buscar por internet esta teoría de Hanna Fry y he encontrado un interesante video sobre cómo las Matemáticas influyen en el Amor.  Aquí va un resumen de las teorías.


“Atrévete”: Según parece, los atrevidos tienen más posibilidades de encontrar el Amor. Es decir, cuantas más veces arriesgues, llegarás a tener una opción posible mientras que si prefieres esperar a que te elijan, podrás acabar con la opción menos mala de las posibles que hubiese, aspecto que se calcula con el algoritmo de Gale-Shapley. Pero vayamos a lo real para verificar este hecho. Estás en una fiesta y te animas a coquetear con el rubiales que está pidiendo una copa. Entablas una pequeña conversación con él pero ves que no te está prestando la atención suficiente y te vas. Media hora más tarde aparece un grupo de tres hombres y uno de ellos te ha dejado fascinada, ¿cómo acercarse para hablar con él a solas? No, cielo, anímate y habla con los tres puede ser que justo uno de los acompañantes tenga una conversación más interesante y acabes fijándote en él mucho más que en su amigo. Además, seguro que el hecho de que tomes la iniciativa a conocerles les llama más la atención que si te quedas sentada en un sofá a esperar que alguno cruce la mirada contigo. Es decir, cuantas más veces lo intentes, más probabilidad tendrás de acertar en alguna ocasión. Lo cierto es que a muchas mujeres les da miedo tomar la iniciativa por miedo a ser rechazadas, sin embargo, ese hecho es bueno ya que poco a poco una misma se fortalece con los Noes recibidos hasta el punto de que no le importa que se los digan porque tiene la certeza de que habrá alguno que diga un sí.


“Práctica, Práctica, Práctica”: Evidentemente todo en la vida, o casi todo, lo vamos aprendiendo con el tiempo y la práctica. Unos son muy buenos tocando el piano, otros pintando, escribiendo, bailando… A cada uno nos gusta algo en concreto y lo vamos potenciando de tal forma que lo que al principio suponía un esfuerzo luego se convierte en algo fácil de realizar. Esto mismo sucede con el Sexo. ¿El Sexo? Sí, porque, evidentemente, ninguno nacemos sabiendo “TODO” sobre Sexo, sino que se aprende y la mejor forma de aprender es practicándolo. Bueno, dado lo que me he encontrado en mi vida sexual, puede que alguno tenga que practicar más o no haya prestado demasiada atención en sus prácticas pasadas… En las Matemáticas se habla de los “Supernodos” a través de la “Ley potencial”, que en las relaciones amorosas viene a significar que las personas que tengan muchas parejas sexuales son “Supernodos” que tienen más probabilidades de tener más conquistas sexuales. Volvamos a la realidad. Cuanta más experiencia coges, no sólo te llevas ese aprendizaje sino que te afecta emocionalmente tanto de forma positiva como negativa. La forma positiva es que cuanto más éxito se tiene en las conquistas, más seguridad se va adquiriendo, y la negativa sería lo contrario (lo que antes comentaba del rechazo) algo que en algunas personas les crea inseguridad para seguir intentándolo (un grave error, por supuesto). No necesariamente tienes que ser un bellezón para ligar o seducir, pero si eres capaz de conseguir muchos éxitos, te sentirás más sexy y más capaz de conseguir nuevas citas, es decir, la visión que tienes de ti misma es positiva y lo reflejarás en tu forma de vestir, de andar, de mirar, de hablar, de comportarte… en una palabra, te crees que puedes y, por tanto, lo consigues porque los otros son capaces de ver esa actitud y les llamará la atención. No obstante, tener muchas parejas sexuales lleva aparejado un riesgo: estar más expuesto a enfermedades de transmisión sexual o incluso un embarazo no deseado si no se toman las precauciones necesarias. Siempre  hay que realizar el Sexo seguro pero hay momentos en los que nos dejamos llevar por la pasión y, sin pensarlo, no hacemos las cosas bien, así que, por favor, seamos conscientes y usemos la cabeza antes de tener una relación sexual de una noche loca.

“Saber venderse”: En el mundo del Marketing y la Publicidad es un lema fundamental y los matemáticos demuestran que en las relaciones sentimentales se debe tener muy en cuenta, como así. En su video explicativo, Hanna Fry explica que hay que destacar eso que te hace ser diferente al resto y que es más ventajoso que no todos nos consideren atractivos, eso implica que quien tenga interés tendrá menos competencia y, por tanto, más opciones de éxito, mientras que si muchos creen que eres una preciosidad no querrán arriesgarse porque no tendrán éxito. ¿Cierto? Si me baso en las conversaciones con amigos, cuando ven a una chica realmente increíble en una discoteca, por ejemplo, no paran de mirarla pero muy pocos (o casi ninguno) se atreven a lanzarse ya que saben que no van a estar a la altura y que no van a ser de su agrado. También me han comentado que ante un grupo de amigas es mejor lanzarse a las que son más normalitas y no a la que destaque más por su belleza, con las amigas pondrán tener más probabilidades mientras que si “atacan” a la guapa no sólo es que les puede rechazar, sino que sólo tendrán una única opción. si en el campo del Amor lo relacionamos con el atrevimiento, las opciones se multiplicarán.

“¿Pareja Perfecta? Es posible”: Según las matemáticas, se utiliza la “Parada óptima”, por la cual en un tramo de entre los 15 y 35 años, el primer 37% de nuestras relaciones ha de descartarse como opción sería de matrimonio y se debe elegir a la siguiente persona que sea mejor que todas las anteriores. La profesora Fry advierte que no es eficaz al 100 por 100 y que se pueden dar dos tipos de riesgos: que la pareja perfecta aparezca en ese primer tramo del 37% que rechazamos y que no encontraremos a nadie que sea mejor que lo anterior, o que el 37% inicial no se adapte por completo a ti y que el siguiente sea “menos malo” y te quedes con esa opción aunque no es realmente buena para ti. Parce que solemos funcionar así y en la época de juventud se suele “juguetear” mientras que pasado el tiempo se intenta tener relaciones más estables. No obstante, me planteo varias cuestiones. Qué sucedería si conoces a esa persona siguiente de tu 37% con el cual deberías quedarte y, sin embargo, para él, tú te encuentras en su primer 37% que tiene que descartar o cómo se explicaría que haya personas que se casen con su primera pareja, algo muy común antiguamente y no tanto en el siglo XXI aunque algún caso sí he conocido. También me gustaría saber cómo calcular cuándo has llegado a tu 37%, puesto que has podido salir de una relación duradera y, como en ese tiempo no has ligado, aún no has cumplido tu 37% a pesar de poder estar en un tramo de edad superior a los 25-30 años, es decir, has pasado el rango del “juego” y te encuentras en el rango de “seriedad”, según las estadísticas, en este caso ¿se intenta jugar para tener más experiencia en todos los aspectos o nos quedamos con una alternativa que sea mejor que lo ya conocido? El problema es que cuando se supera la barrera de los 35 años es muy probable que la soltería comience a pesar, el reloj biológico de la mujer (que por desgracia es el que es y no se puede cambiar) suena cada vez con más intensidad y se comete el error de buscar a la desesperada, desear pareja lo antes posible y generar frustración cuando se producen rechazos o las opciones se tienen que descartar.

“Positividad”: ¿Quieres que tu relación prospere y no acabe en divorcio? La solución está en el umbral de negatividad. Hanna Fry menciona el estudio del equipo del psicólogo John Gottman, en el que se demuestra que parejas positivas tienen menos riesgo de divorcio. A este estudio se suma la ecuación de “Espiral de negatividad” del matemático James Murray, en la que interviene el estado de ánimo de cada miembro de la pareja y como se influyen entre sí. Los resultados indican que para que una relación funcione hay que tener un bajo umbral de negatividad que se caracteriza por no pasar las cosas por alto y que haya espacio para las quejas para que cosas triviales no se conviertan en problemas serios. En definitiva, tener una visión positiva del matrimonio. En este punto la realidad es mucho más compleja que las matemáticas aunque, por supuesto, siguen dándoles la razón. En las discusiones de pareja muchas veces nos dejamos llevar por las emociones y caemos en el error de los gritos, los reproches o incluso insultos o faltas de respeto. Obviamente, esto no es lo más ventajoso, al igual que estar discutiendo permanentemente. Lo que hay que encontrar es un término medio, en el que hablar las cosas sin llegar al “enfado extremo”, tener cada uno su espacio pero mantener espacios comunes en los que no sólo disfrutar el uno del otro sino también de hablar de lo que nos preocupa y ofrecer soluciones positivas. Lo malo de esto es que prácticamente es imposible llevarlo a cabo porque en la actualidad tenemos tan poco tiempo que lo último que queremos cuando llegamos a casa es mantener una discusión “cordial” con tu pareja, básicamente lo que queremos es estar tranquilos e ignoramos los problemas que puedan estar ocurriendo en nuestra relación. También nos hemos hecho más egoístas y nos cuesta escuchar a los demás y, por supuesto, hay que contar con el gran impedimento que supone el intentar hablar con un hombre de sus sentimientos, de lo qué está pensando o si le pasa algo, vamos, toda una misión imposible.

La verdad es que nunca creí que pudiese darse una relación entre las Matemáticas y el Amor ni mucho menos que nuestro comportamiento pudiese estar fundamentado de forma inconsciente en ecuaciones matemáticas o probabilísticas. Lo que sí es cierto es que el Amor, igual que las Matemáticas, no es sencillo y requiere del esfuerzo de ambos miembros de la ecuación para conseguir que 1+1 sea igual a 2.

Par saber más:


http://www.hannahfry.co.uk/


lunes, 15 de junio de 2015

CELOS

Los celos qué malos son y qué difícil es no tenerlos o, al menos, intentar controlarlos. Somos todo amor y todo encanto hasta que nos sacan ese monstruo que llevamos dentro y hacemos y decimos cosas sin pensar en las consecuencias, convirtiéndonos en una especie de Dr. Jekyll y Mr Hyde en versión moderna. Muchos dicen que los celos demuestran amor y que en pequeña cantidad sí son buenos, sin embargo, los celos, muchos o pocos, lo primero que demuestran es inseguridad en uno mismo y lo segundo es un marcado deseo de posesión. Imagino que cualquiera de nosotros rechazará la idea de que somos inseguros, pensaremos "¿inseguro yo ¡Qué dices! Tengo muy claro lo que quiero", pero sólo es un engaño. Los celos surgen cuando creemos que la otra persona puede encontrar a alguien mejor que uno mismo o cuando no logramos que nos presten toda la atención que queremos. Es decir, pensamos que no somos lo suficientemente válidos en comparación con otras personas que pueden ser más guapos, más atractivos, más interesantes, más simpáticos... y el error que cometemos es intentar forzar la atención del otro a través de la insistencia, el acoso y la mayor parte de las veces con reproches y pidiendo explicaciones  que llevan a un resultado nefasto.

Por otra parte, los celos son un indicativo de un carácter posesivo y, en la mayoría de los casos, controlador. Las personas no son posesiones ni tenemos ningún derecho sobre ellas al igual que nadie tiene derecho sobre nosotros. Somos libres de decidir dónde ir, con quién quedar y con quién queremos estar por lo que no tenemos ningún derecho en obligar a nadie a que vaya con nosotros, quiera quedar con nosotros o quiera estar con nosotros. Tampoco es sano  controlar al otro en lo que hace, lo que dice, dónde y con quién va...si no lo aceptas o no lo entiendes el problema es tuyo, no del otro, porque son los miedos los que afloran en esos momentos de ataque de celos, principalmente miedo al abandono y al rechazo aunque siempre hay otros detrás que les acompañan.

Todos hemos sentido celos alguna vez ¿cierto? Y no por eso somos  posesivos o controladores pero nos cuesta mucho controlar los celos. Mi amiga Estefanía está en una racha de celos que a veces roza lo exagerado. Ella se enamora fácilmente y ha conocido a un chico por el que se ha quedado prendida aunque sólo se han visto unas cuantas veces. Si no sabe de él, busca la excusa para hablarle, piensa que ya se ha buscado a otra y que no volverá a saber de él más, hasta que el susodicho da señales de vida y ella no tarda ni un segundo en estar pendiente de lo que dice. Y si ha conocido a otra ¿qué? ¿Acaso son pareja y se le puede recriminar algo? No, por eso, este tipo de celos no sólo son infundados sino que no tienen razón de ser porque no hay nada entre ellos. ¿Tener pareja justifica los celos? Ni mucho menos, lo que pasa es que cuando surgen con tu pareja pueden ser con  motivos o sin ellos. Cuando son celos con motivos, más que celos es intuición, es decir, notas algo raro que te enciende esa lucecita roja en la cabeza y empiezan a surgir las sospechas. Cambios continuados en sus horarios, fines de semana en los que le salen compromisos irrechazables a los que no puede llevarte... A no ser que registres su email, su móvil o su cuenta bancaria, nunca vas a saber si son ciertas tus sospechas así que para eso una alternativa útil es que tú también cambies el comportamiento: más salidas con las amigas, apuntarte a un curso, llegar más tarde a casa... Él, al igual que tú, se quedará intrigado por ese cambio tan repentino y puede que intente un acercamiento para mejorar la situación aunque si las sospechas son ciertas, ¿merece la pena solucionarlo? Quién lo hace una vez lo hará más veces así que, ojito y piensa muy bien qué es lo mejor para ti.

Estas mismas sospechas con tu pareja pueden surgir con los celos sin motivo ninguno y yo los he experimentado en mí misma. En este caso, a cualquier cosa que pueda decirnos le buscamos segundas intenciones y un "me voy a casa de mis padres" se convierte en un pensamiento como "claro, va a casa de sus padres porque no quiere quedar conmigo" o un "hoy tengo cena en casa de unos amigos" en tu cabeza es "¿amigos? ¿los conozco?¿de quién es la casa?¿cuántos van?¿solteros?¿van mujeres solteras?¿por qué me lo dice ahora y no antes? ¿será verdad?". Todas estas preguntas (y muchas más) van provocándote no sólo malestar sino que empiezas a enfadarte y a ponerte a la defensiva. Es decir, que si te llama no es que se note que estás de morros sino que además se te escapará algún reproche o lanzarás dardos envenenados con tus palabras. Con esta actitud consigues dos cosas: cabrearte sin necesidad y que la otra persona se distancie o te oculte ciertas cosas para evitar tus celos.

Como ya he dicho, hay personas que piensan que los celos son positivos e incluso hay algunos que consideran excitante que su pareja les de celos. En una ocasión, conocí a un chico a través de internet (gracias a Dios que no fue en persona) que me resultó muy particular. Lo primero de todo, es que aseguraba que quería algo serio, eso sí, siempre me hablaba de sexo y si me desviaba de la conversación él volvía a retomarla, ni que decir tiene que no le interesó preguntarme por mis gustos o aficiones para conocerme. Vamos, que eso de "quiero una relación" es un cuento chino y que lo dicen como cebo para que caiga alguna ilusa. La cuestión es que me contó que a él le gustaba que le dieran "Celos Extremos". ¿Extremos? Sí, me quedé algo perpleja y me explicó que le gustaba ver como su chica coquetea con otros hombres, que le miren el escote o que intenten ligar con ella, cuanto más descarado todo mejor. También le resultaba excitante que ella le contase los detalles de esos flirteos mientras practicaban el sexo. A mi ese tipo de cosas no me van y ante su pregunta de "¿cómo me darías celos extremos?" decidí cortar por lo sano y zanjar la conversación, si estaba de calentón, que él solito se busque las maneras de bajárselo.

Los celos, al fin y al cabo, se generan de las emociones y sentimientos, lo que hace que sea muy costoso controlarlos. Mi pequeña recomendación, es que antes de descontrolarte y decir o hacer algo que no debes, piensa en las posibles consecuencias y no eches la culpa siempre al otro, tú también cometes errores ¿no? y por supuesto, nunca tomes una decisión en caliente.


lunes, 2 de febrero de 2015

Amar para toda la vida

¿Fidelidad? ¿Amor para toda la vida? ¿Amor verdadero? Parece el guión de una película romántica o de un cuento de hadas, o ambas cosas, como ocurría en la famosa película "La princesa prometida", donde promueven la idea de que el amor lo puede todo y que existe ese amor sincero para toda la vida. Pero este sueño ¿puede ser real? ¿puede llegar a cumplirse? No es por ser pesimista pero en la época en la que vivimos actualmente lo veo muy complicado, demasiado diría yo. Y sin embargo, es lo que todos buscamos, encontrar a esa persona ideal con la que compartir nuestros días, nuestras noches y nuestro futuro por siempre.

Nuestro gran problema: el egoísmo. Sí, admitámoslo, todos queremos mantener nuestra vida, nuestra independencia, que nadie se entrometa en nuestras decisiones. Nos cuesta hacer algo por otros y no queremos cambiar, es más, nos negamos a cambiar, a adaptarnos, porque nos gusta nuestra forma de vida tal como está. Ahora el amor se hace más difícil porque ninguno quiere ceder, en lugar de buscar la manera de que las cosas mejoren o de trabajar en equipo, cada uno tira hacia su lado y ninguno quiere ceder porque tenemos la idea de que "si tu ganas, yo pierdo". Lo malo es que la cuerda acaba tensándose tanto que acaba rompiéndose por algún lado y todos pierden.  ¿Quién no ha tenido una experiencia similar? Sin ir más lejos, yo misma, resistencia a adaptarse por su parte y cansancio de esperar por la mía. Quizás fuese el miedo al compromiso que tanto abunda en los hombres del siglo XXI, dificultad para adaptarse llegada una cierta edad de madurez o simplemente el concepto "compartir" se viera como antagónico de "independiente". Y pasó lo que tenía que pasar, tiré la toalla aunque ambos queríamos estar juntos. Ridículo ¿verdad? Pues esto es más típico de lo que parece, porque, aunque las circunstancias hacen mucho, somos nosotros mismos los que ponemos nuestras propias trabas.

Cuando se habla de Amor es inevitable hablar de Fidelidad, ¿es posible? Vuelvo a ser pesimista aunque no me gusta serlo: hoy en día la fidelidad es un valor prácticamente inexistente. La infidelidad siempre ha existido, incluso en épocas pasadas: hombres que buscaban el calor de otras mujeres cuando sus mujeres quedaban en cinta (o bien para evitar que esto ocurriera), mujeres insatisfechas y faltas de cariño. Eso no ha cambiado nada porque la verdadera razón para ser infiel reside en dos aspectos: Monotonía y el Conformismo. Cuando en una relación comienza la apatía, el aburrimiento, ambos integrantes se distancian tanto entre sí que llegan a convertirse casi en extraños, sólo alguien con quien compartir la cama para dormir pero se convierte en un trato más de compañeros de piso que de amantes. Pero nos conformamos con lo que tenemos y aceptamos que las cosas tienen que ser así, nos engañamos pensando que el amor evoluciona así, que eso es el matrimonio/relación, que hay que aparentar por la unión familiar...y muchas más excusas que nos decimos a nosotros mismos implemente por no salir de nuestro conformismo. Pero ¿eres feliz en una relación que no te llena? Seguramente no, y cuando eso ocurre, tienes todas las papeletas de ser infiel ¿por qué? Porque lo que tienes en casa ya no cumple tus expectativas y puede aparecer un tercero que sí las cumpla, momento en el que empiezan las dudas y el peligro. En la actualidad, el peligro de infidelidad es mayor debido a la tecnología: redes sociales, webs para solteros, webs que fomentan las relaciones extramaritales, webs para ligar, moviles, skype...

Y es que ahora aguantamos mucho menos. Hombres y mujeres nos hemos vuelto muy exigentes debido a las experiencias pasadas y por eso somos tan reticentes a ceder. Nosotras, que ya no nos casamos con el primer novio que tenemos, queremos que la otra persona no sólo colabore en las tareas del hogar sino que sea parte activa en todos los sentidos porque no se trata de hacer la compra, sino también de hacer la comida, no se trata de jugar dos horas con los críos, sino de llevarles al colegio, vestirles, acostarles, educarles. Ellos, que ya pueden estar independizados sin tener que casarse, no aguantan los reproches, las escenas melodramáticas ni que les pongan entre la espada y la pared, porque para eso prefieren estar solos sin que nadie les haga sentirse culpables cada dos por tres.

El sexo fácil también influye en este tipo de cosas, no sólo el sexo físico sino la posibilidad de encontrarlo. Ya no es sorprendente ver unos pechos desnudos ni a un hombre totalmente destapado por la web, es más, podemos encontrar artículos sobre sexo, consejos para mejorar (muchas veces basados en la propia experiencia y no desde un punto de vista del sexólogo profesional), imágenes y videos eróticos, compra on line de productos eróticos... La tecnología nos ha permitido mayor acceso a esta información, pero sólo hace falta echar un vistazo a la calle para darnos cuenta cómo ha cambiado la sociedad debido a la moda. No sólo son las adolescentes las que van enseñando más de la cuenta, mujeres adultas con escotes prominentes acaban proporcionando sexo a cambio de un poco de cariño y luego se quejan de que sólo las ven como trozos de carne. Una cosa es utilizar ciertas armas de seducción, otra cosa es que a la primera cita acabes con las piernas abiertas, que si eso es lo que buscas y lo tienes claro, estupendo, pero querer empezar una relación desde el sexo a la larga no va a funcionar. Y puesto que tanto para hombres como para mujeres el sexo llega a ser fácil, pierde novedad y el interés, es más, hay hombres que en este tema están apáticos. Eso sí, si encuentran algo que despierte su interés y les haga salir de la monotonía, no dudarán en buscarlo, más aún si es algo prohibido.


Divorcios express, rupturas después del verano, parejas que se pasan mirando el móvil mientras están juntos... el panorama la verdad es que no resulta muy alentador ¿verdad? Y sin embargo, en lo más dentro de nosotros deseamos, buscamos y anhelamos ese sueño del que tanto nos han hablado pero hay que recordar que "los sueños, sueños son".

domingo, 11 de enero de 2015

Vínculos emocionales y Dependencia emocional

Somos emocionales por naturaleza, y las mujeres más aún, principalmente porque nos han educado en expresar las emociones mientras que a los hombres les han inculcado el ocultarlas, así que, aunque ambos las tenemos, las expresamos de distintas maneras. Dentro de las emociones tenemos que hablar del apego o los vínculos emocionales. ¿Qué es el apego? Es ese lazo invisible que nos une sentimentalmente con familia, amigos o pareja. Esos vínculos no sólo son necesarios sino positivos aunque, a veces, nos dejamos llevar demasiado por ellos y no sólo nos perjudican sino que nos hacen caer en la impulsividad, los celos y, lo que es peor, en la dependencia.

En las relaciones hombre-mujer, hay personas que se vinculan emocionalmente más que otras. Tengo un amigo que quiere estar a buenas con todo el mundo y eso de quedar a malas con alguien o de dejar de hablarse no lo lleva nada bien. Y cuando se trata de mujeres se emociona demasiado pronto, las agasaja con desmesura y le acaban dejando en la estacada, bien porque le utilizan, bien porque le ven como “amigo” y se quedan con otro. A mi amiga Arancha le pierden las emociones cuando conoce a un hombre, si el muchacho le hace algo de tilín y sabe conquistarla, ella empieza a sentir emociones cada vez más fuertes, se deja llevar y, evidentemente, acaba sufriendo. ¿Por qué? Porque cuando lo emocional se suelta de golpe asusta. Es como una bomba de relojería que estalla en tus manos y no sabes muy bien cómo reaccionar. A mí me ocurrió en una cita con un chico que acababa de conocer hacía poco. Él era algo tímido pero la velada fue agradable. Al día siguiente, me escribió un mensaje en el que casi se me declaraba. ¡Pero si aún no me conoce! Dicen que los flechazos existen pero yo no soy de esa opinión, sólo puedo asegurar que alguien que se declara rápido, rápido se va.

Como he dicho, las emociones nos juegan malas pasadas y cometemos errores de impulsividad y celos. A ver, si estás conociendo a alguien las cosas tienen que seguir su curso, dejar que fluyan los acontecimientos y no precipitarse, sobre todo para ver qué camino va tomando vuestra primera toma de contacto. Puede que al ver que el otro no reacciona queramos tomar la iniciativa y aunque tomar las riendas es bueno hay que ser cauteloso y saber cómo hacerlo. El problema es que si las cosas no salen como uno quiere, nos entran los ataques de nervios y de ansiedad, no pensamos y reaccionamos a la ligera. Esto nos hace decir cosas de las que nos arrepentimos más tarde o bien actuar de una manera poco apropiada ante esa situación. Y como no podemos obligar a que el otro tenga las mismas emociones que las nuestras, debemos respetar sus acciones (aunque esto nos moleste) porque seguramente haya un motivo detrás que desconocemos. Es decir, nada de montar escenitas ni reproches y aceptar que probablemente no seas la mujer u hombre de su vida porque ¿cómo nos sentiríamos si nos lo hacen a nosotros? La vida da muchas vueltas y puede que ese no sea vuestro momento, quién sabe si en otras circunstancias podría salir bien, así que, por si acaso, no lo estropees porque quizás haya un mañana y, si no lo hay, no pasa nada.

El mayor error que cometemos es la dependencia emocional. Necesitamos que el otro nos diga lo bien que estamos, lo guapas que somos y que nos dé un cariño que nos falta para rellenar un vacío bien en nuestras vidas o bien en nuestros corazones. Alto ahí, ¡ALTO! ¿Qué alguien nos diga lo que somos? ¿Algo que nos falta? ¿Vacío? ¡Por favor! ¡Así estamos buscando a alguien que controle nuestra vida! Nadie tiene que decirnos lo que somos, eso tenemos que saberlo nosotros y creer en nosotros, porque si esa persona te dice que eres fea ¿te lo crees? Si te dice que no vales nada ¿te lo crees? Si no te sientes a gusto contigo mismo da igual que alguien te diga que vales mucho, nunca te lo vas a creer y eso te da todas las papeletas para depender de alguien emocionalmente. Tampoco es bueno buscar el amor para evitar la soledad o para sentirnos queridos. Hay personas que al no valorarse no se sienten merecedoras de cariño pero ansían a alguien que les haga sentirse queridos y suele ocurrir que dan con personas con caracteres más fuertes y dominantes que les exprimen, les anulan y por desgracia, pueden llegar al maltrato físico y psicológico. Y, por supuesto, el amor no consiste en tapar huecos porque no todo vale y tienes que saber qué quieres. Por tanto, lo primero de todo es quererte, valorarte y respetarte y lo segundo, ser tú quien lleve el control de tu vida.

Otra característica del “dependiente emocional” es que siempre está. Es decir, siempre está cuando el otro le reclama, acepta sus condiciones y llega un momento en el que no se sabe parar. Una situación muy típica es que el otro haga lo que quiera (que está en su derecho), que desaparezca de nuestras vidas y vuelva a aparecer, que nos ignore, que nos utilice… y un largo etcétera que nosotros nos vemos obligados a aceptar. Ojo, no somos nosotros los que hemos tomado la decisión de hacer lo que queramos, desaparecer/aparecer… es el otro quien lo hace porque hemos dejado que él controle la situación en todo momento. Ahora bien, como todos somos adultos y somos conscientes de que cada acto tiene unas consecuencias, ya sean positivas o negativas, cuando nos vuelva a reclamar se demostrará lo que estamos dispuestos o no a aguantar. Un ejemplo sencillo, si a un perrillo pequeño no le enseñas que no tiene que hacer sus necesidades en tus zapatos, siempre lo hará y no será culpa del perro sino tuya por no educarle. Pues bien, si en el momento en el que te reclaman aceptas sin más, no estás respetando tus propias emociones (seguramente estás dolida), actúas en contra de tus verdaderos pensamientos (en realidad sabes que no se merece que le hagas caso o le veas), dejas que te “pise” sin y demuestras que, haga lo que haga, siempre estarás para cuando él necesite y, por tanto, estás dando pie a que la situación se vuelva a repetir. Resumiendo, la culpa será tuya por no haberte dado a respetar desde el primer momento. Por tanto, si quieres evitar estas situaciones, aprende a decir “NO”: “No puedo”, “ahora mismo no me viene bien”, “me va a resultar imposible”, “ya te avisaré cuando esté libre”, “ya te llamo yo y quedamos”, “ya tengo planes”. Vamos, es demostrar que sigues con tu vida, participe o no en ella, que también tienes cosas importantes que hacer y gente con la que quedar y que no estás disponible sólo cuando él lo desee sino cuando ambos os pongáis de acuerdo.


En las emociones también ocurre algo peculiar, conectar con alguien tanto que, pase el tiempo que pase, cuesta deshacer ese vínculo, incluso aunque lo intenten ellos mismos o terceras personas. Hablo no sólo de parejas, sino de otras personas que nos han marcado en nuestras vidas (pueden ser amigos o incluso familiares) y que forman o han formado parte de nuestro entorno. Hace no mucho estaba en una fiesta con amigos y me acordé de alguien especial para mí que me hubiera gustado que estuviese allí. ¿Os ha pasado? Imagino que sí. Es ese deseo de compartir esos buenos momentos con alguien que te importa: un concierto, un viaje, una película muy buena. Estar ligado emocionalmente a alguien, pensando en que sea recíproco, nos hace ser nosotros mismos y sentimos al máximo. El inconveniente es que somos un libro abierto y, por tanto, más vulnerables, las cosas buenas las magnificamos y las cosas malas nos afectan con más intensidad. ¿Podemos controlar las emociones? No. ¿Podemos controlar nuestro comportamiento? Sí. ¿Podemos aprender a no depender emocionalmente de otro? Sí. Sólo necesitas una cosa: Confiar en ti.

sábado, 20 de septiembre de 2014

Cambiando el chip

No sé cuándo ni por qué, pero he cambiado el chip con el tema de los hombres, ¿les pasará a todas las mujeres o sólo a mi? Yo creo que nos pasa a todas, pero para eso, tenemos que haber pasado malos ratos con este tema y, sobre todo, haber hecho un examen de conciencia para saber qué es lo que no nos conviene.

En la adolescencia empezamos a sentir emociones y sentimientos hasta ese momento desconocidos. Nos gusta un chico y nos llama la atención por diferentes cosas, puede ser el callado de la clase que se sienta en la última fila, el que va con los pantalones caídos, el guaperas o el listo de la clase. Valoras cosas en el sexo opuesto que van a marcar tu selección de parejas en el futuro y así se entiende porque siempre acabas saliendo con el mismo tipo de hombre, algo que no tiene nada que ver con la cuestión física sino más bien de personalidad. ¿Qué me pasó a mi? Pues que me fijaba en los imposibles y pensaba que dando el 100 por 100 desde el primer momento era lo mejor para que se quedasen. Así que me acababan atrayendo hombres con vidas complicadas o que no lo ponían fácil para mantener una relación sana. Y esto, amigas, es un ¡gran error! ¡La de chascos que me he llevado por no darme cuenta antes!

Os preguntaréis que en qué ha cambiado mi forma de pensar... pues que ahora me fijo en hombres totalmente distintos a los que antes me fijaba, hombres que en aquel momento no tenían ese "algo" que me atraía. Pensaréis que es el topicazo, la frase de "me gustan cariñosos, románticos, simpáticos...", pero no, me refiero a los detalles, esas pequeñas cosas que se perciben y que te demuestran que interesas al otro, que le motivas y que siempre está ahí. No vamos a ser cínicos y pensar que el físico no importa, evidentemente la imagen es lo primero que vemos, tiene que haber algo que nos impacte y no a todos nos gustan las mismas cosas (¡por suerte!). A unos serán los ojos, a otros el pelo, a unos les gustarán con curvas, a otros delgadas. Tengo amigas que les gustan con tripita y a otras les motivan los calvitos o incluso con pelo en el pecho, en la variedad está el gusto. Pasado este primer "flechazo" viene lo importante, conocer al otro, y justo es aquí donde nos equivocamos. Nos equivocamos porque ofrecemos sexo a cambio de cariño, nos equivocamos porque primero damos preferencia al sexo y luego a conocer al otro y el gran error que cometemos es dejar de ser nosotros mismos. En lugar de buscar a alguien que te complemente y con quien aumentar la felicidad, buscamos la idea idílica de "la pareja perfecta" y nos obsesionamos en el hecho de querer tener pareja porque es lo que tiene que ser y, sobre todo, por miedo a quedarnos solos. En las mujeres es muy común el tener como meta casarse y tener hijos, es el fin último al que toda mujer debe llegar porque si no parece que vas a ser la típica solterona amargada. ¡Ay! ¡Cuánto daño han hecho los cuentos de hadas y las películas de Walt Disney! Qué nos vendían un "y fueron felices y comieron perdices" pero no contaban lo demás.

Y... ¿cómo se cambia el chip? Con el tiempo. Las experiencias te van marcando y modelando y ayudan a aprender de los errores, bueno, a veces necesitamos cometerlos muchas veces para aprender de ellos, ¿por qué nos gustará tanto reiterar en lo mismo si sabemos que es malo? En fin, que lo vivido te hace ir cambiando la forma de ver las cosas. Pero lo más importante es aprender a conocerse a uno mismo, que tontería ¿eh? Creemos que nos conocemos pero nos equivocamos, ¿por qué decimos que nunca más estaremos con un hombre de tal forma y acabamos con uno igual o peor? En definitiva, hay que hacer un autoanálisis en el que poner en claro qué buscas en una pareja, qué aspectos buscas en un hombre y cuáles no te gustan, valores importantes para ti... y todo ello compararlo con los hombres de tu pasado y, si tienes uno en el presente, ir indicando aquellas cosas que te aporta esa persona y si coinciden con lo que para ti es importante para tener una buena relación de pareja.

Pues sí, gracias a un libro que leí sobre este tema (Hombres Tóxicos. Autora:  Lillan Grass) que, por cierto, recomiendo encarecidamente su lectura (también había que escribir sobre Mujeres Tóxicas, que las hay), me puse con papel y bolígrafo a analizarme y ver esos puntos flacos que me hacían fallar una y otra vez. Y ¡oh, sorpresa! lo vi con una claridad que asustaba, tantos años quejándome de que si este chico es tal o cual o guardando rencor a un ex por no sé qué y...¡resulta que era yo la que tenía el problema! Y sí, era yo porque era incoherente conmigo misma, decía que me importaban unas cosas pero luego ¡buscaba otras! Y eso me llevaba a no estar satisfecha, exigir más y, evidentemente, no sentirme feliz. Vamos, que me empeñaba en no ser feliz y ¡la felicidad estaba en mis manos! Sí, nos empeñamos en no ver la realidad, la pintamos y nos hacemos los ciegos porque sabemos que no nos va a gustar. Un chico es celoso desde el primer momento que le conoces otra cosa es que no se quiera ver, para eso, simplemente es fijarse y huir antes de que sea tarde. Con los chicos buenos sucede lo mismo, hay un algo que les hace distintos y es con ellos con los que vamos de duras o bien les colocamos en la Zona Amigos. A ver, si dices que quieres un chico romántico y que te escuche ¿por qué metes en el saco de amigos a un chico que justo tiene eso? ¿Acaso sólo los amigos pueden ser buenos, románticos y que sepan escuchar? ¿Somos tan cabezotas que pensamos que como no existe un hombre así, si descubrimos en un hombre esas características, le ignoramos porque creemos que no es de verdad? ¡Por favor! Hay que abrir los ojos y aprender a mirar.


Pero... esto no es infalible. No es un método que te vaya a ayudar a encontrar el Santo Grial del Amor, no. Es algo que te va a servir para reflexionar, valorar, conocerte, aprender, rectificar y, finalmente, para cambiar el chip sobre los hombres. ¿Y si te vuelves a equivocar con alguien porque pensabas que era de una forma y no lo es? No pasa nada, te llevarás un poco de decepción pero seguro que irás mejorando en la selección que haces de hombres que encajen contigo. Paciencia y a intentarlo porque el Amor te está esperando.

domingo, 20 de enero de 2013

Las frases más temidas en el AMOR

El amor es… es… ¿Qué es el AMOR? Creo que el ser humano lleva preguntándose está cuestión desde hace mucho tiempo y no hay una única respuesta porque depende de la persona de quien te enamores y las circunstancias de ambos. Lo que si es cierto es que el AMOR tiene momentos muy bellos, increíbles y fascinantes que te llenan de vitalidad y la vida se te hace maravillosa. Pero todo tiene su lado oscuro y el Amor no lo es menos, así que, también hay dosis de miedo, dolor e incertidumbre. Mucho se ha hablado del lenguaje del Amor, de los gestos y posturas, de los besos… pero nadie dice nada sobre las frases más temidas en una relación. Sí, son esas frases que en cuanto las escuchas te dan un vuelco el corazón, te paralizas y necesitas unos minutos para poder reaccionar o si eres tú quien las pronuncias estás con el alma en vilo esperando la reacción o la respuesta de la otra persona.
 
“Me gustas”: Parece un poco infantil o adolescente pero los adultos también usamos estas palabras cuando queremos hacer saber al otro que estamos empezando a sentir algo, aunque en su caso también decimos “me encantas”. Da un poco de miedo porque es la frase que marca los límites, la que delimita si surge o no algo. Si es recíproco da tranquilidad, el problema es cuando no lo es porque el que no siente lo mismo está recibiendo la señal de “peligro continuar por este camino” y se plantea la opción de escaquearse y poner barreras. Aunque hay quien aún así sigue con el tonteo sólo porque sabe que hay alguien a quien llama la atención.
 
“Te Quiero”: Pensareis que es una tontería que se pueda temer un “Te quiero”, ¡si lo deseamos y nos gusta que nos lo digan! Cierto es, pero… ¿Qué ocurre con el primer “Te quiero”? Ese es el que impone porque vuelve a marcar un ciclo importante en el que abiertamente se expresa lo que se siente en dos simples palabras. Escucharlo impacta y decirlo impone y en ambos casos los segundos antes de decirlo o escucharlo entras en un estado de parálisis corporal, no mueves ni un músculo y contienes la respiración, vamos, que ni pestañeas. Al decirlo estás a la expectativa de la reacción del otro. Has buscado un momento íntimo en el que ambos estéis a gusto y tienes la necesidad de expresar lo que sientes pero no te atreves. “¿Lo digo o no lo digo?” piensas, hasta que decides arriesgarte, te armas de valor, coges aire y… lo sueltas con la sensación de que estás tirando una bomba. Cuando lo escuchas, te quedas sin palabras y no sabes muy bien cómo responder, principalmente porque no te lo esperas. Lógicamente, lo más apropiado sería “Yo también te quiero” pero cuesta abrirse tanto o incluso a veces dudamos de las palabras del otro pues podemos pensar que lo dice por complacer y no porque sea sincero.

“Tenemos que hablar”: En el momento en el que oyes esto ya te pones alerta y a la defensiva, como un boxeador que se cubre el rostro esperando el golpe de su contrincante porque estas palabras nunca traen nada bueno. Mi amigo Roberto se quedo helado cuando escuchó esta frase en la boca de la que ya era su ex, la siguiente frase le dejó más congelado aún… “Estoy embarazada”. O mi amiga Charo que después de esa frase escuchó… “tenemos que dejarlo… he conocido a otra persona”. Pero más impactada se quedó la hija de mi vecina cuando su prometido le dijo que “no me caso” a un día de la boda, con el banquete y el viaje de novios pagados. ¿Y por qué sabemos que el “Tenemos que hablar” no trae nada bueno? Pues porque si fuera bueno no empezaríamos con evasivas sino que lo soltaríamos sin más. Para darte una sorpresa, tu pareja te diría “Tengo una sorpresa para ti, cierra los ojos…” y cuando los abres te encuentras dos billetes de avión a ¡Roma! O a tus padres les anuncias que te casas con un “Papá, Mamá... ¡nos casamos!” y a tus amigos se lo dices con un increíble “¡Me caso!” y todo ello acompañado de una sonrisa de oreja a oreja y llena de emoción. Por eso sabemos que un “Tenemos que hablar” es malo, porque no va acompañado de gestos alegres, más bien todo lo contrario.
 
“Tengo algo que contarte” o “¿Puedo preguntarte una cosa?”: Algo similar pasa con estas frases que suelen acompañarse de un “pero no te enfades”. No llevan consigo nada bueno puesto que un acontecimiento alegre se cuenta por sí solo mientras que para hablar de un suceso negativo, se aplican este tipo de frases que intentan suavizar el contenido, vamos, hacen de analgésico para que el golpe sea menos duro o, al menos, más llevadero.
 
 
“Tenemos que dejarlo”: Es la típica frase que se suelta después del “Tenemos que hablar”, o al menos es la que más probabilidades tiene. Realmente no te la esperas y te cae como un jarro de agua fría, es como si te arrancasen el corazón de cuajo y lo hicieran pedazos en un momento, acompañando todo el drama con unas lágrimas que ni un solo pañuelo puede recoger. Cuando te toca a ti decir esas duras palabras, te encuentras en una encrucijada, te encuentras entre la espada y la pared porque guardas cariño a la persona que quieres dejar pero ya no sientes lo mismo que antes o ves que la cosa no funciona pero no sabes cómo decirlo sin hacer daño. Para el que lo suelta es quitarse un peso de encima, una carga tan grande que es como “¡uff… por fin lo he dicho!”, para el que lo escucha es un “¿Cómo? Pero… ¿Por qué?”
 
“Vamos a darnos un tiempo” y “Creo que deberíamos conocer a otras personas”: Es similar a la anterior con una peculiaridad, en este caso dejas la puerta abierta “por si acaso”, en la anterior la cierras totalmente. Pero a ver ¿cómo que un tiempo? ¿Acaso somos Kit-Kats… un paréntesis en tu vida y luego seguir? Y por otra parte… ¿Vamos a ser los segundos platos? No hombre no, además, que darse un tiempo y conocer otras personas es como si dices “Mira, no me gustas y me estoy aburriendo contigo, así que, voy a divertirme a lo grande y si me aburro pues hablamos”.
 
“Ya no siento lo mismo” o “Ya no es lo mismo”: Duele escuchar está frase porque es la versión suave de un “Ya no te quiero”. Te quitan o quitas el lado romántico e idílico de la relación y no queda nada, sólo cenizas. Si eres victima de estas palabras, te queda una sensación agridulce y tienes la impresión de que han jugado con tus sentimientos. Si eres el verdugo, intentas dejar claro que la relación no tiene sentido y no hay nada que hacer para cambiar tus sentimientos.
 
“Te quiero… pero como amigo/a”: Es lo peor que te puede pasar, que te coloquen en el rango de “Sólo amigos”. ¿Sólo amigos? No, no... A ver, que yo ya tengo amigos… no, así no vale, o sí o no pero medias tintas nada.  Cuando te lo dicen te quedas con una cara de tonto, cuando lo dices pones limitaciones para que las cosas no se confundan o no vayan a más. Todos hemos estado en uno y en otro lado, en uno te  desilusionas en el otro dejas de sentirte agobiado.
 
“Hoy viene mi madre”: Es decir… tu suegra y no te hace ni pizca de gracia porque ya sabes que va a inspeccionar la casa o hará algún comentario que te obligue a morderte la lengua si no quieres liarla. Si es tu madre al que no le hará gracia es a tu pareja porque él también tendrá que mantener la compostura en lugar de estar repanchingado en el sofá.
 
Estás y muchas otras frases son temidas y odiadas en el amor porque adelantan acontecimientos catastróficos o  por lo menos no deseados.  No importa que se digan durante la cena, en la cama o entre medias de conversaciones normales, el caso es que son puñaladas por la espalda que no se esperan y que dejan una herida abierta en algunos casos y un resquemor o leve malestar en otros.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

A medias y sin SEXO!!!

Pero… ¿qué está pasando? Creo que me he perdido algo de la película porque no me cuadran las cosas. ¡A los hombres no les interesa el Sexo! No, que nadie se ría ni se tome esta afirmación a la ligera porque de un tiempo a esta parte esto es tan cierto como que la Tierra es redonda. Supongo que los Hombres me mirarán con cara rara pensando que estoy loca y dirán “pero esta chica de qué va si para nosotros el sexo es algo muy importante y siempre estamos activos y pensando en ello”. Pues no, os equivocáis de largo porque los Hombres están perdiendo fuelle y cada vez más se quedan a medio gas o inapetentes.
 
Hay que decir que en este tema la Mujer ha cambiado mucho. Antes, el sexo era algo más exclusivo para hombres, tenían todo el poder y control sobre cómo, cuándo, dónde, por qué y con quién mantener relaciones sexuales. Para ellos era Placer, para nosotras Reproducción. Así mismo, un hombre que se acostaba con muchas mujeres era un triunfador mientras que una mujer que se acostaba con muchos hombres era una golfa. La mujer tenía un rol muy específico y todo lo que se saliera de ese estándar era visto de forma negativa por la sociedad e incluso por otras mujeres. Poco a poco la mujer se ha ido liberando y en el sexo también. Aún hay quienes opinan que la mujer con mucha experiencia sexual es una degenerada, sin embargo, en la actualidad las mujeres ya han adquirido un nuevo papel en el sexo y ellas también deciden sobre el cómo, cuándo, dónde, por qué y, sobre todo, con quién.
 
Ante esta nueva situación, nosotras somos parte activa y a veces nos encontramos que es nuestro compañero de cama el que falla, le falta energías o, simplemente, está pasivo. Nosotras hemos pasado de poner la excusa de “me duele la cabeza” a “prepárate que llevo lencería sexy” y ellos del “Vas a saber lo que es un hombre de verdad” a “mejor lo dejamos… me duele la cabeza”. ¿Cómo? Sí, si, como lo lees, se están volviendo perezosos. Quedas a tomar un café con ese hombre que tanto te gusta, de hecho, te pone tonta en cuanto piensas en él y le deseas al completo: su sonrisa, sus manos, su pelo, su cuerpo… La conversación va estupendamente y te encuentras tan a gusto que sientes que estás en una nube cuando te dice que subas a su casa. Pero la nube se rompe y caes de ese maravilloso sueño cuando subes a su casa sólo para sacar a su perro Sansón. Intentas pensar que al volver del paseo será cuando te tiré apasionadamente al sofá y acabéis con la ropa por el suelo, pero no, otra vez te encuentras con que en lugar de eso te dice que está cansado y que sólo tiene ganas de tirarse en el sofá y no hacer nada. Ahhh… muy bien, perfecto, te has puesto guapa, te encuentras sexy y sabes que atraes a los hombres pero él… ¡Ni se inmuta! Es más… ¡Demuestra que no le excitas! Y eso, señoras y caballeros, es una herida muy grande en el orgullo de una mujer y la autoestima cae por los suelos, más aún cuando vas recordando que durante ese café no te miró el escote ni las piernas, que no se fijó en tu trasero cuando te levantaste ni se dio cuenta de lo marcadas que estaban tus caderas con ese pantalón vaquero. Así que, no sólo te quedas con las ganas de tener sexo con él sino que piensas que se ha vuelto asexual… ¿Es eso posible? Pues al menos lo parece…
 
El cansancio no es la única excusa para no tener sexo, otra es la falta de ganas. ¿Falta de ganas? Efectivamente, así es aunque parezca increíble. Parece como si estuvieran pasando por una crisis existencial en la que después de haber tenido sexo de una forma fácil, después de tenerlo todo al alcance de la mano y haberlo practicado en exceso con diversas privilegiadas, caen en un estado de letargo en el que les resulta más placentero ver una temporada completa de su serie favorita a acostarse con una mujer y tener que hacer esfuerzos. Parece como si el sexo se hubiera convertido en algo insulso y monótono y les puede dar pereza quedar contigo si saben que tienen que cumplir después o si piensan que eso es lo que se espera de esa cita. También ocurre que la mujer ha sido relegada de las preferencias de un hombre, ya que ahora sus prioridades se ciñen a tres cosas: trabajo, él mismo y sus amigos… y por ese orden. Si trabajan mucho, su tiempo libre lo quieren dedicar a sus aficiones: correr, jugar al futbol, clases de pádel, senderismo o vaguear. También quieren dedicar el tiempo a sus amigos y si un  fin de semana quedan contigo, al siguiente tendrán ganas de ver a sus colegas y comentar la jugada de Ronaldo o Messi en el partido del día anterior.
 
Otra situación posible es que se queden a medio camino. Conoces a un chico que parece una maquina sexual, piensas que es todo pasión y vigorosidad y cuando te encuentras debajo de él, aprecias que aquello no está como debía estar. Bueno, vale, tendré paciencia… piensas, y pones un poco de tu parte pero ni con esas. Da lo mismo lo que intentes para estimularle, está más bien blanda y así es difícil que pueda entrar en ninguna parte. Hay que tener en cuenta que se pueden dar dos versiones: los que directamente no llegan a tener una erección completa, algo que deberían tener en cuenta como una posible disfunción, y los que la pierden en cuanto se ponen el preservativo. En este último caso son unos listillos porque es una vil excusa para convencerte de que lo hagáis sin protección, porque en ese momento tan caldeado hay veces que se pierde la razón y se hacen ciertas concesiones por culminar de una forma placentera. Error, es cierto que es más estimulante hacerlo tal cual, sin embargo en el mercado existen tantas clases de preservativos que es difícil no encontrar uno que sea ultra sensible e incluso ¡de tallas XXL! Además, todo eso está muy relacionado con la cabeza así que, lo realmente importante es el poder de la mente. Chicos, por favor, si leéis esto, haced caso de los consejos del maestro YODA de “La Guerra de las Galaxias” porque todo se mueve con la mente.
 
Una situación incómoda para una mujer es quedarse a medias. Mucha excitación puede provocar que terminen antes de que tú hayas empezado a disfrutar. En ese incómodo momento te preguntas “¿Ya está? ¿Esto ha sido todo?” y aunque algunos intentan solucionar el asunto mediante otras técnicas, otros se acomodan, se visten y se acabó la fiesta. Igual de embarazoso es que tu compañero sexual se duerma… ¡durante! Notas cómo su respiración es totalmente distinta y que sus músculos están totalmente relajados. No puedo olvidarme de los que no trabajan con empeño y dedicación para excitar a la mujer, saltándose los previos y consiguiendo como resultado que las partes íntimas de la mujer en lugar de estar húmedas como para que todo vaya con suavidad, parezcan un estropajo ¿Consecuencias? Molestias durante el coito y días después. Y por supuesto, los hay que se olvidan de la existencia de otras partes erógenas en la mujer, como puedan ser los pechos, el cuello o la espalda.
 
Este panorama no resulta nada alentador ¿verdad? ¿Realmente todos son así? Por supuesto que no. Igual que hay hombres sexualmente malos, muy malos y pésimos, también los hay buenos, muy buenos y excelentes, incluso un mismo hombre puede actuar de todas estas maneras dependiendo de las circunstancias: estrés, alcohol, cansancio… No obstante, esos impedimentos físicos y reales no sirven para justificar una mala actuación por falta de interés, atención o apatía. Hombres del mundo, por favor, haced caso a las reacciones de nuestro cuerpo, observar si nos gusta o si no, cuidad los pequeños detalles y, por supuesto, entusiasmo y dedicación, os lo agradeceremos y el beneficio será para los dos. ¿Probamos?

lunes, 15 de octubre de 2012

Qué parte del "NO" no entiendes

Sí, parece que al final es cierto eso de que nos falta comunicación, o eso o somos cortos de entendederas porque hay personas que les digas lo que les digas no te hacen caso, ¿será por qué tienen poca capacidad de atención o es que la tienen mermada? Pues con algunos hombres esto se eleva a la máxima potencia, no sé si es que no entienden lo que les dices o no quieren entenderlo pero hay algo que falla y ya no sé si la causa son ellos o yo.

El problema comienza cuando se toma como cierto el que la mujer cuando dice “No” realmente quiere decir “Si”. Vamos a ver, a mí en el colegio me enseñaron a distinguir entre las frases afirmativas de las negativas, las activas de las pasivas y las interrogativas de las exclamativas, entonces ¿qué parte no queda clara? De hecho en cualquier idioma sucede lo mismo entonces, por qué en el lenguaje del amor está norma nos la saltamos a la torera. No es lo mismo decir “No quiero verte” que “Quiero verte”, sin embargo, el “No quiero verte” los hombres lo interpretan de la siguiente manera: en realidad quiere verme pero me dice que no para hacerse de rogar y que insista un poco más porque acabará cediendo. Pues no, si te digo “No” es que “No”, por más que insistas y por más que me intentes convencer. Es más, también te puedes llegar a encontrar a los generosos, que insisten en acompañarte a casa de una forma casi desesperada o que te quieren invitar a un viaje y por más que intentas decirles que no puedes ellos se empeñan en hacerte cambiar de opinión. A ver, cielo, que no, que no me vas a acompañar a mi casa porque NO quiero, punto, y NO, no voy a ir de viaje contigo porque tengo que trabajar. Pues nada, que siguen con la cantinela y te ponen la cabeza como un bombo.

Esa constancia con la que insisten es lo que realmente más me saca de mis casillas, vamos, que al final cedes simplemente por pesados y para que te dejen tranquila. Pongo como ejemplo el caso de una amiga, su admirador no sólo la llama a todas horas sino que quiere verla a diario para hacer lo que él decida. La pobre muchacha no puede estar a su disposición todo lo que él desea y por más que le explica las cosas, él chico no cesa en su empeño, está “pico-pala”, “pico-pala”. ¿Qué hacer en estos casos? A veces estamos tan hartas que somos bordes, nos da pena pero el agobio es tal que sacamos lo peor de nosotras... aunque luego tenemos remordimientos de conciencia, no estamos seguras de haber actuado bien y nos arrepentimos tanto que intentamos solucionar las cosas, algo que a veces es peor porque en lugar de arreglarlo se estropea más y volvemos a estar como antes: agobiadas.


Sí, nosotras también nos agobiamos aunque parezca lo contrario. Se tiende a pensar que estamos ansiosas por tener pareja y casarnos pero, igual que los hombres, tenemos nuestros momentos de querer estar solas, con los amigos o simplemente con nosotras mismas. En mi caso personal, he tenido esa sensación más de una vez. Es como un arrinconamiento, una invasión de tu vida, de tu espacio vital. Ese momento en el que te encuentras observada, que estás a tu aire con tu gente y que no para de llamarte o de mandarte mensajes o si estáis en el mismo sitio no para de darte la paliza para tontear contigo y agarrarte. Lógicamente estas cosas suelen ocurrir cuando uno de los dos no siente lo mismo que el otro, en esta ocasión, fui yo la que no sentía lo mismo, no era mi momento y las circunstancias no acompañaban. El agobio llegó a su punto más álgido cuando me reprochó por qué yo prefería salir con mis amigas cuando con él lo pasaría mejor... ¿Cómo? Perdona, pero creo que soy yo la que elijo con quien me lo pasaré mejor o con quien quiero estar en un determinado momento ¿no? Se lo expliqué de buenas maneras porque mi intención no era hacerle daño pero no surtió efecto. Otra frase a la que tuve que recurrir fue la de “ahora mismo no puedo darte lo que tú quieres” (él quería que fueranos pareja y yo no). Su contestación me dejó sin palabras: que nos fuéramos conociendo, que con el tiempo las cosas serían distintas y que me esperaría. Ummm… vamos a ver… volvemos otra vez a la falta de comunicación o de comprensión. ¡Que NO! No quiero que me esperes, no quiero ser tu pareja, no quiero salir contigo, no quiero que me controles y mucho menos que me obligues a quererte. NO, NO, y NO. Y un NO es un NO.

Una sensación muy semejante es la de Vértigo. Suele darse cuando vas demasiado rápido con una persona y de repente te das cuenta de que estás al borde de un precipicio y la opción de tirarte a ciegas no es muy halagüeña. Un chico que conoces de hace un mes. Habéis quedado en varias ocasiones y la valoración ha sido muy buena, de hecho, se palpa en el ambiente la TSNR, es decir “Tensión Sexual No Resuelta”. Hasta que un día te invita a comer a su casa. Sí, si aceptas va a pasar lo que va a pasar porque es más que evidente, ambos lo deseáis y el lugar es propicio para ello. Te sorprende haciéndote la comida (una paella… ¡qué rica!) y poco a poco el sofá se convierte en el testigo indiscreto de vuestras fantasías. Estás a gusto con él y no puedes quejarte, hasta que suelta algo como “me encantaría estar así todo el fin de semana” o “que suerte he tenido de conocerte, eres mi ángel”. Justo en este momento es cuando tu cabeza hace un “PAUSE” y como si fuera una película tienes que volver a rebobinar. ¿Me ha dicho lo que creo que me ha dicho o sólo son imaginaciones mías? Y llega ese Vértigo, vértigo por no saber a qué atenerte, a no saber si creer sus palabras, a expresar y aceptar tus emociones, a perder el control, a dónde llevará todo esto… pero sobre todo, a lanzarte al abismo sin tener una certeza de que lo que vas a encontrar es algo seguro.

Parece que sólo son los enamorados los que no entienden nuestro lenguaje. No, nada más lejos de la realidad, también hay muchos listillos que se hacen los tontos. Es lo que yo llamo el Hombre Avispa, si te pica, te salen sarpullidos. Me refiero al típico hombre prepotente, orgulloso de sí mismo, creído y que no acepta un “No” por respuesta. Todo lo que hace tiene que ser como él quiere, porque quiere y cuando quiere, consigue todo lo que se propone y si no es así, se desvive hasta que lo logra, y una vez conseguido, pierde todo interés. Si te dejas convencer a la primera por este tipo de hombre lo único que vas a conseguir es que te vea como algo rápido… “pim-pam-pum-fuera”. Y tan fuera, porque en lo íntimo son egoístas y no suelen ser dedicados, sólo piensan en su satisfacción personal. Sin embargo, si te resistes les encanta, eres como un reto, deben de pensar algo así como: A mi ninguna chica me dice que No. Pues mira “bonito”, yo te digo que No, ¿algún problema? Sí, para ellos supone un gran problema, supongo que para su orgullo personal, así que, hacen todo lo que pueden para engatusarte. Cambian de técnica según el tipo de víctima, así, usan a su conveniencia el victimismo, el romanticismo, la supuesta amistad, el pasotismo… en definitiva, se adaptan al medio cual camaleones en una gran selva. Y cuanto más le ignores y cuanto más “Noes” le dices más ansias tiene de conseguirte… ¡hasta te reprocha que no le hagas caso! Para ti misma piensas “¿es tonto o no se entera?”, de hecho lo dudas porque aún sigue intentándolo y tu cara ya empieza a reflejar los signos de mala leche y tendrías ganas de decirle “A ver, tío, que NO, que no voy a quedar contigo, ni vamos a ir al cine, ni vamos a dormir juntos… Que me dejes tranquila ya y que te pires, te lo puedo decir más alto pero no más claro, ¿ok?”. Pero como esto no es apropiado para una señorita y queda demasiado brusco y borde, sonríes y aguantas carros, carretas y carretones con la esperanza de que encuentre a otra víctima y se olvide de ti.

La verdad no sé qué habría que hacer para poder entendernos. A lo mejor tendrían que enseñarnos a leer entre líneas cuando somos más pequeños… ¿entre líneas?… ¡Pero si un “No” está clarísimo! Tal vez deberíamos leer más, dicen que leyendo se adquiere más vocabulario y agilidad de comprensión lectora o puede que tengamos que dejar de ser tan egocéntricos y pensar un poquito en lo que quieren los demás y no sólo en lo que queremos nosotros mismos. Esperemos que algún día los hombres puedan darse cuenta de estás pequeñas diferencias, si no tendremos que solicitar una nueva reposición de Barrio Sésamo para que nuestro buen amigo Coco se las explique.

martes, 5 de enero de 2010

Desapariciones Misteriosas

Los adultos hemos dejado de creer en la magia, podemos disfrutar de un espectáculo de ilusionismo con admiración pero sabiendo que detrás de eso hay trucos y muchas horas de ensayo. Pero, lo crean o no, los magos existen. No se ponen miles de candados ni se encierran en cajas herméticamente cerradas, pero son grandes maestros en la prestidigitación

Son los Hombres-Magos, o más concretamente, los Hombres Houdini. Este tipo de hombre es una nueva especie que se esta propagando con gran rapidez. Su característica fundamental: desaparecen sin dejar rastro. Son agradables, de fácil trato, los hay mas tímidos o mas extrovertidos… Pero la tónica general es que con ellos no sólo estás cómoda, sino que pasas un buen rato.Una mujer siempre mide las palabras, por eso de los agobios, pero con ellos, hablar es fácil, aunque sean temas banales, no hay miedos y todo es más fluido. Los Houdini, tienen la habilidad de sorprenderte con cualquier cosa. Puede ser por su profesión, es masajista o bombero… ¡¡vaya!! Pero es que no es un masajista cualquiera, no, es masajista de Shiatsu, ¿Me va a mantener el equilibrio entre mi cuerpo y mi mente? Si maneja bien las manos, creo que me va a desequilibrar más…. Y si es de los que usa manguera, que por las noches venga a refrescarme…

También puede llamarte la atención por sus hobbys: “Soy monitor de esquí”-te dice- o “hago king boxing”… Esquí, montaña, nieve, bueno, yo es que… soy más de mar, pero si siempre esquía con tanto empeño como cuando enseña… decidido, que mañana mismo me compro el equipo completo. El otro, tendrá buen cuerpo pero enfadarse con él por quien hace la comida o quien limpia los platos, debe ser peligroso… vamos, que te lanza una patada al aire y destroza la mesa de madera que te regalo tu padre cuando te independizaste. Bueno, y sin que nos oiga nadie, en la cama debe ser un fiera, aunque… ya una no esta para muchos trotes ¿eh?, que luego los esfuerzos pasan factura: que si vuelta para acá, piernas arriba, que si la posición del dragón… y luego vienen las agujetas, dolores de cuello, de brazos…Uff, no se si me compensa.

En fin… que me pierdo… otro de los hechizos de los Hombres Houdinis es su gran caballerosidad. Te traen y te llevan en coche, conoces sitios agradables, suelen pagar ellos. Y claro, como te tratan como una reina, se te cae la baba por ellos y no puedes evitar pensar que esto no puede estar pasando, que es un sueño o “Es un tío estupendo, ¡Qué partidazo!” A ver, tampoco es que te emociones como para llevarles al altar, pero te sientes tan bien que te gustaría que no se pasasen las horas.

Como buenos magos, son expertos en el arte del ilusionismo. Te prometen llevarte a un restaurante estupendo, a la piscina de su chalet o a un viaje por París o cualquier otro rincón del mundo. Te hacen soñar y piensas en un hotel con sesiones y sesiones de masajes, (ummm… esas manos…), con un desayuno con champán, paseos a la orilla de alguna playa exótica o una cena con velas en un bonito restaurante de tu ciudad. Es tan emocionante que, ingenua de ti, te lo crees. Mas que creértelo, quieres creer que es cierto, así que, para el caso, es lo mismo. Y es después de todos estos encantamientos cuando hacen su conjuro final. Ni Harry Potter podría vencerles con sus Alohomora, Expeliermus o Wingardium Leviosa… que mira que ya es difícil. Ellos simplemente, dejan de existir, escapan ante tus ojos sin que tú te des cuenta. Notas que las conversaciones que teníais, ya no las tienes. Ese mensaje que te mando para quedar, no se ha vuelto a repetir después de dos semanas o no te contestó a una llamada que le hiciste. También puede ocurrir que la última vez que hablasteis tenia ganas de verte, pero ha pasado más de un mes y sin novedades.

Aquí ya ves que todo era un engaño, que de su chistera sacaba demasiadas cosas buenas para ser ciertas pero ¡si yo no le puse ninguna cadena con doble candado! Es más, seguramente, muchas de nosotras ni siquiera habíamos pensado en relaciones ni quedar continuamente. Era una persona que te caía bien y con la que había buen filling. Pero… se esfumó. En ese momento te planteas si gustas al sexo opuesto. No soy espectacular, ni tengo tipazo de modelo y no soy tan voluminosa como Pamela Anderson, pero no estoy mal ¿no? ¿O si? Entonces, si no soy un coco... ¡es porque soy antipática! No, No puede ser, ¡si soy muy sociable! Todo ello te lo dices a ti misma para intentar dar una explicación coherente a lo ocurrido, aunque sigues sin llegar a entenderlo.

Se suele decir que los hombres… prometen hasta que…hasta que… consiguen su objetivo... y… que se acabó lo prometido. Y ¿qué pasa cuando ni siquiera has llegado a ese punto? Vamos, que era un tío que me gustaba, tenia buena conversación y ¿no pudimos tener una noche loca de sexo? Al menos déjame buen recuerdo antes de desaparecer. Dudas y mas dudas te invaden, no ya porque te importe, sino por saber qué haces mal, qué tienes que todos escapan. Incluso pecas en enviarle un último mensaje o le llamas pasado un tiempo para volver a retomar el contacto, pero, como os podéis imaginar, no hay respuesta, y lo peor… la cara de entupida que se te queda imaginando lo que pensará al ver que sigues insistiendo. Y, encima…le subirá el ego al creer que sigues coladita por sus huesos.

Así que, a partir de ahora, voy a empezar a dar clases de magia. Me compraré el “magia Borras”, libros de cartas, sobre escapismo y criaré conejos y palomas para meterlos en mi sombrero. Aunque, pensándolo bien, mi gato no se si aceptará nuevos inquilinos, mejor buscaré tiras de pañuelos de colores e intentare unirlos con una barita mágica. ¿Alguien sabe donde esta Howards? Quiero enviarle una carta al profesor Damberlorf, a ver si acepta mi matricula fuera de plazo y voy a intentar pedir una beca, porque mis padres no son magos y ahora que estoy en paro… mal está la cosa. ¿Y si llamo a David Copperfield? ¿Tendrá cobertura? ¿Por donde andará? ¿Tendrá diferencia horaria? Lo que está claro, es que ni trucos ni cadenas serán capaces de atrapar a esta especie que siempre busca la libertad. Cuando nuestro encanto personal sea suficiente para que vuelva a aparecer dentro de su chistera, seremos las hechiceras que tendrán la llave de su candado mágico.